
Un colombiano en Las Cañitas
Andrés Arguibel 2851, Tel. 4777-4679. Abre de lunes a sábados, de noche. Vigilancia. Principales tarjetas.
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Khalú está situado en el centro de Las Cañitas, una zona que sorprende casi a diario con un nuevo restaurante. El tapial de la casa que fue quedó tal cual y las enredaderas se derraman desde el jardín hacia la vereda. Lo que ha sido una vivienda sencilla se respetó en su parte exterior hasta las persianas de madera, aunque lo más impactante es el jardín salvaje, iluminado teatralmente, que alberga además una bañera oxidada con patas de león y un juego de jardín de madera de teca. Al fondo, la entrada al restaurante, un gran espacio totalmente vidriado, desde el que se ve parcialmente la cocina, por sobre una piscina iluminada. Un lugar ideal para esperar mesa, tomar un trago o alargar la sobremesa fumando un buen cigarro. Sobre el lado opuesto, un mostrador sirve de articulación para los dos salones comedor, con techos de madera y ladrillos de panza originales. Una larga banqueta en ambos salones enfrenta mesas en blanco. Los acentos decorativos son pocos, buenos y bien puestos, y el resultado total, elegante sin estridencias y refinado sin ostentación.
La propuesta gastronómica es responsabilidad del chef colombiano Pedro Fernández y su cocina combina la raíz caribeña de sus orígenes con toques asiáticos, todo apoyado por su formación profesional en el Cordón Blue de París. El cambio de menú que acaba de producirse, a cuatro meses de la inauguración, con preparaciones más ligeras, adecuadas para la primavera, muestra platos en los que abundan las frutas tropicales, los condimentos asiáticos, el ardiente wasabi y los aromas, lavanda incluida. Esta carta, más ligera que la invernal, sorprende con un exquisito tartare de mango y salmón, muy delicado y gustoso ($ 14), mollejas caramelizadas con maracuyá (13), excesivamente dulces a mi entender, junto con otras opciones como cebiche de ostras (17) o ensalada de pulpos y langostinos (17). Bueno el guiso de pescados elegido por mi compañera (22) y riquísimo el lomito de cordero con yuca (25), de gran terneza y sabor. Otras opciones disponibles son los raviolones de salmón y wasabi (21) o el chuletón de ternera (24), que llega a la mesa en gran fuente blanca. Una degustación de postres, entre los que se contaba una excelente creme brulee al ron (10) y bavarois de maracuyá (10), llegó en igual recipiente.
Muy correcta la atención de los mozos con lindos uniformes de reminiscencias orientales y, en la cocina, Estanislao Carenzo, que estuvo a cargo del recordado Llers.





