
Tute: humorista y algo más
A los 31 años, lleva más de una década en el oficio de hacer reír. Polifacético, incursionó también en la poesía y hoy edita su primer corto
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Para él, a los seis o siete años, trabajar era dibujar Clementes. Se instalaba junto al tablero de su padre, el humorista Caloi, y miraba. Después empezó a copiar. Aprendió rápido, y pronto confirmó su presunción: también él se puso a trabajar.
–Hacía los Clementes lo suficientemente bien como para decir que eran de mi viejo. Los firmaba y los vendía a mis compañeros de primaria por un peso o por caramelos. Con dedicatoria y todo –dice en su casa de San Telmo, sentado frente a su propio tablero, en el que una profusión lápices, marcadores, acuarelas y tintas demarca el territorio donde dibuja el cuadro diario que publica en la Ultima Página de La Nacion.
Juan Matías Loiseau –mejor conocido como Tute, que desde el mes pasado también plasma su humor en una página de la Revista, donde ya había publicado en 1998– trasunta la serenidad de los que han encontrado temprano aquello a lo que consagrar su vida. A los 31 años, lleva doce ganándose el pan como humorista gráfico, y sus dibujos han recorrido buena parte del mundo en publicaciones de México, Estados Unidos, Ecuador, Costa Rica, Francia y Japón, entre otros países. Sin embargo, no todo fue línea recta en la carrera de este tipo inquieto que ha sabido desbordar los límites del papel para incursionar en otros terrenos, como la poesía, la pintura y ahora, con su primer cortometraje en plena etapa de edición, el cine.
–Cuando terminé la secundaria me metí a estudiar diseño gráfico. "Ya sabemos que sabés dibujar, pero necesitamos algo más estructurado", me repetían mis profesores. Un día le dije a mi viejo que largaba todo para buscar laburo en un garaje. Quería independizarme cuidando autos de noche para dibujar el resto del día.
–¿Y qué te dijo tu padre?
–Que no fuera idiota. Que me metiera en la escuela de humor gráfico de Garaycochea.
Allí fue Tute. Llevaba bajo el brazo una carpeta llena de dibujos que le valieron el ingreso directo en el segundo año de la carrera. Al poco tiempo, con 19 recién cumplidos, le aceptaron su primer dibujo en una publicación del sindicato de bancarios.
–Yo dibujé desde siempre, pero el chiste es un trabajo intelectual que, en mi caso, llegó »después de la adolescencia. Aprendí de humoristas que admiro, como Fontanarrosa, Quino, mi viejo. Me gusta hacer un humor universal, que pueda ser leído dentro de diez años y tenga sentido.
–Lo tuyo apunta más a las eternas contradicciones y absurdos de la condición humana que a la actualidad...
–¿Qué es la actualidad? Chumi Chúmez, un dibujante español muy ácido, decía que él no hacía chistes con políticos de turno, pero que su humor era de actualidad porque en verdad lo que la gente se pregunta es dónde está el amor, por qué estamos solos, qué pasa cuando morimos. Yo creo en eso.
Cuesta vincular la imagen de este chico delgado y afable, que apenas pasa los treinta, con su producción, en la que la observación aguda, la ironía salpicada de ternura y el aliento poético y hasta reflexivo hacen suponer una mirada que ha rodado mundo y visto lo suyo. En un principio, el mundo fue las calles de Mármol, donde vivía junto a sus padres y sus dos hermanos, y de Adrogué, donde quedaba el colegio. "Viví la última etapa de un barrio de puertas abiertas, de veredas tranquilas, de fútbol y barra de amigos", dice. Un día le regalaron las Obras completas de Borges y se abrieron otros mundos.
–Su poesía me rompió la cabeza y me dio ganas de escribir. Cuando en sus versos aparecían personajes de la historia y la literatura que no conocía, yo iba y averiguaba. Empecé a leer y a escribir poesía de manera compulsiva. Tenía una mesa para dibujar y otra para escribir. Me iba de viaje y me llevaba Góngora y Quevedo.
Tute se reparte hoy entre tres pasiones que prefiere tener cerca. Al lado del tablero donde dibuja –pasión primera– hay un monitor con la imagen congelada de un chico en bicicleta en una calle de pueblo. Desde hace un tiempo, se pasa un par de horas por día editando allí El ángel de Dorotea, un corto de veinte minutos que filmó en diciembre pasado en Lobos, provincia de Buenos Aires, con guión propio; la historia de la relación de un chico con su abuela, que lo ayuda a despegar de un entorno familiar gris y opresivo. El cine, dice Tute, le ofrece una "fusión armoniosa" de aquellas artes que más le gustan, incluidas la pintura ("tuve una etapa en que llenaba lienzos tratando de hacer un Alonso", dirá) y la música.
–Siempre fui un cinéfilo de gustos muy eclécticos. Woody Allen, Wim Wenders, Gaspar Noé. Pero lo más interesante de filmar fue salir de la mesa de dibujo y trabajar en equipo. Me encantó escribir la historia, buscar actores, dirigirlos. Aquí el proyecto depende de mucha gente, algo completamente distinto de la soledad y la quietud del dibujo –dice, y cuenta que ya está preparándose para reincidir con otro corto, esta vez en tono de comedia.
La nueva pasión de Tute llegó cuando estaba en plena preproducción de su film. Tiene diez meses, se llama Dorotea y es, claro, su primera hija, fruto del amor que comparte con Vicky, diseñadora de ropa, su pareja desde hace cuatro años. "Fue algo muy fuerte. Mi idea era estar de verdad, y paré la producción de la película durante veinte días para vivir a fondo su nacimiento. Tiene muy lindo carácter, y a veces me la traigo aquí mientras dibujo."
–¿Cómo es tu día de trabajo?
–El horario de entrega al diario, las cuatro de la tarde, me ordena. De noche pienso la idea. Duermo a Dorotea a eso de las doce y me siento a laburar hasta las cuatro o las cinco de la mañana. Si saco la idea, me voy a dormir tranquilo, porque al otro día sólo me queda dibujarla. Suelo levantarme cerca de mediodía y después de almorzar me pongo a dibujar para entregar en hora.
Como se ve, no sólo de lápices vive el hombre. Sin embargo, más allá de las distintas disciplinas a las que se les anime, hay algo que permanece en Tute. "Siempre me pregunto por las mismas cosas –dice–. El amor, la soledad, la felicidad, la muerte, el tiempo."
Perfil
* Tute (Juan Matías Loiseau) nació el 21 de mayo de 1974 en Buenos Aires y pasó su infancia en Mármol, en el sur del conurbano.
* Es hijo del humorista Caloi (Carlos Loiseau) y de María Cristina Marcón, artista plástica, y tiene dos hermanos: Tomás (29, músico) y Aldana (26, fotógrafa).
* Estudió en la escuela de Garaycochea y desde 1993 ha publicado en diversos medios argentinos y extranjeros (La Prensa, La Nacion, El Mundo –EE.UU.–, La Hora –Chile–, El Tiempo –Colombia–, entre otros).
* Publicó los libros de poemas El destino, esa sombra y El libro de la noche. Está editando su primer cortometraje, El ángel de Dorotea.
* Desde hace cuatro años está en pareja con Vicky y es padre de Dorotea, de 10 meses.






