
Ted Turner Ganancia de pescador
La REVISTA habló con el creador de la CNN en su estancia de la Patagonia. Aquí, sus palabras, polémicas y sin anestesia
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“Me van a disculpar, pero en este momento no les puedo dar la mano.” La voz enérgica de Ted Turner irrumpe en la inmensidad patagónica y subsiste, como suspendida en el frío manto de aire seco, antes de que el sosiego se apodere nuevamente de la tarde. Sus palabras, que dispara desde el presuroso río Traful, ponen de manifiesto esa entonación conocida como southern draw, o arrastre sureño, que luego se irá aceitando con una verba locuaz y controvertidas opiniones. Al apuntar, por ejemplo, que “los argentinos no se caracterizan precisamente por ser los trabajadores más tenaces del mundo”. Y, sólo entonces, quedará en claro por qué este hombre de 63 años, nacido en Cincinnati, Ohio, se ha ganado uno de sus apodos más difundidos: The big m del Sur).
Por estos pagos, cualquier baquiano definiría la dicción de Robert Edward Ted Turner III de un modo más simple y directo; diría, llanamente, que “ese tipo habla como un cowboy”.
Elegido Hombre del Año por la revista Time, en 1991, por haber convertido a televidentes de más de 150 países en testigos instantáneos de la historia, el fundador de la CNN insistirá en el mismo punto al referirse a la crisis argentina: “Siempre han tenido todo demasiado fácil; por eso, ahora que las cosas se les han puesto bien difíciles, van a tener que trabajar más duro. Esa es la única salida que tienen. Y ustedes lo saben mejor que nadie”.
Turner no necesariamente hace referencia al coraje y al esmero por haber ganado, a bordo de su insinuante Couragious (Corajudo), la competencia náutica más prestigiosa del mundo: la American Cup, en 1977. Sino porque, con los pies sobre la tierra, este Captain Outrageous (Capitán Desatinado), como también lo han bautizado, supo timonear desde las ruinas a una familia que se quedaba sin cabeza.
Allá, a principios de los años 70, cuando su padre, demolido por una quiebra financiera, se suicidó de un balazo en una plantación de Carolina del Sur.
El joven Turner, con apenas 24 años, no dudaría en arriesgar hasta sus últimos centavos con el fin de rescatar, en peliaguda subasta, la malograda agencia de carteles publicitarios de su padre. En verdad, la osadía no apuntaba tanto a recuperar la empresa cuanto la honra de su difunto progenitor.
Desde entonces, y seguramente mucho más allá de lo soñado por los Turner, el modesto renombre de aquel apellido de seis letras comenzaría un proceso de expansión irreversible. Tras la adquisición de una señal televisiva local en UHF, en Atlanta, que se transformaba al poco tiempo en la cadena nacional TBS (Turner Broadcasting System), diez años más tarde, en 1980, el Terrible Ted anunciaba el lanzamiento de la revolucionaria CNN (Cable News Network).
Y a contramano de los malos augurios que profetizaban su fracaso, Turner prometió: "Seguiremos en el aire, sin interrupciones, hasta el fin del mundo. Y cuando llegue ese día, transmitiremos el Apocalipsis en directo, escucharemos algún himno sacro y cerraremos el negocio". Meses atrás, la CNN confesó haber preparado un video especial, en caso de que llegue ese día tan aciago.
“No puedo saludarlos ahora”, repite Turner desde el río, con su mirada fija en una línea dibujada por la tanza.
Efectivamente, en ese preciso instante no puede darse el lujo de ofrecer su diestra de nudillos afilados. Con ella está empuñando su maleable caña de pescar. Y por la forma en que la aprieta, con firmeza y decisión, uno recuerda que es así precisamente cómo este hombre que se parece a Clark Gable y habla como Huey Long –famoso político sureño del siglo XX– ha encarado una vida henchida de negocios y aventuras.
La zurda, en tanto, esgrime el delicado reel con sutileza; y los movimientos que realiza son tan exquisitos que terminan contrastando con la reciedumbre de la otra mano.
