Un Cha cha chá bien Casero y emotivo

Casero (la opción del barrio) es el nuevo espectáculo del actor, que le hace lugar a las tablas entre la preparación de un nuevo disco, un DVD, una película, un video y sus trabajos de herrería en Puerto Madryn
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30 de mayo de 2003  

Las luces se apagan media hora después de lo anunciado -hecho que a ningún espectador le desacomoda el jopo-, y en vez de sonar la voz engolada de un locutor que recomienda apagar teléfonos celulares y radiollamadas aparece en una pantalla gigante la misma petición pero colmada de agregados, al estilo de... "No entre con patines, ni con animales muertos, y por favor evite que se le escape un flato." El sello Casero en toda su dimensión, aun antes de que su redondez aparezca en escena.

Una vez por semana Alfredo Casero se anima a la hora cuarenta minutos de avión que separa su casa de Puerto Madryn del teatro Concert, para hacer Casero (la opción del barrio) , un espectáculo que bien podría definirse como un Cha cha chá en vivo y en directo. Esta vez lo acompaña un elenco más escueto, pero no menos efectivo. Alacrán (Guillermo Samsó) y el Neno (su hijo Nazareno) son el complemento ideal para que el Gordo se adueñe del escenario, los pasillos, las butacas y la pantalla a donde se traslada el delirio. Delirio convertido en DVDy en imágenes que sólo pueden verse en el teatro, a puertas cerradas.

Durante dos horas, Casero lleva adelante un duelo de chistes con Nazareno; interpela a dos gauchos que poco tienen en común con los habitantes de nuestras pampas; se convierte en astronauta junto al mono Audry y se transforma y/o traviste como el Dr. Zircovich para darles consejos a las mamás que no saben qué hacer con sus pequeñuelos -Alacrán está imperdible como entrevistadora.

La experiencia Japón , de la mano de su hit Shimauta , se lleva gran parte del espectáculo. Desde la pantalla Casero comparte con la audiencia el registro de las inimaginables dimensiones a las que llegó su visita a Japón. "Yo trabajo champurreando por el mundo, no tengo una cosa física ni acá ni allá, trabajo como para Dios: "Ahora andá para allá" dice, y yo voy." Alfredo Casero trata de quitarle tanta trascendencia a su paso por tierra nipona, pero el saludo emocionado (post show) a dos bellísimas japonesitas que no alcanzan el metro de estatura lo desmiente, al igual que el tema que les dedicó, fuera de programa, apenas las identificó entre el público.

Casero improvisa. Sus shows son "biológicos" -como dice él-, por lo que no puede ni le interesa garantizar que uno será igual a otro. Pero tanto sus partenaires como el equipo técnico lo saben. Todos suenan en la misma cuerda. "Nosotros somos actores así, no tenemos que pensar demasiado; tanto que estrenamos sin ensayos y el primer show fue buenísimo."

Será por eso que entre el público que llena la sala cada función sobresalen los "vaporesianos", esos fanas"del fondo"que se animan a subir al escenario a cantar el Himno del Dr. Vaporeso -la cortina del programa- sin mirar ni de soslayo la letra en la pantalla gigante, los mismos que conocen tanto el timing de Casero que se anticipan a sus chistes, a cada remate.

"La segunda hora del espectáculo es mía; creo que tengo el derecho de hacer lo que se me canta cuando los he hecho reír durante una hora. Por eso los hago subir al escenario, donde tienen la obligación de dar el alma. Además, el himno es un juego que tiene que ver con poner en sincro un montón de cabezas para pacificarse, para pensar. Para eso es el humor que Dios me ha dado." Casero cambia de registro todo el tiempo, busca descolocar a su interlocutor tanto arriba como abajo del escenario. Para muchos, ésa es una de las claves de su humor. Otros se quedan así, descolocados.

Uno de esos cambios de registro salta del escenario a la platea cuando el actor se pone serio, se sensibiliza, muestra su lado reflexivo y demanda lo mismo a quienes lo escuchan. Casero en Casero muestra algo que en la tele no se ve.

"No sé si me muestro tan verdaderamente. La gente me conoce por Cha cha chá y me viene a ver porque tiene esta onda conmigo, no creo que a ellos les sorprenda", dice el actor todavía vestido de Ratón Juan Carlos.

Casero. Viernes y sábados, a las 21.

Teatro Concert, Corrientes 1218.


Entradas, desde $15

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