
Tejer está de moda
De la mano de las jóvenes, un hábito que va y viene a lo largo de la historia hoy recupera su buena salud
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NUEVA YORK.– Tejer es una actividad que siempre me pareció de vieja. Crecí viendo a mi abuela sentada en su mecedora, haciendo chasquear las agujas durante horas y horas. Todavía lo hace. De tanto en tanto, me hacía un gorro enorme y, más recientemente, un pulóver de bebé con gorrita y botas haciendo juego. "¡Probablemente me crecerán alas antes de que tengas hijos!", me dijo. Y yo pensé que más bien le crecerían alas antes de que yo misma tejiera un pulóver.
¿Acaso alguien de poco más de veinte años se dedicaría a una actividad tan anticuada?
Es bueno preguntarlo, porque me da la oportunidad de señalar que tejer está de moda (Cameron Díaz y Hilary Swank lo hacen). Ahora, las mujeres jóvenes tejen durante el descanso del almuerzo, en el subte y en los bares. Los cafés de moda ofrecen clases de tejido y venden lanas e hilos. En todo Estados Unidos, las jóvenes se reúnen a "tejer y chismear".
En cierto aspecto, se trata de una nueva tendencia, pero sin duda es algo que ha aparecido intermitentemente a lo largo de la historia. Hoy, la moda de las prendas tejidas ha ayudado a revivir ese arte. Pero también ha contribuido a ello el reclamo por Ûlas "actividades de la mujer", así como la tendencia a "hacer todo una misma".
La popularidad del tejido ha fluctuado por diversas razones –la guerra, el activismo, la moda– durante el curso de la historia, tal como lo documenta el libro No Idle Hands: The Social History of American Knitting (Nada de manos ociosas: historia social del tejido en Estados Unidos), de Anne Macdonald.
Las mujeres tejieron medias para los soldados a fin de demostrar su patriotismo durante la Guerra de Secesión estadounidense, y también en casi todos los conflictos siguientes. A fines del siglo XIX, ellas aprovecharon la difusión de los deportes y tejieron pulóveres para golfistas y medias para ciclistas.
Las jóvenes de la década de 1920 rechazaron el tejido por considerarlo "trabajo de mujeres". Y la industria se esforzó por conquistarlas con hilos de nuevos colores, maratones de tejido y concursos con premios.
La primera vez que tejer fue una moda generalizada en Estados Unidos fue en la década del treinta, tal vez por causa de la Gran Depresión. Las mujeres que querían tener ropas a la moda, como los suéteres de diseño europeo, los imitaban tejiéndolos a mano. Joan Crawford y Katharine Hepburn tejían. En Hollywood incluso publicaron un libro sobre esta labor.
Las mujeres se pasaron la Segunda Guerra Mundial tejiendo, pero la tecnología y la eficiencia eran las nuevas consignas de posguerra. Tejer laboriosos escarpines para los bebés no coincidía con la atmósfera imperante.
La década de 1960 fue testigo de un incipiente retorno del tejido. Para muchos jóvenes, la rebelión contra el consumo se manifestaba vistiendo prendas artesanales.
Luego, durante el auge del movimiento feminista, muchas jóvenes volvieron a sepultar las agujas de tejer. Era una tarea que olía a trabajo doméstico, así que nadie quería saber nada del asunto.
Ahora, nuestra cultura estimula la aparición de nuevas tejedoras. Una encuesta realizada en el otoño de 2004 reveló que el número de mujeres entre los 25 y los 34 años que se dedican a tejer o hacer crochet ha aumentado en más de un 150% desde 2002.
El arte de tejer no sólo ha renacido en Estados Unidos. Un grupo de mujeres jóvenes de Londres ( www.kintchicks.co.uk ) invita al cine una vez por mes, y en la sala se dejan las luces encendidas para que las tejedoras puedan ver su trabajo junto con The Life Aquatic with Steve Zissou.
Tal vez haga otro intento con el tejido, para no quedarme atrás con la moda de mi generación. Me gustaría tener algún motivo más altruista, como respaldar a las tropas en Irak o hacer donaciones a obras de caridad. Pero más bien me preocupa mi autosuperación: hacer regalos y mantener las manos ocupadas cuando deje de fumar el mes que viene.