Al venderle la mayoría de la CNN y el resto de su imperio a la Time Warner, otro gigante de las comunicaciones y del entretenimiento, Turner quedó como vicepresidente de la nueva organización. “Bueno –satirizó–, alguna vez tenía que ser segundo en algo.” Dueño de un equipo de béisbol, los Braves, y otro de basquet, los Hawks, ambos en Atlanta, la excentricidad de Turner no conoce límites. Es capaz de concurrir a reuniones de negocios vistiendo el uniforme de la Confederación, con espada incluida; no tener empacho en opinar que “los Diez Mandamientos han pasado de moda, especialmente ese que se refiere al adulterio”; o desafiarlo a Rupert Murdoch, el otro magnate de los medios, a una pelea de boxeo televisada en directo desde Las Vegas. Hacia abajo, las fuertes depresiones que lo frecuentan también señalan que a sus estados de ánimo no les es tan fácil encontrar un equilibrio.
No obstante, hoy, a orillas del Traful, reina la calma. Es más, no vuela una mosca. Salvo la de Beau, el cuarto de sus cinco hijos, que está pescando a unos cuantos metros de su padre. Suelen venir a la Argentina tres o cuatro veces en verano. Por diez días, no más que eso.
Ronnie Olsen y Chris Francis, los guías de pesca de Ted y Beau, respectivamente –considerados como dos viejos amigos de la familia– los acompañan de cerca con disimulo y cautela. Rara vez se acercan para asistirlos.
Por el tamaño de sus cuerpos, aún más abundantes por los chalecos rebalsados de cajas, tanzas, redes y otros utensilios que exije la ocasión, bien podrían pasar por guardaespaldas.
Pero dentro de las 4487 hectáreas de la estancia La Primavera, una de las tres que Turner ha adquirido en la región andina, no hay nada por el estilo.
“Acá, salvo unos cuatro caballos, sólo habitan zorros, cóndores, ciervos, guanacos, jabalíes; igual que en la estancia San José, en Río Grande, de unas ocho mil hectáreas y la de Collón Curá, entre Confluencia y Junín de los Andes, de casi 50.000 hectáreas”, explica Malcolm Deane, el apoderado de Turner en la Argentina.
En tanto, su amigo y patrón, que donó 1000 millones de dólares a las Naciones Unidas, continúa, caña en mano, vadeando el río.
Comprar y preservar
En abril de 1996, de visita por el país con su ex esposa Jane Fonda para anunciar el lanzamiento de la CNN en español, la figura de más de un metro ochenta del magnánimo empresario cayó rendida frente a la belleza de aquel páramo a unos 80 kilómetros de Bariloche, sin más vecinos que bosques, ríos, valles y montañas. E, impulsado por Beau, su fiel compañero en las horas lerdas de la pesca, el viejo Turner se decidió por la compra. Claro que antes tuvo que convencer al antiguo propietario, Felipe Larivière, ex titular de Parques Nacionales.
“Esta es la primera estancia que Ted compra fuera de los Estados Unidos”, contaba en aquel entonces a LA NACION Russ Miller, gerente general de Tur-ner Ranches, la división que administra los siete ranchos dispersos por varios Estados norteamericanos, incluido uno de 53.000 hectáreas al norte de Florida. Al pujante terrateniente que habría desembolsado unos seis millones y medio de dólares por La Primavera, no tardaron en preguntarle para qué le seguía echando tierra a su ya holgada colección. Turner contestó: “Es que no tenía dónde ir a pescar en abril”.
Ahora, más allá de la veracidad de la anécdota o del humor que pueda despertar por su ironía: ¿cuál es el verdadero motivo de su inversión en el país? ¿Su fascinación por los excepcionales paisajes patagónicos que le permiten recorrer kilómetros de a pie, a caballo o en su Land Rover Defender, en una suerte de anonimato? ¿O es el buen clima del verano y la hospitalidad de la gente que él mismo destaca lo que lo atraen?
“Un poco de todo eso –aclara Deane–; pero, básicamente, Ted compra grandes extensiones de tierra para preservarlas.” Es más, La Primavera es la única porción de tierra dentro del Parque Nacional Nahuel Huapi que se preserva libre de especies animales no autóctonas, como el ganado vacuno.
Detrás de su presa enganchada en el anzuelo, Turner se interna más y más en el Traful, pisando seguro con sus botas de vadeo entre las rocas, indiferente a la corriente que ya le pega a la altura de las pantorrillas, so-bre sus waders o pantalones impermeables.
Pone ahora toda la atención en un tira y afloja sin tregua con su contrincante muy tenaz: una gran trucha arco iris que le ofrece batalla de igual a igual, acaso por desconocer, el pobre pez, que esta vez le ha tocado enfrentarse a uno más grande. Finalmente, Turner devolverá el regordete ejemplar a las aguas del Traful, que atraviesa el paradisíaco valle de la estancia La Primavera.
