Un amor adolescente que no prosperó, pero un imán constante los llevó a pensar: “¿Qué estamos haciendo?"
El amor a primera viste existe, lo difícil es sostener aquel amor y aceptar la realidad que está frente a los ojos
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A veces cupido hace su mejor esfuerzo pero el ser humano pone un escudo protector que impide dejar la flecha en el corazón. Así fue el caso de Valeria y Franco que se conocieron en el colegio cuando tenían 15 años.
“Apenas lo vi no pude dejar de mirarlo”
Valeria estaba nerviosa por el cambio de colegio, sus padres habían decidido que lo mejor sería comenzar en otro colegio de la zona de su casa. Por suerte conocía algunas chicas y una de ellas organizó una reunión de chicos y chicas previo al comienzo de clases para que se conocieran.

“¡Apenas lo vi no pude dejar de mirarlo!, fue como un imán. Empezamos a charlar y lo que me enamoro fue su humor, yo que soy de risa fácil no paré de reírme en toda la noche”, recuerda Valeria que aún siente el sonido de aquellas carcajadas de adolescente.
A la semana siguiente, en los primeros días de marzo, comenzaron las clases. Valeria fue rumbo a su primer día con un nudo en el estómago, no era fácil ser la “nueva”, ¿qué tal serían sus compañeras? ¿y los profesores? ¿encontraría el baño, la biblioteca y como llegar a su clase? Pero cuando llegó al colegio lo vio a Franco y todos sus nervios quedaron a un costado, fue verlo y volver a confirmar aquello que había sentido cuando lo vio por primera vez.
“Lo último que hice en el torneo de truco fue jugar al truco”
Cada recreo era un motivo para salir corriendo a verlo, buscar excusas para pasar por su lado, encontrar la forma de charlar un poco con él.
Recuerda que la ventana de su clase estaba orientada a la ventana de la clase de Franco, él se sentaba junto a la ventana pero ella no tenía el privilegio de contar con aquel lugar, pero en cuánto podía le pedía a una compañera que le dejara su lugar y mientras la profesora explicaba matemática en el pizarrón Valeria espiaba de reojo por la ventana a quien le había cautivado el corazón.
Al mes siguiente, un viernes 27 de abril, los chicos del último año de secundario organizaron un campeonato de truco en el colegio para recaudar fondos para el viaje de egresados. Todo el grupo de amigas dijo presente y él también. “Lo último que hice en el torneo de truco fue jugar al truco. Lo perseguí toda la noche hasta que al final nos quedamos charlando en un jardín que tenía el colegio y en el medio de la charla me preguntó si quería ser su novia, y yo sin dudarlo le dije sí, obvio”. Valeria recuerda ese momento como si hubiera sucedido ayer, cómo le temblaba todo su cuerpo, el abrazo que se dieron, “ahí supe que era el amor de mi vida”, asegura.
El año transcurrió, lo veía a Franco en el colegio y era la alegría de cada día, iban a las fiestas que organizaban los cursos más grandes, Franco iba a su casa y Valeria a la de él, iban al cine, compartían grupo de amigos y muchísimas actividades, era una relación muy fácil de llevar adelante pese a la joven edad.

“Teníamos un imán”
Pero como todo adolescente, cuando empezaron las discusiones no supieron cómo manejarlas y optaron por terminar la relación luego de un año de novios. Fue devastador pero ambos sintieron que era lo mejor, además con tanto en común seguirían viéndose y como amigos la relación funcionaba excelente.
En su etapa de solteros en cada encuentro en común enseguida se sentaban uno al lado del otro, hacían chistes, charlaban, “teníamos un imán, nos veíamos y siempre estábamos juntos los dos”, explica Valeria.
Sus amigos no lo entendían y lo cuestionaban, ¿qué pasaba que no estaban juntos de nuevo? ¿Qué estaban esperando?
Cuando terminaron el colegio empezaron la facultad y por casualidad los dos comenzaron a estudiar la carrera de arquitectura en la misma universidad, con los mismos horarios, mismo grupo de amigos universitarios. Cambió el edificio y la etapa de la vida pero ellos seguían compartiendo todo, las materias, los almuerzos, las horas libres, las idas y vueltas en tren.
Hasta que Franco decidió que su vocación no iba por allí y dejó la universidad. Con el cambio de rutina que ya no compartían dejaron de verse hasta que volvían a encontrarse en algún cumpleaños de un amigo en común y de nuevo aparecía la sensación de imán, pero claro, aquellos encuentros ya eran más espaciados.

“¿Qué estamos haciendo?"
Mientras tanto Valeria se puso de novia con un chico y luego dio comienzo a otra relación, durante esa etapa de noviazgo casi no lo veía a Franco aunque reconoce que cuando lo veía sentía una gran necesidad de saber de él, de cómo estaba, qué era de su vida. Cuando cortaba con alguna de sus parejas el trato amistoso volvía a ser más fluido e incluso fueron a un recital de Arjona los dos juntos.
Pasaron 10 años y volvieron a tener un encuentro de aquellos donde el imán que los unía se activaba con fuerza. Charlaron de sus vidas, ahora que eran adultos, pero aquella conversación y encuentro fue diferente a todos los demás, algo en sus corazones los inquietaba y la pregunta, que en el fondo ambos habían tratado de responder durante años, salió a viva voz, “¿qué estamos haciendo? ¿por qué no disfrutamos la vida juntos?”
A partir de ese momento se tomaron de la mano y nunca más se soltaron. Estuvieron un año de novios y se casaron luego de que Franco, en pleno recital de Ricardo Arjona, le propusiera casamiento.
Ya pasaron 13 años de aquel gran día, tienen 4 hijos a los que Valeria describe como divertidos como el padre. Viven en el mismo lugar donde se conocieron y aman vivir allí. “Cuando es el amor de tu vida hay algo adentro tuyo que sentís distinto a todo, te das cuenta. Nos costó verlo pero ¡por suerte paso!”, concluye Valeria enamorada.
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