
Un faro, un reloj, siete campanas
Los precisos mecanismos de la torre del Palacio Fuentes
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Don Juan Fuentes, como su tocayo Minetti, fue un inmigrante exitoso de principios de siglo. También como Minetti, el productor agropecuario español dio en herencia a la ciudad mucho más que un edificio:el Fuentes es un símbolo tan fuerte para los rosarinos como el Monumento a la Bandera o la tienda La Favorita.
El doctor Héctor Delgado, que nació y vive en el palacio y administra ése y otros edificios de la ciudad, tiene tal pasión por la arquitectura que promueve desde hace tiempo la restauración de inmuebles históricos. Hace unos meses, la fachada entre española e italianizante del Fuentes recobró su lozanía gracias a él.
Y sólo él sabe manejar el faro que remata la aguja del palacio, y que en otro tiempo, con un alcance de doce kilómetros, guiaba a los barcos que transitaban el río, coloreaba las noches de fiesta y hasta podía iluminar el campo de 47.000 hectáreas del comitente.
En la punta de esa aguja hace las veces de veleta una réplica de un arado a mancera con el que don Fuentes se abrió camino. Yunas coronas de hierro semejantes a las de la Estatua de la Libertad simbolizan el espíritu de los pioneros de la Rosario moderna. El reloj, comprado en la misma casa que fabricó el de la Torre de los Ingleses, funciona a la perfección gracias al asesoramiento directo de sus diseñadores, y cada cuarto de hora pone en funcionamiento un carrillón de siete campanas de inimitable sonido.