En el casco de ciprés chileno y piedra, y bajo los techos de pizarra belga, lo espera su novia, Federica Darragón, una simpática francesa, cosmopolita y amante de otras culturas, como la tibetana, que residió varios años en el país.
Más preciso, en una chacra de 47 hectáreas próxima al acogedor pueblito de Los Cardales, en la provincia de Buenos Aires.
Corrían los años 90, y a Federica podía vérsela montando un quisquilloso pura sangre, pelo al viento y con sus chaparreras bien curtidas, levantando polvo por los caminos de la zona.
Los lugareños aún la recuerdan con el mismo afecto que en Coronel Suárez, donde primero se asentó. Amante del deporte ecuestre, Darragón corrió una carrera de 1000 metros en el Hipódromo de Palermo.
Ese día, no sólo fue jocketa, sino que también se destacó por su condición de entrenadora, propietaria y cuidadora.
En pocas horas, Ted, Beau y la Federica de siempre partirán rumbo al Estado de Georgia en un jet privado; a las 6 de la tarde.
Menos polo y más trabajo
Con más ganas de subirse a su camioneta que de entablar conversación, Ted Turner arroja secamente: “¿Qué es lo que desea saber?” El sol pega de lleno sobre su sombrero de fieltro verde gris. Detrás de sus gruesos anteojos oscuros se adivina una mirada dura, pero no de maldad, sino de tensión. “OK, ¿cuál es la pregunta?”, insiste una vez más.
Una palabra de más arruinaría la oportunidad de entrevistarlo. También el silencio, del cual él tomaría ventaja para despedirse.
Pero el bigotito blanquecino finamente recortado le quita seriedad al tono de su voz. Entonces, su presencia ya no intimida tanto.
–Los conductores de la CNN no se caracterizan por tener una expresión de paz. La realidad es muy dura, pero, ¿por qué dejar que esos rostros y esas voces tan tensas lleguen a nuestros hogares las 24 horas?
–No cabe ninguna duda de que son tiempos muy difíciles los que estamos viviendo... Es una buena pregunta y, la verdad, no sé si tengo una respuesta para darle.
–¿Le gustaría hacer algún comentario sobre la profunda crisis argentina?
–Muchas veces, la adversidad te hace más fuerte. Veinte años atrás, los Estados Unidos estaban por detrás de los japoneses en materia de desarrollo tecnológico, pero trabajamos duro y hoy los hemos superado. Lo mismo ocurrirá aquí. La Argentina no sólo va a sobreponerse, sino que además va a pegar un gran salto hacia delante. Eso sí: menos polo y más trabajo.
–Bueno, pero son apenas un puñado los que van detrás de la bocha...
–Lo sé, lo sé. Pero aquí tienen demasiadas carreras de caballos... demasiada diversión.
–¿Y a qué atribuye esas su-puestas características?
–A que, en comparación con otros países, ustedes siempre han tenido todo demasiado fácil.
–¿Cuál es entonces el gran problema de los argentinos, más allá del económico?
–Sinceramente, no lo sé. La verdad es que yo acá vengo a relajarme y no a... No lo sé, existen demasiados problemas en el mundo. Cada vez hay más armas de destrucción masiva; la situación en Medio Oriente ha llegado a un punto crítico; nosotros todavía seguimos involucrados en una guerra que comenzó en Afganistán y que cada día parece más lejos de llegar a su fin... Son tiempos extremadamente duros para una enorme cantidad de gente, y no sólo para los argentinos.
–¿Y qué puede decir de esta nueva concepción maniqueísta del mundo en blanco y negro?
–Personalmente, no veo el mundo de esa forma. Para mí, las cosas son grises, básicamente. Pero es cierto, mucha gente lo ve en blanco y negro. Y eso no es más que una simplificación absurda de la realidad; la mayoría de las sombras, basta con observarlas, son grises.
–¿Cambió el periodismo después de los atentados del 11 de septiembre?
–No lo sé.
–¿Debe la televisión mostrar crudamente todas las imágenes captadas por la cámara?
–Bueno, nadie muestra en la televisión a la gente yendo al baño (por primera vez se ríe, jugando, como buscando una complicidad). Depende, esencialmente, de las circunstancias de cada país y de cada medio de prensa en particular; pero, también, qué mostrar y qué no es, muchas veces, una cuestión de sentido común. Los periodistas no toman una sabia decisión cuando intentan proteger a su audiencia de la verdad. Creo que éste es un aspecto que nunca se puede descuidar: informar siempre con la verdad.
