
Tradición popular
Con la reapertura de la Feria de Mataderos, el barrio festeja sus 110 años
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Antigua tierra de paisanos dicharacheros, hábiles payadores que vestían pilchas criollas y patria de gauchos con facón bien afilado, el barrio de Mataderos cumple, el próximo jueves, 110 años.
En efecto, en 1889 se colocó la piedra fundamental que dio inicio a la ambiciosa construcción del Mercado Nacional de Hacienda y Matadero Municipal.
El nombre del barrio tuvo diversas etapas, aunque siempre fue conocido como Mataderos. En sus orígenes, se lo llamaba Nueva Chicago en alusión a esa ciudad norteamericana que tenía modernísimos métodos de faena, matanza y comercialización de carnes.
El nombre sonaba bien, pero los trabajadores no se acostumbraron y cuando les preguntaban en qué lugar vivían, enseguida respondían: "Camino al Matadero".
También se lo llamaba Liniers, nombre con el que todavía se designa al Mercado de Hacienda, a pesar de estar situado en el corazón de Mataderos. El motivo es simple: cuando comenzó la construcción del mercado, la zona no tenía denominación, pero se sabía que quedaba media legua al sur de Liniers.
Cuatro mil empleados, más de cien firmas consignatarias y doscientos cuarenta frigoríficos exportadores, cifras que dan una idea de la importancia de un mercado que trabajaba las 24 horas y llegó a realizar operaciones de 22.000 vacunos en un día.
Así, el Mercado de Hacienda se inauguró en 1900; con él se fue delineando el perfil del barrio y aparecieron personajes como el resero, los mucangueros y matarifes.
"Mi poncho me cubre entero/ p´aguantar la cruda helada/ cien leguas no dicen nada/ a mi cuerpo ya deshecho./ Voy lento arriando derecho/ el vacaje es mi destino/ soportar en los caminos/ mis penas como bagaje/tal vez algún día encaje/ mi corazón altanero/ nací y he de morir resero/ con los recuerdos que guardo,/rancho, china, mate amargo/ y mi amor por esta tierra/ que en sus entrañas encierra/ mis ancestros y un letargo", así le cantó Carlos Rimoldi a esta figura tan popular en aquellos años de principio de siglo.
También el escultor Emilio Sarniguet lo homenajeó con el monumento que hoy está emplazado en los portones del Mercado de Hacienda y describe a ese gaucho que, con el poncho raído y una languidez eterna, arriaba las vacas hacia los mataderos.
Si se observa con atención, el Resero de Sarniguet tiene una particularidad: el caballo de bronce adelanta al mismo tiempo la mano y la pata del mismo costado. Si bien muchos pensaron que se trataba de un error, Sarniguet conocía muy bien a los caballos y sabía que había esculpido un pasuco. Con este argentinismo, -que en castellano se correspondería con la palabra amblante (el que camina suave)- se designaba a un tipo de caballos de andar tan parsimonioso, que permitía al resero hasta dormitar sobre el lomo del animal, en sus largas travesías pampeanas.
"En los tiempos del matadero, la mucanga -parte no comestible del vacuno faenado, como tripas, cebo y vísceras- se tiraba en la misma canaleta del arroyo Cildáñez a donde iba a parar la sangre. El trabajo de los jóvenes llamados mucangueros comenzaba en la curva de Murguiondo y Remedios, donde se agachaban a recoger los desperdicios en un balde y luego venderlos a los tacheros que convertían los deshechos en jabón. Sí, agregaban la grasa a sus tachos de agua hirviendo y con algún producto químico producían jabón." Estas notas de antaño las cuenta con lujo de detalles don Ofelio Vecchio, vecino ilustre y presidente de la Junta de Estudios Históricos del Barrio, que en su último libro, Recorriendo Mataderos compiló toda la información obtenida luego de años de investigación, de caminar por las calles hasta gastarlas y avivar las memorias de los más longevos del barrio.
