
Tomar las riendas del parto
En el marco de las crecientes denuncias por violencia obstétrica, cada vez más mujeres explicitan cómo quieren traer a sus hijos al mundo y exigen ser oídas
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Hace tres años, cuando Manuela Ferreira y su pareja, Santiago Paniagua, empezaron a fantasear con la idea de ser padres, ella le confesó su deseo de que ese hijo, Camilo, que hoy, en la semana 40 de embarazo, está por asomar al mundo -si es que ya no lo hizo-, naciera en su casa. En ese deseo había un poco de efecto contagio porque muchas de sus amigas habían tenido partos hogareños, pero sobre todo mucho temor a tener un parto intervenido, con altas probabilidades de terminar en una cesárea innecesaria.
"Santiago no estaba ni cerca de querer que tuviéramos el bebe en casa. Me decía que tenía miedo, él veía los riesgos y yo en cambio le decía que me daba más miedo parir en un hospital o sanatorio donde no respetaran mis decisiones de tener un parto natural, íntimo, a conciencia y sin apurar los tiempos míos y del bebe." En esa búsqueda de tener el parto deseado, ese que tantas veces había soñado, Manuela llegó un día a su casa con una "tercera vía", el punto de equilibrio entre sus deseos más naturales e instintivos y los argumentos racionales y atendibles de su pareja: le habló del Programa Parto Seguro Sin Intervención del Hospital Austral de Pilar. "Ahí hay parteras y doulas que te animan a ser la protagonista de tu parto, a vivirlo con conciencia y amor. A estar en movimiento, a encontrar la posición más cómoda para tener el bebe, a poner música... Nuestra idea es atravesar la mayor parte del trabajo de parto en la intimidad de nuestra casa y cuando llegue el momento en que no pueda más, ir para allá. Saber que nos van a estar esperando y que van a respetar mis tiempos y mis decisiones me da mucha paz y tranquilidad", asegura Manuela, que planea recibir a Camilo con música de bossa nova, la que mejor la traslada a un estado de felicidad plena. "Santiago es músico, toca el charango y ama el folklore. Acá también hubo que negociar: él quería poner a Piazzolla y yo le dije que ni loca iba a parir con un tango", cuenta la psicóloga y maestra jardinera de una escuela Waldorf.
Que Camilo nazca justo en la Semana Internacional del Parto Respetado, que se extiende hasta mañana, es seguramente un gran homenaje a su mamá y a todas las mujeres que buscan tomar ellas mismas las riendas del nacimiento de su hijo y se animan, cada vez más, a expresar y explicitar de qué manera quieren traer ese bebe al mundo. Según la ley de parto humanizado, que prioriza el nacimiento natural por sobre la cesárea, las mujeres tienen derecho a expresar cómo quieren enfrentar el dolor (con o sin peridural), a elegir un acompañante, a no rasurarse o a que no les pongan un edema ni una vía en el brazo que les quita movilidad, a tener o no una episiotomía, a que les administren o no oxitocina sintética para aumentar las contracciones y acelerar el parto y a que les informen de cada procedimiento médico. También, después del nacimiento, tienen derecho a no ser separadas de su bebe salvo que haya un motivo justificado para hacerlo. La ley, sancionada en 2004 y reglamentada recién en 2015, viene a poner claridad en un contexto de aumento de denuncias de violencia obstétrica.
Para muchos, el indicador más claro del aumento de la violencia obstétrica es la cantidad de cesáreas que se hacen en el país y en el mundo. En la Argentina, esas intervenciones quirúrgicas en los hospitales públicos duplican el 15% recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y lo triplican cuando se trata de los sanatorios y clínicas privadas. "En el parto humanizado el poder lo tiene la mujer, que confía en lo que la naturaleza le brinda a ella y al bebe para nacer y los prepara para el ese momento mágico sin ayuda médica -sostiene Diego Halle, obstetra y director de Comparto, centro especializado en parto humanizado-. Es importante que exista un trabajo de parto porque un parto natural es un parto hormonal, que tiene un fuerte impacto emocional. Así se liberan oxitocinas que son las encargadas de que la mamá y el bebe se enamoren, algo importantísimo para atravesar lo que viene. Tener un parto humanizado aumenta nuestra capacidad de amar, de cuidado, de protección. Pero todo esto que nos da la naturaleza, el sistema médico se encarga de neutralizarlo."

Según Halle, en los últimos años se ha invadido tanto a la madre, que es difícil llevarla a ese estado natural propicio para tener un parto hormonal. "Cuando la parte que conecta con el bebe es la cerebral, aparecen los miedos, se agudizan los dolores y se inhibe el estímulo hormonal. En lugar de librar las hormonas, las reprimimos. Todo lo que nos hace estar en alerta nos prepara para pelearnos o huir. Hay muchas mujeres que tuvieron malas experiencias, que se van con la sensación de que se sintieron como un número o las maltrataron -afirma Halle-. Los partos hogareños volvieron justamente buscando salir de eso. Pero es posible tener un parto humanizado en una institución. Si la partera y el obstetra están alineados, uno puede poner un cerco protector al sistema que proteja a la madre y al bebe del entorno hospitalario. Hay lugares que te hacen las cosas fáciles y otros, no." La Trinidad de Palermo, el hospital Penna, el hospital Alemán y el Cemic de Saavedra, además del hospital Austral, son algunas de las instituciones donde es posible aspirar a partos más humanizados.