Traducción: Mirta Rosenberg Agradecimientos: ML Artesanías en Telar; Casa Holandesa de Palermo
Para saber más:
www.cultura.gov.ar/artesanias/Tejidos.htm
www.artistasyartesanos.com.ar/Artesanos/t.htm
En la Argentina, tejer es poder
Por Diana Fernández Irusta
Nuestro país no es ajeno al fenómeno de las "nuevas tejedoras" que se registra en países como Estados Unidos o Inglaterra. Por estas tierras, sin embargo, la tendencia surgió de la mano de algo tan poco glamoroso como la devastadora crisis económica de 2001. Lo hizo por un arco de razones que van desde la mera subsistencia hasta el deseo de estar a la moda y hacer economía al mismo tiempo.
"El boom del tejido manual comenzó en 2002 –asegura Juan Martín Tamer, de Corporación Lanera, firma que se dedica a vender hilados desde hace 40 años–. El año pasado fue el gran pico, y ahora la demanda parece estabilizarse. De todos modos, estos movimientos suelen ser cíclicos."
Jaime Pelich, de Hilados Arpa, termina de describir la situación: "En los últimos cuatro años se triplicó la venta minorista, pero las ventas al por mayor se redujeron más del 50 por ciento. Los pequeños comercios que vendían ropa tejida casi desaparecieron. El público que compraba en esos establecimientos es el que ahora compra lana para hacerse su propia ropa".
Los comercios de Tamer y Pelich son dos de los tantos ubicados sobre la avenida Scalabrini Ortiz, entre Córdoba y Castillo. Algo así como el centro de la venta de hilados en la ciudad de Buenos Aires. Un lugar al que hoy acuden mujeres de todas las edades y clases sociales. Se trata de una clientela que, aunque unida por la búsqueda de buenos precios, texturas y colores, dista de ser homogénea.
En primer lugar, acuden aquellas que, acicateadas por la devaluación y la caída de las importaciones, descubrieron en la confección de tejidos una alternativa para ayudar a las alicaídas economías familiares.
Ese es el caso de Dora Rodríguez. Obligada a cerrar la pizzería que había atendido durante años, buscó desesperadamente una nueva fuente de ingresos. "Empecé a remendar ropa, hasta que decidí anotarme en un curso de telar. Trabajo todas las horas que puedo haciendo ponchos, chalinas, mantas. Busco diseños modernos, como los que usan las chicas de hoy", relata esta tejedora de 60 años.
Mónica López, de 42, también cambió de vida para hacer frente a la crisis. Efectivamente, reemplazó el escritorio de empleada administrativa por el taller de tejidos. "Nunca imaginé que iba a trabajar en esto", comenta. En la actualidad tiene un pequeño negocio de venta al público y, además, da clases a noveles tejedoras de entre 25 y 35 años. Las sucesoras de aquella generación que, allá por los belicosos años 60 y 70, había arrojado por los aires las agujas de tejer. Estas jóvenes son las otras grandes protagonistas del auge del tejido. Acuden a los cursos para aprender lo que sus madres habían rechazado por considerarlo "trabajo doméstico". Pero, en lugar de hacerlo por necesidades económicas, se acercan a la práctica del tejido por puro placer. "Y un poco de moda, quizás", comenta Mariela, flamantemente incorporada en las huestes de las dos agujas. De hecho, el furor por los hilados artesanales, consagrado en las pasarelas europeas, llegó a estas playas para quedarse. Junto con el auge del diseño en zonas como Palermo Hollywood, fue otro de los factores que impulsaron el fenómeno.
Un resurgir que viene acarreando todo tipo de efectos. En las escuelas municipales, los cursos de tejido comparten cartel con los de electricidad o plomería. Y las más fervorosas seguidoras del Buenos Aires Fashion Week dedican toda una tarde a la cuidadosa elección de esos ovillos con los que se harán el próximo suéter.
Para Aprender
(cursos de telar, dos agujas, crochet y macramé)
- Alto Tricot: 4786-0613, 4782-2838.
- Claudia Maquieira: 4832-6348.
- Lucía Esther Costa de Ratti: 4782-1016.
- Mónica López: 4923-7051/ 155-410-0444.
- Casa Holandesa de Belgrano: 4781-8773
- Cristina Guglieri: 4745-2392.