Hasta 1918 era posible asistir a la matanza de los animales. Se cuenta sobre un rumor que había calado profundo en el imaginario colectivo: la idea de que la sangre de la vaca recién degollada tenía propiedades curativas. Tanto se dijo que allí estaban hombres, mujeres y niños -desde peones hasta hacendados- parados con su copa en la mano, esperando para beber la sangre espumosa y todavía caliente. Es posible leer las costumbres de antaño en una biblioteca, pero también se puede vivir mucho del folklore campestre en la clásica Feria de Artesanías y Tradiciones Populares Argentinas.
Por eso, si bien los festejos por el nuevo aniversario del barrio son variados, el más esperado sea quizá la reapertura, este domingo, de la feria de Av. de los Corrales y Lisandro de la Torre. Otra vez al ruedo, con música y danza nativas, comidas regionales, juegos tradicionales y talleres gratuitos. La propuesta es pasar el día no sólo para ver las actividades, sino para animarse y participar. Esa es la consigna de los talleres en los que se puede aprender cestería ecológica, tango, telar mapuche, tallado de madera y desde este año, charango y el idioma quichua.
Entre otras sorpresas, el día de la inauguración se presentarán entre otros artistas, Víctor Heredia y el payador José Curbelo. Además, un elenco de cien parejas bailará el Pericón Nacional .
Las antiguas recovas son el marco de la feria y el abrigo de las cocineras que desde temprano amasan y cocinan pastelitos y tortas fritas.
Sapo, herradura, palo enjabonado y carrera de embolsados, son pasatiempos de otra época que se recrearán éste y todos los domingos y feriados del año. La invitación ya está hecha. Sólo resta hacerse una escapada y disfrutar de una auténtica fiesta de campo.
Qué, cómo, cuándo, dónde
Feria de las Artesanías y Tradiciones Populares Argentinas. Está situada en la intersección de la Av. de los Corrales y Av. Lisandro de la Torre, justo frente al Mercado Nacional de Hacienda. El acceso es totalmente gratuito. Las líneas de colectivos que llegan son, entre otras, 36, 55, 63, 80, 92, 97, 103, 117, 126, 141, 155.
Inauguración. La 13° temporada de la feria comienza este domingo, desde las 11. A las 14, se inicia el festival folklórico con la presencia de Víctor Heredia, José Curbelo, Los Cantores del Quebrachal y Los Criollos de Saladas. Se verán destrezas gauchescas, como una demostración de jineteada. También habrá desfiles de centros tradicionalistas y payadores que le pondrán ritmo a la fiesta.
Museo Criollo de los Corrales. Está debajo de los arcos de la recova. Como durante la semana recibe visitas de escuelas, el público en general lo puede visitar sólo los domingos, de 11 a 18. La entrada sale $ 1. En su interior es posible ver una carreta auténtica, lazos, boleadoras, frenos y herraduras de distintos tipos (para caballos percherones, de carrera y de sortija). También hay una pulpería, un patio colonial con aljibe y un caballo -en tamaño natural- confeccionado en madera terciada y cartón prensado con todos los aperos, estribos y maneas. Funciona en el museo una biblioteca y hay una exposición permanente con cuadros de Molina Campos y Bustos Rapela.
Artesanías. Además de participar de las actividades que se proponen en la feria, es posible recorrer los numerosos puestos de artesanos que recrean no sólo objetos típicos como mates, monturas y lazos trenzados, sino también vestimenta y accesorios.
Bar Oviedo. Si bien nació como un almacén de ramos generales llamado Almacén del Francés, al poco tiempo pasó a manos de un nuevo dueño, Fernando Ghío, que cambió el ramo y lo convirtió en un negocio de despacho de bebidas. También conocido como el Bar de los Payadores, este lugar que dista mucho de ser un pizza-café, todavía conserva la fisonomía de cuando se inauguró, allá por el 1900.
Parque Juan Bautista Alberdi. Está situado en Lisandro de la Torre y Directorio. Este parque es el espacio verde más grande de Mataderos y cuenta con juegos para chicos y un gran anfiteatro en el que se ofrecen, todos los sábados por la noche, distintos shows y espectáculos musicales.
Informes. Dirección General de Museos. Lunes a viernes, por el 4361-9174. Los domingos, 4687-5602.