Marina Corbata sufrió maltrato obstétrico cuando tuvo a Isabel, su primera hija, y pudo tener un parto humanizado con Andrés, su bebé de apenas 9 días. Ambos en instituciones médicas. "Con Isa quería un parto natural. Pero lo quería de la boca para afuera, sin tener esa convicción ni los fundamentos de lo que eso significaba -reconoce-. En ese entonces aposté por un equipo médico que no está acostumbrado a trabajar con un «plan de parto» que se ajuste a los deseos de la embarazada." En la semana 39, con fisura de bolsa, Marina tuvo una cesárea. "Me dijeron que con la bolsa rota sólo me podían esperar 6 horas, porque era peligroso para el bebe. Me puse muy nerviosa y las contracciones nunca llegaron. Sin dilatación, intentaron inducirme, y tuve una muy mala reacción a esa intervención. A Isa le bajaron los latidos, fue un momento muy angustiante -recuerda-. Todo para apurar una situación que necesitaba mucho más tiempo. Una primeriza puede tardar más de un día en dilatar y estar lista para parir. Y ahora aprendí que la bolsa rota no es un impedimento para esperar."
Después de esa dolorosa cesárea -dolorosa a nivel físico pero sobre todo emocional-, Marina se propuso que su próximo hijo naciera de otra manera. "La pasé tan mal en el parto de Isabel, que estaba negada a volver a vivir eso con Andrés. Decidí buscar un equipo como el de Comparto, que me contenga y me informe". Después de más de 24 horas de trabajo de parto, nació Andrés. "Todavía no puedo creer que parí. Cuando llegó el momento de pujar, pusimos música y bajamos las luces para recibir al bebe. Fui yo misma la encargada de sacarlo y ponerlo en el pecho, donde se quedó descansando un buen rato. Para mi marido y para mí fue una experiencia trascendental".
Que se parezcan menos a un hospital, y más a un hogar pero con las ventajas de un centro asistencial es una de las opciones más elegidas por las mujeres que buscan un trato humanizado. El Programa Parto sin Intervención del Hospital Austral coordinado por el doctor Héctor Beccar Varela, es uno de los que mejor se ajustan a esta definición. "Estás dentro del marco hospitalario, pero te hacen sentir como en tu casa. La intervención médica va a surgir cuando sea necesaria", dice Agustina Vadell, que parió allí a Gonzalo, su primer hijo, en cuclillas y ayudada por un banquito. A punto de ser mamá de Clara -está terminando la semana 39-, hoy no concibe otra manera de parir. "Me dejaron moverme y elegir la posición. Las doulas y las parteras te van dando estrategias, pero en mi caso fue tan rápido, que no tuve oportunidad de probar mucho. Hay pelotas, eslingas para colgarse, un hornito con fragancias, música, luz tenue y la privacidad. No se necesita nada más", asegura Agustina.

"Había una necesidad de tener un espacio para las mujeres que buscaban vivir el embarazo y el parto con más consciencia, respetando a la biología y sin intervenir en ese proceso natural a menos que sea necesario. Para eso, había que crearles un entorno lo más acogedor posible, íntimo, donde se sintieran cómodas y contenidas. Esto se fue construyendo de a poco, hace 7 años, y hoy nos vemos con una lista de espera que nos llama la atención", dice Claudia Zamora, una de las doulas del equipo.
En el ámbito público, el hospital Penna también tiene un espacio acondicionado para partos humanizados. Hay pelotas, lianas, banquitos, y todo lo necesario para que las mujeres puedan atravesar como ellas quieran ese momento. "Siempre tuvimos la filosofía del parto respetado, pero ediliciamente no teníamos las condiciones. Hoy, en este nuevo centro obstétrico tenemos todo el equipamiento y los recursos humanos para garantizarle a la mujer un parto respetado", apunta Graciela Breccia, jefa del departamento materno infantil del hospital. Tamara Rojas, bailarina de salsa de 28 años, prueba la liana. Está en la recta final de su embarazo. Aunque todavía no se imagina el momento del parto, sí sabe que podrá estar en movimiento y, si quiere, hasta poner salsa y bailar para recibir al bebe. Eso la tranquiliza y la tiene menos ansiosa. "Este un espacio con las mismas prestaciones que un sanatorio privado. La gente sin recursos puede acceder a este servicio de calidad", asegura Breccia.
Pero más allá del lugar, el dónde, lo importante siempre es el cómo. "Una mujer con miedo, le da poder al médico -afirma Halle-. Una mujer sin temor, en cambio, asume el protagonismo de ese nacimiento y puede parir como quiera".
Producción de Natalí Ini






