Terrenos compartidos: compras grupales para un descanso en común
Cada vez son más los familiares o amigos que se asocian para comprar lotes alejados de la ciudad
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Se conocen desde que sus hijos fueron a sala de 2. Después compartieron primaria y ahora que los chicos están a punto de terminar la secundaria siguen siendo amigos. Tienen un ritual: pasar las Fiestas en la playa. Cada verano estas tres familias se pone de acuerdo y alquilan tres casas “lo más cerca posible, para facilitar que los chicos vayan y vengan sin problemas”, señala Juliana. Este verano repitieron el ritual y sumaron una semana extra en Mar de las Pampas. “Necesitábamos un poco de aire después de un año de encierro”, confirma Laura. Fue durante un atardecer a orillas del mar cuando empezaron a bajar a tierra una idea que les daba vueltas: “¿Y si compramos un terreno entre todos y nos hacemos una casa para compartir?”. Empezaron a recorrer y a consultar. Hicieron cuentas. Y finalmente armaron “la vaquita”. A días de cerrar la operación ya tienen el proyecto y el reglamento de convivencia: “Solo se va a alquilar en temporada baja y a conocidos, el resto del tiempo es para que la disfrutemos nosotros”. Con “nosotros” se refiere a 6 adultos y 7 chicos entre 17 y 7 años.
La historia se repite. Cada vez son más los amigos o familiares que se asocian para comprar lotes o terrenos en común. La necesidad de retomar el contacto con la naturaleza y el cambio de paradigma que propone el teletrabajo impulsaron una nueva tendencia. El formato colectivo gana lugar entre los compradores. Ecosistemas asociativos que gestionan fines de semana y vacaciones en común. Refugios donde caben amigos y primos.
Esteban Edelstein, socio de la desarrolladora Castex es contundente: “Con respecto a enero de 2020 las consultas se multiplicaron por 10. Se da mucho el boca a boca, llegan familias que compran en conjunto pero también amigos y conocidos que se deciden por el mismo barrio y cada uno se construye su propia casa. En Azurra Pilar o Terralagos compraron 4 lotes contiguos, se armó una comunidad muy especial. La opción de vivienda permanente es cada vez más posible porque ya hay infraestructura: fibra óptica, servicios y colegios”, señala Edelstein, socio además en Victoria Homes.
La familia Andrade veranea hace 8 años en las playas de Mar Azul. Los abuelos Beatriz y Eduardo, los tres hijos: Agustina, Florencia y Pablo, dos chicos y dos perros. Tres generaciones que aprovechan cada fin de semana largo para compartir alguna escapada. Este verano tomaron la decisión y entre todos compraron un terreno de 618 metros cuadrados a dos cuadras del mar. “El lote está muy bien ubicado, nos permite construir dos casas. Vamos a arrancar por la primera, con 4 habitaciones para que cada familia tenga su espacio”, señala Agustina, la arquitecta de la familia. Apenas depositaron la plata para señar el lote Agustina y su marido, Guillermo Gauna, arrancaron a bocetar la planta de la casa. La pareja de arquitectos se puso al frente de la construcción. Y el resto se encargó de puntear el reglamento: “No alquilar, no invitar amigos si no estamos nosotros, y no admitir otras mascotas que las propias”, enumera. Además, abrieron una lista de necesidades: “Algunos piden cochera cubierta, otros quieren horno de barro y ventanas con vistas al bosque. Es un desafío doble. Cada uno tiene sus propios TOC”, cuenta Agustina entre risas. “Estamos muy entusiasmados. Cada familia aportó sus ahorros, sino hubiese sido imposible”, admite.

