Thomas Page McBee. Las memorias de un boxeador trans

Nicolás Artusi
Nicolás Artusi PARA LA NACION
(0)
12 de mayo de 2019  

"Según las leyes de la física y las normas del boxeo de Estados Unidos, no iba a ser una pelea justa": así empiezan las memorias de este boxeador singular. La pelea no sería justa no porque los dos peleadores fueran tipos algo maduros observados por diecisiete mil espectadores en el mítico Madison Square Garden, ni porque uno pesara ocho kilos más que el otro, ni porque este otro se hubiera pasado un mes sangrando por las encías y llorando del miedo sobre la almohada. La pelea no sería justa porque uno había nacido hombre y el otro, mujer. Así está planteada la intriga en Un hombre de verdad, el libro más inspirador del año: son las memorias de Thomas Page McBee, que siempre se sintió un hombre en el cuerpo de una mujer, que a los treinta años cambió de género y que se dedicó al boxeo con una inquietud de la época: entender la masculinidad desde la violencia.

¿Qué es ser hombre hoy? ¿Por qué peleamos? Según Thomas, el primer transexual masculino en combatir en el templo del boxeo más famoso del mundo, "yo estaba ahí para cerrar la grieta que nos separaba, para demostrar que no era más que una invención". Criado en una familia donde se repetía que "los hombres no se abrazan" a no ser en la lona del ring y como preludio a una tormenta de derechazos, Thomas convirtió su transición en un ejemplo de masculinidad verosímil: nació por primera vez en Carolina del Norte en 1981, cuando la partera dijo a su madre que había tenido una niña rozagante; nació por segunda vez en Nueva York en 2011, cuando empezó a inyectarse testosterona y consiguió trabajo como periodista especializado en temas masculinos de las revistas Quartz y Vice. Una tarde cualquiera, una discusión callejera con un hombre que quiso pegarle lo animó a pensar sobre los mandatos físicos de la masculinidad: "Yo era un hombre, eso al menos estaba claro. Pero, aunque había empezado a serlo años atrás, todavía me preguntaba qué significaba eso exactamente". Al machito se le enseña que no debe abrazar a otro como él y se lo instruye para defenderse a trompada limpia ("si alguien te pega, vos le das una piña más fuerte", recuerdo que se decía en mi casa de la infancia).

Si es cierto que lo tóxico no es la masculinidad sino la manera en que nos la enseñan (a los hombres nos educan para esconder los sentimientos, para dominar a los otros, para negar la empatía), en Un hombre de verdad se relata el derrotero de alguien que se entrena para dar la pelea de su vida. Y acá Thomas gana por nocaut, aunque todavía le queden muchos rounds por delante: "Soy un principiante, un hombre que nació con treinta años de edad".

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.