
Aplicando la fórmula de éxtio empresario que tan bien conocían, Marie-France y Bernard Cohen abrieron este local para generar fondos solidarios
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Nada nos resulta hueco en el París que recorremos: será por su "saber hacer", aquilatado por los siglos, o por su gusto por la argumentación, que desemboca en ideas claras y distintas. Merci, por ejemplo, reúne ambas ideas en un concept store. En otro lado, eso podría reducirse a formas y colores fácilmente identificables. Acá, se trata del criterio amplio, personal y sólido de sus dueños sobre qué significa un nuevo modo de vivir.
Empecemos por el espacio. Un antiguo edificio industrial, bien reciclado para mirar y comprar con luz natural; amplio, donde la propuesta no abruma y, creo, sin música de fondo. Sigamos por la oferta: moda, decoración, blanquería, vajilla, gastronomía, artículos de ferretería, que pasan la prueba por ser sofisticados pero "ponibles" o usables, respetar códigos éticos y ecológicos, ofrecer una excelente relación precio-calidad y sumarse bien a la mezcla de design, rústico, high tech y vintage. ¿El círculo final? La conciencia: cuando los Cohen vendieron su marca de alta costura infantil Bonpoint, que tenía sus fábricas en Madagascar, buscaron la manera de retribuirles a esas mujeres y niños, creando para ellos fondos sin apelar a la caridad. Allí van las ganancias de este fantástico emprendimiento. Merci. Y… Chapeau!