Con más de 20 años de experiencia al frente de los negocios inmobiliarios en Mar de las Pampas, Las Gaviotas y Mar Azul, Fabián Estanga confirma que de cada 10 consultas, 7 son por lotes. Y apunta un dato tentador: “Por una ordenanza municipal, el trazado de Las Gaviotas admite que se puedan construir dos propiedades en los terrenos de más de 600 m2. Es una opción excelente para dos familias ya que de una partida inmobiliaria surgen dos”, señala el agente inmobiliario y martillero público del partido de Villa Gesell. En esta zona los terrenos de 20 por 40 m2 son los más consultados. Calculadora en mano, Estanga afirma que ahora el precio de los lotes oscila entre US$40.000 o 50.000 dólares y que el costo de construcción está en su piso histórico. “Por eso los lotes para uso residencial hoy son los protagonistas, el costo de construcción está en U$S600 el metro cuadrado”, confirma Estanga. Con un arranque de año movido, el agente inmobiliario define al verano 2021 como la “temporada de arquitectos”: profesionales y clientes dando vueltas, tomando medidas en los lotes y eligiendo las mejores orientaciones.
El valor del intercambio social
Desde la desarrolladora Eidico ratifican que la pandemia aceleró consultas y operaciones de familias que decidieron mudarse de la ciudad a barrios privados de GBA. “De enero a diciembre 2020 tuvimos 4718 cesiones de lotes en nuestros barrios versus 2512 en mismo período de 2019”, señala José Iribarren, Director Comercial de Eidico. Y Gonzalo Monarca, broker de Pilar, señala que esta modalidad “se da mucho en Lagoon Pilar, donde el entorno de la laguna invita a planificar vacaciones a una hora de la ciudad o elegir el barrio como vivienda permanente”.
La pandemia funcionó como un catalizador. Un imán que atrajo y agrupó a conocidos y conocidos de conocidos tras el sueño de las 3 H para compartir: hábitat, horizonte y huerta. Además, el Covid-19 aceleró tendencias y despabiló proyectos que muchos tiraban para adelante. Contar con un espacio verde en las afueras de la ciudad, planificar tiempos compartidos. Proyecciones que pasan al plano de lo concreto para estar cada vez más cerca del verde y en buena compañía. El aspecto social también requiere planificación. Por más conexión a internet y espacios verdes disponibles, muchos consideran que no están dispuestos a perder el contacto con amigos y familiares.
El intercambio interpersonal torció la balanza en el caso de Marcel Cluzet, realizador audiovisual que se enamoró de una gran chacra de 7 hectáreas en Capilla del Señor, cabecera del partido de Exaltación de la Cruz. “Como no podía encarar solo el emprendimiento fui sumando contactos directos y conocidos para el armado del barrio La Cañada, con 24 lotes, de los cuales 18 son de amigos. Abrimos el círculo”, dice desde el casco de estancia original que ahora es su casa. Cluzet, de 51 años, se mudó junto a su familia. Coordina la instalación de infraestructura, servicios y monitorea el vivero con especies nativas para reforestar la zona, que levantó a metros de la cañada natural del predio. “Partimos de la base de la confianza entre amigos para concretar el sueño de vivir en contacto con la naturaleza o al menos, pasar buena parte del tiempo acá”.
“A muchos les pica el bichito durante las vacaciones. El ansiado cambio de estilo de vida o la necesidad de sumar espacios a las dinámicas familiares también influye”, detecta Miguel Di Maggio, director de la inmobiliaria Depa. La experiencia directa es decisiva, explica el broker que comercializa propiedades en Pilar del Este, Puertos del Lago y El Cantón. “Llegan familias o parejas amigas que quizás están ajustados con el presupuesto y se deciden por terrenos perimetrales, una alternativa en alza”, confirma.
