Timbú-chaná por un día

A orillas del río Luján, un nuevo parque de entretenimientos, participativo y natural, recrea el modo de vida de una tribu aborigen
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27 de octubre de 2000  

Este sendero lleva a nuestra aldea tras recorrer 320 pasos de guerrero adulto -anuncia una leyenda-. Consumirás 125 calorías y cruzarás por entre pajonales y matorrales típicos de los bajos paranaenses." Ya en el acceso de la Aldea Aborigen el recién llegado empieza a sospechar que la visita al nuevo predio de Escobar será una aventura, no apta para coquetos. Este fuerte presentimiento termina por confirmarse en la boletería, cuando alguien sugiere trocar una entrada por cinco puntas de flecha de granito o media arroba (5 kilos) de sal.

Lo cierto es que el paseo por este parque natural que recrea la escena y las costumbres de la tribu timbú-chaná -descendientes de los guaraníes que habitaron la zona- es tan divertido como instructivo. Porque antes de dar una vuelta en piragua, deslizarse por una cuerda sobre un canal de dos metros y medio de profundidad o internarse en los senderos de interpretación que recorre el minisafari, el circuito autoguiado por el terraplén amerita hacer un alto en los siete stands chozas educativas.

Láminas, instalaciones rústicas, maquetas y displays, ofrecen datos curiosos sobre la vida cotidiana de las antiguas culturas aborígenes. Cómo los primitivos habitantes de estas tierras aluvionales debían negociar con los charrúas el granito para la punta de sus lanzas o de qué manera tejían las fibras de la planta caraguatá para vestirse son algunos buenos ejemplos.

Una aldea de entretenimientos

Cargados con toda la información que ofrece la primera parte del itinerario, entonces sí es posible ponerse en la piel de un timbú-chaná y sumergirse en embarradas.

Del polígono de arquería a la silla trasbordadora, de los estrechos caminos sembrados de cortaderas al área de juegos aborígenes. Los inquietos tendrán tiempo (y tierra) de sobra para calmar sus ansias en partidos de hockey araucano, pulseadas corporales y búsquedas del tesoro. Aunque está permitido inspeccionar la zona por cuenta propia, siempre es mejor hacerlo junto a un sabio guía -en este caso, instruidos por guardaparques- para, así, llevarse algo más que las inevitables impresiones sensoriales. Pero, después del almuerzo -cada uno debe cocinar sus pinchos de carne o pescado, como uno más de la tribu-, más vale bajar los decibeles. Los talleres de artesanías que se dictan en el área del Mercadito resultan ideales para seguir participando de la propuesta y darle una tregua al cuerpo.

En este segundo emprendimiento del Club de la Aventura -hasta el año último tenían un centro recreativo de estructura similar en el Delta-, Oscar Fernández, su mentor, procuró conservar al máximo el espacio natural que ocupa: seis hectáreas arboladas, en la margen derecha del río Luján. Esta idea acompañó el trabajo de Julio Trillo, encargado de diseñar los diferentes espacios de este parque monotemático construido sin electricidad (la aldeíta de los chicos, el teatro, el comedor, el avistadero de aves) con madera de fresnos, sauces y álamos, entre otras especies autóctonas. El resultado: un parque de entretenimientos original, educativo y na tural, para jugar a los indios, en familia.

Aldea Aborigen. Informes, 4307-6606. Sábados y domingos, de 10 a 19. Entrada: $ 3; menores de 12 años, $ 2. Para llegar hay que tomar el Acceso Norte. Después del cruce de la estación de trenes de Escobar, se sigue camino por la ruta 25. El predio está situado a orillas del río Luján.

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