
En la nueva producción de la escudería DC, La mujer maravilla, la carismática Gal Gadot encarna al personaje que, en los años 70, hizo famosa a Lynda Carter.
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Por Leonardo M. D’Espósito
Entre las muchas miles de frases tontas que circulan en el universo del negocio de Hollywood (el cine, el arte son otras cosas), hay una bastante interesante: “Las películas de acción protagonizadas por mujeres no venden; una mujer no puede ser superheroína a menos que lleve compañeros varones a la zaga”. Esto pasó muchas veces: a principios del siglo, el director Joss Whedon (que terminaría haciendo el megaéxito Los vengadores) planeaba una versión de La mujer maravilla a la que le mostraron, finalmente, el pulgar abajo. Se pasó entonces de la escudería DC –dueña de ese personaje– a la Marvel, donde tampoco quisieron que Scarlett Johansson protagonizara una película como Natasha “Viuda Negra” Romanoff. El destino no es chambón y, a la larga, resultó que la Johansson fue protagonista del mega-super-recontra-éxito francés Lucy, donde es, básicamente, una superheroína.
En fin, después vino ese tema de que Marvel la pegó con sus películas y la DC, a la que le iba bien con Batman pero flaqueaba con el imposible Superman, quiso recuperar terreno. Y entonces planearon un mega-recontra-archi-non plus ultra-esquema para meter a todos sus personajes. Y sí, esta vez probaron con La mujer maravilla, película que se estrena por estos días protagonizada por la alumna de Rápidos y furiosos Gal Gadot, lo mejor –por lo menos casi lo único simpático y humano– en ese pastiche rabioso que fue Batman Vs. Superman. Porque las chicas de armas tomar, en realidad, funcionan muy bien. Ahí tienen a Uma Thurman en Kill Bill. Ahí tienen a Zoe Saldana, actriz que tiene el récord de presentarse con mayor cantidad de colores en la pantalla: morocha más negra de lo que es en Star Trek, verde en Guardianes de la galaxia, azul en Avatar y vamos por el rojo y el amarillo, por qué no. Ahí tienen a la gran Michelle Rodríguez. Ahí tienen a Charlize Theron. Lo raro es que, en todos estos casos, incluso si el personaje que estas chicas interpretan tiene más peso que el protagonista, las películas giran alrededor de los muchachos. Como dice Juanma Domínguez en Súper Hollywood (librito hermoso de reciente aparición), pusieron como superhéroes a un mapache y a un árbol que habla antes que a una mujer. Exagera, pero tiene razón.
Con La mujer maravilla tenemos la prueba de fuego. Razones, muchas: la historia del cómic creado por Charles Moulton (un psicólogo y docente que bregaba por la libertad sexual y estaba casado con una mujer que además tenía una amante que compartía la casa con ambos) es genial, y las historietas ponían siempre a la mujer en el centro, rompiendo estereotipos en plena década de los 40. Pero siempre la boicotearon un poco. La serie basada en ella de los años 70 con Lynda Carter es puro humor camp, pero también se vio condenada con ratings que a una de acción con bigotes se le perdonaban ampliamente. La nueva película está dirigida, además, por otra mujer, Patty Jenkins, que hizo algo muy feo y feminista con Monster pero que, quién sabe, aquí la pega. Los trailers muestran que Diana no va a los Estados Unidos, sino a Londres, y la guerra es la Primera Mundial, no la Segunda (bueno, también, quién dice...). Y mucha acción, y a Chris Pine como el muchachito. Pues bien, debería funcionar, aunque hay problemas. El primero, DC la tiene difícil después de varias películas destazadas por los críticos. El segundo, si no funciona masivamente, les van a echar la culpa a las mujeres. Porque en esto del techo de cristal, parece que ni siendo superfuerte se puede romper.
Lo que da para confiar es Gadot. Tiene algo que muy pocas personas tienen en este tipo de producciones superbestiales: carisma. Miren cómo mira, miren cómo se mueve. Miren con qué gracia, en Rápidos... 5, logra capturar una huella digital con una tanga. Miren, sobre todo, cómo en el trailer pega sonriendo. Ese es uno de los secretos de las películas con chicas superpoderosas: en lugar de que tengan un trauma con papá o el mundo para que cada trompada tenga tragedia, pegan como si estuvieran picando la pared que les impide entrar al mundo más igualitario de buenos y malos sin distinción de género (no va a faltar una supervillana, claro, en La mujer maravilla, no sea cosa). Gadot no es una intérprete de Shakespeare, sino una imagen cinemática, puro movimiento y gracia. Eso es lo que permite que tengamos esperanzas y que se acaben estas testosteroneces medio estúpidas que nos rodean. Sería maravilloso.
Las nuevas superproducciones
Se supone que en breve tendremos Liga de la justicia, dirigida –temor y temblor– por Zack Snyder, y que en lugar de desdoblarse en dos películas, será solo una. El año que viene es el turno de Aquaman y de Flash; después, en 2019, Shazam! con Dwayne Johnson. De Batman se sabe que, tras el paso al costado de Ben Affleck, puede dirigirla Matt Reeves. Y después, terra incognita: el plan ha variado mucho porque aún no ha habido una película que “la pegara”, sobre todo, con el público. Marvel podría prestarles Iron Man, quizás.





