
Techo Digno: “Me emociona ver a grandes llorar como niños al terminar su casa”
6 minutos de lectura'
La primera vez que Javier Viglione (49) viajó al interior para comenzar con su proyecto de ayudar a hacer sus propias viviendas a gente que lo necesitaba fue en el interior de la provincia de San Luis. El objetivo era construir una pequeña casa que reemplazaba la casilla de machimbre que se había incendiado. “Realmente fue tensión y vorágine, pero cada día veíamos tomar forma a esa pequeña casita que hacíamos con nuestras manos y la de la familia. Incluso, los niños llevaban baldes, traían y mojaban ladrillos, fue algo maravilloso. Al terminarla me emocioné al ver a un tipo gigante que lloraba como un niño que vino a darme un abrazo inolvidable y muy sincero. En ese instante comprendí que esa acción le había dado sentido a esos casi 20 días de trabajo y que su emoción era también orgullo y la paz que solo un techo te puede dar”, recuerda, a la distancia Javier.
Tomando como referencia el programa mexicano “Echale tus manos a tu casa” (una productora social de vivienda e infraestructura comunitaria comprometida a construir una mejor calidad de vida para las familias con las familias) a Javier, que es cordobés, pero que actualmente reparte su tiempo junto a su familia entre Salta, Buenos Aires y Rio Cuarto (Córdoba), se le ocurrió poner en práctica esta idea en la Argentina. Se trataba, nada más y nada menos, de que la gente auto-construyera sus casas a través del sistema modular de ladrillos comprimidos, ecológico, con enormes ventajas e impacto social, económico y ambiental.
¿Cuáles son las características de las construcciones?
De esa manera creó el emprendimiento “Techo Digno”, una respuesta puntal, concreta y posible a la problemática no solo del déficit habitacional de millones de familias argentinas, sino todo un esquema de economía circular que transforma pasivos en materia prima, realidades y vidas al reinsertarlas al circuito laboral y productivo, según él mismo explica.
“Es un sistema ancestral que usa recursos renovables, como el adobe, y tecnologías limpias que, por sus características de encastre, permite que cualquier persona pueda construir. Los ladrillos se producen con ocho partes de tierra, son prensados mecánica o hidráulicamente y fraguados en ambiente. Es, básicamente, utilizar la tierra del lugar, sin quemar ni desforestar, ni contaminar, reduciendo huella de carbono. La construcción es sostenible, limpia, ahorra costos y tiempos de obra hasta en un 60%. Estos ladrillos son sismos resistentes, acústicos y logran eficiencia energética. Y son bellos en su terminación lo que hace la diferencia en la construcción social”.

“Me di cuenta que ayudar sana”
Javier cuenta que arrancó con este proyecto a raíz de atravesar un cáncer que, entre otras cosas, lo invitó a reflexionar consigo mismo sobre qué tipo de vida quería tener. Y lo primero que pensó fue, sin dudas, que tenía que estar más conectado con el prójimo, especialmente con quienes se encontraban más postergados social y económicamente. “En lo personal, descubrí en el límite máximo de la desesperación de que debía curar mi interior, me di cuenta que ayudar sana, que podés hacer un trato cotidiano con el Creador, un día a la vez, y el objetivo y el sentido de ese día debe ser servir y amar al prójimo. En mi caso, cada día trabajo para lograr que muchas personas descubran el ´yo puedo´, empoderarlos para que desde ese lugar sean libres, generen su propio sustento y construyan su hogar”, se emociona.
Los objetivos, hoy en día, son compartidos entre Kairos (una empresa que produce ladrillos ecológicos y también construye para privados y para el plan ProCreaAr) y Techo Digno, que es el proyecto social.
“En el inicio hacía casi todo solo o con dos colaboradores. Ahora puedo viajar junto a mi compañera de vida, que también es soporte y parte esencial ya que se ocupa de la comunicación y de las relaciones institucionales. Sin ella y sin compañeros y socios como los que hoy acompañan y sustentan mis pasos esto sería imposible de realizar”.

Pertenencia, empoderamiento y transformación
Cada unidad productiva, cuenta Javier, está formada por gente que hizo los ladrillos primero para su casa y cada unidad constructiva la conforman personas que fueron capacitadas primero para ser albañil y luego para construir sus propias casas.
“La gente que hoy está desempleada, recibiendo ayuda de algún plan social, demanda trabajo, quiere ser quien genere su sustento. Quiere ser productiva, capacitarse, superarse y sentirse incluida social y económicamente. Y la vivienda es parte esencial de esa inclusión. El hacerlo ellos mismos genera la pertenecía, además del empoderamiento y de la transformación que vivencian”, dice.
A través de los contactos que tiene Javier con diferentes ONGs, grupos de trabajo social y municipios, Techo Digno ya ayudó a construir unas 120 viviendas en Santa Cruz, Chubut, La Pampa, San Luis, San Juan, Córdoba, Santiago del Estero, Salta, La Rioja, Catamarca y Buenos Aires. Además, el proyecto fue replicado en República Dominicana, Cuba, Brasil, Perú, Colombia, Bolivia, Chile y EE. UU.
“Viajar, recorrer y conocer tantos lugares de nuestro país es maravilloso. Lo que más moviliza es ver a los niños acompañando a sus padres en el proceso. Eso cambia el futuro y ellos entienden que el trabajo, el esfuerzo de sus padres está ahí, hecho paredes y techo. Y es su hogar”.

“Mostramos que se puede”
Javier cuenta que la relación con la gente que va conociendo en los viajes es personal y mágica y que en ese ida y vuelta se produce un aprendizaje mutuo. “Ellos aprenden a hacer ladrillos y a construir y yo me nutro de la humildad, de sus sueños, de su valentía, de su decisión de querer y de animarse a enfrentar lo que hasta ayer creían su destino”.
Cada vez que se termina de construir una obra Javier siente la hermosa sensación de haber cumplido con otra misión y se emociona al saber que ese nuevo hogar va a albergar días llenos de esperanzas e ilusiones. “Hoy brilla todo en una casita, quizás, pequeña, pero esos ladrillos hermosos y su techo de tejas recicladas permiten a los niños mostrar su vivienda a sus amigos, a los padres sentir el calor de su techo propio y su trabajo en cada pared y esa sensación de seguridad y calor que cambia sus vidas. Y en ese momento también siento que vale la pena hacerlo en otro lugar, cada vez más quisiera expandir y replicar esto hasta el último rincón del país. Y sé y mostramos que se puede”.