–¿Gozó la CNN de toda la libertad que quiso para informar sobre los acontecimientos relacionados con los atentados del 11 de septiembre?
–Bueno, yo ya no tomo ninguna de esas decisiones. Pero sí lo hice, por ejemplo, durante la guerra contra Irak. Y he llegado a la conclusión de que, en ese entonces, se mostró todo lo que se podía exhibir dentro de los límites razonables; por supuesto, también fuimos conscientes de que no había ninguna necesidad de exponer, frente a toda una audiencia mundial, un cuerpo decapitado o cosas por el estilo.
–¿No cree que en los Estados Unidos hubo una clara restricción a la libertad de prensa tras el atentado a las Torres?
–Sólo en los asuntos relacionados con las operaciones militares en Afganistán. Pero no con los demás hechos que iban ocurriendo en los Estados Unidos.
–¿Puede decirse que existió la censura en los Estados Unidos?
–Yo no vi nada de eso. Salvo, eso sí, puedo decir que a la prensa le hubiera gustado cubrir más historias y mostrar más escenas de la guerra en territorio afgano, particularmente durante los primeros combates.
–A usted también lo preocupa mucho la sobrepoblación mundial...
–Por supuesto. Así como también la destrucción del medio ambiente, que está íntimamente relacionada con aquélla.
–Por último, ¿qué le diría a los jóvenes que aún no han perdido las esperanzas de vivir en un mundo mejor?
–Que construir un mundo mejor no es una utopía, sino que, por el contrario, se trata de un proyecto absolutamente realizable. Los seres humanos son sumamente inteligentes. Pero también es cierto que, actualmente, toda la humanidad está inmersa en una crisis profunda y de suma gravedad. Por eso, las generaciones más jóvenes no pueden ni deben bajar la guardia. Y en esa búsqueda por un mundo mejor tendrán que aprender a cuidar el medio ambiente y a sortear todo tipo de guerras y conflictos armados. No nos queda otra salida que la de ser mucho más inteligentes de lo que hemos sido hasta ahora; porque los problemas a los que nos estamos enfrentando adquirieron una magnitud que la humanidad, hasta aquí, nunca había conocido, enfrentado, ni soñado.
Turner en clave de dibujo animado
El magnate sureño es, también, el indudable modelo de un personaje secundario, pero crucial de una serie de animación. En 1994, la cadena ABC comenzó a emitir la comedia de animación de frecuencia semanal The Critic (El crítico), que en poco tiempo se convirtió en una serie de culto. Jay Sherman (a quien da vida la voz de Jon Lovitz) es un ácido crítico de cine que, desde su programa de TV Coming Attractions, deplora la distancia insalvable entre su criterio y el gusto de las mayorías. Pero Jay, a quien la naturaleza no ha dotado de un físico agraciado y que, además, es despreciado por sus padres adoptivos, se desvive por el amor de los otros. Por eso, las opiniones de Duke Phillips, el atlético y estentóreo dueño de la cadena televisiva que emite su programa, le resultan vitales. Es imposible no reconocer a Turner en esa suerte de cowboy tosco y pueril, alto, rubio y de bigotes, que preferiría que Jay dedicara menos tiempo a la crítica y más al circo. La serie lleva la marca de James Brooks, productor original de Los Simpson, y es emitida actualmente por Locomotion. G. S.
Las cifras de un gran imperio
En 1994, Time Warner, el mayor imperio en entretenimiento y comunicación, compró el otro coloso, perteneciente a Ted Turner, por entonces integrado de la siguiente manera:
- Cadenas de TV: TBS SuperStation, TNT, Cartoon Network, Turner Classic Movies
- Producción/Distribución: New Line Cinema, Castle Rock Entertainment, Turner Pictures Worldwide, Hanna-Barbera Cartoons, Turner Entertainment, Turner Home Entertainment.
- CNN, Headlines News, CNN International.
- Atlanta Braves, World Championship Wrestling
- CNN Airport Network
- CNN Center
En enero de 2000 se anunció la fusión más grande de la historia entre Time Warner con la mayor compañía de Internet del mundo, AOL (America On Line). El valor total de la nueva empresa se calculó en 350.000 millones de dólares. Turner quedó como vicepresidente de AOL Time Warner; poco después, dejó de cumplir funciones en la corporación, pero conservó un nada desdeñable 4% de las acciones.