Cuando Guillermo Maitsch, Horacio Corbani y Adrián Seoane llegaron a Estancia Grande, en San Luis, supieron que allí les gustaría ver crecer a sus hijos y nietos. A minutos de Potrero de los Funes el paisaje regala vistas amplias y atardeceres de postal. Allí construyeron una casa con la idea de compartirla, pero la logística de la pandemia los impulsó a alquilarla. “Las consultas explotaron, tenemos reservas hasta mayo. Y hasta para pasar Año Nuevo”, señalan. En la misma zona, en el barrio boutique La Quebradita, Graciela Beatriz No y su hija Paula compraron un terreno para uso familiar. “Desde que nació Felipe estamos todos enloquecidos, queremos pasar las próximas vacaciones todos juntos, disfrutar y verlo crecer”, apuestan.
El caso de los amigos de Neuquén suma otra variante: pileta y quincho compartido en un mismo terreno con dos containers independientes, adecuados y rediseñados como viviendas y conectados por espacios comunes. César Altomaro, actor, y Cristian Gervasoni, de la firma de pisos y revestimientos de diseño Osaka, vendieron sus lotes individuales en el Tenis Club de Mari Menuco y La Herradura. Juntos compraron uno más grande, de 900 m2, en El Chocón, a 80 kilómetros de la capital neuquina, con vistas al enorme espejo de agua de la central hidroeléctrica. Desde el vamos el proyecto fue planteado para garantizar espacios personales y a la vez, promover encuentros e invitar amigos. “Solemos hacer muchos asados y a las nenas les encanta el agua”, dice Altomaro, papá de Nina y Francesca, referente de la actuación y las clases de teatro en la Patagonia. Del interiorismo de los containers se ocupa Cynthia Piazzoni, diseñadora y pareja de Gervasoni. “Integrados al paisaje, con materiales de la zona y respetuosos del medio ambiente, ese es el punto de partida del proyecto”, destaca la interiorista.

La prueba piloto sobre estas experiencias de tiempo y espacios autogestionados tendrá su chance durante los próximos fines de semana largos y las vacaciones de invierno. Serán tiempos de ensayo general y ajustes donde la convivencia estará en el centro de la escena: organización de tareas comunes, reparto de roles y actividades. La conectividad y la infraestructura de servicios, por otra parte, condicionarán la decisión de dar un paso más hacia un cambio rotundo de vida. Entre el trabajo remoto, la huerta y el tiempo desacelerado estas experiencias colaborativas se suman a la tendencia del cohousing, una tipología urbana que surgió en Europa y pone el foco en generar barrios que garantizan viviendas independientes, gastos comunes y un vecindario afín al intercambio social y las soluciones colectivas. Formatos que se amoldan a los cambios de hábitos que nos deja la pandemia.
Juntos, pero no revueltos: tips para tener espacios propios
¿Cómo garantizar la privacidad en las casas compartidas? ¿Qué espacios priorizar a la hora de promover encuentros y a la vez generar rincones de intimidad? ¿Cuáles son las claves de las áreas comunes? Tres arquitectas sugieren tips para proyectar viviendas compartidas desde la perspectiva de los espacios comunes.
“Las áreas y alas separadas para dormitorios y baños son fundamentales. Entonces se comparten cocinas amplias y abiertas incorporadas al espacio común del living, con mesas extensibles, sillas apilables y barras para desayunos. Para garantizar la privacidad de los núcleos es indispensable contemplar paredes acústicas”, sugiere la arquitecta Diana Reisfeld.
Para la arquitecta e interiorista Viviana Melamed, “lo particular es la disposición de las áreas de dormir, baños y lounges para cada familia, casi pensadas como un proyecto de hotelería de destino, donde las suites confluyen en un estar común”. Melamed apunta que la privacidad debería estar dada “por la disposición de la planta, el sentido de los aventanamientos, la creación de pequeños espacios semicubiertos o descubiertos con vegetación”. Y para los chicos, recomienda “pequeños espacios de estar compartidos con sus padres dispuestos en cada área familiar”.
En tanto, la arquitecta Macarena Fernández Speroni plantea que “es fundamental que todos puedan pasar el mejor momento en familia sin invadir el espacio del otro. Los pasillos y distribuidores son la clave”.
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