
Un magnífico fracaso
Desde que, en los años 70, transformó a los Sex Pistols en un fenómeno, Malcolm McLaren ha sido un provocador tanto en el mundo de la música como en el de la moda. Ahora se mete con el arte. Shallow (1-21) es la obra multimedia que presentó en nuestro país. En esta nota, le reveló a LNR que lo verdaderamente revolucionario es... fracasar
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¿Quién es Malcolm McLaren? ¿El inglés excéntrico que dio vida y manejó a los inmanejables Sex Pistols? ¿El anarquista estudiante de arte que perdió su virginidad con la diseñadora de modas Vivienne Westwood, se casó con ella y abrió una boutique punk en Londres donde "nada estaba a la venta"? ¿El manager-protagonista de bandas y artistas como Bow Wow Wow, New York Dolls, Boy George y Adam Ant? ¿El artista experimental que ha hecho de la irreverencia su musa inspiradora? ¿El marquetinero egomaníaco que asegura haber estafado a la industria discográfica? Respetado y repudiado por igual, McLaren es, cuando menos, algo en concreto: un fracaso..., pero magnífico.
Según él mismo, fracasar magníficamente es el único modo de cambiar la cultura popular. Su vida puede tomarse como una sucesión de desastres sabiamente orquestados. Algunos de sus experimentos cambiaron la faz de la cultura pop; otros no tanto. Y otros podrán hacerlo en el futuro, como el proyecto artístico que vino a presentar en la Argentina, invitado por Chandon. A lo largo de su extensa carrera, McLaren disfrutó tomando el espectro artístico, dándolo vuelta y forzando sus extremos opuestos a fusionarse, provocando así el escándalo del cual se nutre: todas sus obsesiones están alimentadas por el poder de lo amateur. A los 62 años, ve el amateurismo como una criatura capaz del más espectacular fracaso.
"La naturaleza de lo que alguna vez fue el vínculo de la música, de los discos, ha perdido hasta cierto punto su exclusividad en importancia; perdió su razón de ser en la cultura pop. Ahora es todo un downloading masivo y la única verdadera, pura, única experiencia que quizá cuenta es ver un show en vivo, porque todos quieren tocar lo que es auténtico en la cultura: no podés tocarlo a través de un disco. Lo que resulta único es ir con tus amigos a ver un show. Yo no estoy montando un verdadero show, en el sentido tradicional; pero presentaré videos y voy a intentar..., no sé, exponer de alguna manera lo que estoy haciendo ahora. En fin, la gente constantemente desea algo único. Algo que puedan creer que es auténtico: vivimos en un mundo más bien ersatz, algo que es la imitación de lo original, lo que algunos describen como una cultura karaoke. La esencia de esta cultura es peligrosa, porque todo se vuelve aceptable. Si estás buscando lo inaceptable -lo cual todos hacemos frecuentemente-, lo vas a encontrar más en el contexto de un show en vivo que en una grabación", monologa, sobre el pop.
Shallow (1-21) se llama la instalación creada por McLaren, que consiste en 21 "retratos sonoros", pequeños recortes fílmicos que van desde la actriz Jayne Mansfield hablando de moda hasta el escritor William Burroughs leyendo su obra El almuerzo desnudo, con una banda de sonido dotada de clásicos pop tales como Love Will Tear Us Apart, de Joy Division. Este nuevo proyecto, estrenado oficialmente en Art Basel (la primera feria mundial de arte moderno y contemporáneo), en Suiza, comenzó el año último en la galería de arte 1-20, de Nueva York, como parte de un show grupal. Y luego evolucionó... Vestido con sobria elegancia, McLaren desplegó una mezcla de británico encanto, magnetismo y elocuencia para opinar sobre varios temas.
-¿En qué consiste la obra?
-El curador de la galería, Stefan Brüggemann, me dijo que hiciera lo que quisiera, pero que estuviera inspirado por -o incluyera- la palabra "hueco" (shallow, en inglés). Toda mi vida y labores como artista fueron impulsadas por la cultura pop: su espíritu indómito, su glorificación de lo amateur, su psicología grupal, su liberación sexual. Me pregunté qué pasaría si tomaba trocitos de música pop y los unía de modo que describieran esas sensaciones. La "experiencia hueca" de la cultura pop parecía un buen lugar para comenzar. Lo siguiente fue elegir ciertos retratos de gente imaginando, anticipando, esperando, deseando, queriendo, buscando tener sexo. Rebusqué en un archivo de películas sexuales -podríamos usar el término "pornográficas", pero prefiero llamarlas películas sexuales-; luego me concentré en los retratos y apliqué la música a la imagen casi como un collage. Los retratos no pueden hablar y no tienen narrativa. Esta la determina la música, de modo que sus sensaciones y las mías fueran las mismas. Para el nombre tenía, además, un número mágico, el 21, porque hasta esa edad pensaba en otras cosas, pero ahí tuve un hijo y mi vida cambió en cierto modo. Pero hasta los veintiuno yo tenía este tipo de... impulsos inocentes (risas). Traté de recapturar esa sensación y ofrecer mis mágicos veintiún años a través de estos films. Terminé este proyecto justo antes de venir a la Argentina.
-Como artista y como europeo, ¿tiene verdadero valor dar a conocer su trabajo en lugares tan distantes como éste?
-A mi edad, probablemente la respuesta sería "sí". Porque si no lo hago ahora tal vez no lo haga nunca. Y además, hay una... (odio usar esta palabra) responsabilidad, hay una suerte de responsabilidad como artista de diseminar, exponer, explicar, estar ahí entre la gente. Como dije, darle a la gente algo de la experiencia auténtica que uno es, si es que uno importa tanto dentro de una cultura (y sé que yo sí). Entonces, antes de que la gente reciba esa información de segunda mano, es bueno estar ahí para, al menos simbólicamente, brindar este hecho cultural; aunque fuera para unas mil personas, sigue siendo bastante bueno. Estoy feliz de haber venido aquí; quién sabe, quizá nunca retorne... He alcanzado una edad donde realmente necesito trabajar, y mucho. He sido increíblemente haragán. Nunca fui un constructor de imperios, nunca fui alguien preocupado por ser prolífico en un aspecto u otro. He sido una aventura constante. Los artistas siempre necesitan encontrar su camino, su conexión con la cultura. Y aunque estudié bellas artes muchos, muchísimos años, no creo haber encontrado aún mi nicho, mi camino, mi manera. Supongo que por haber estado tan afectado por la cultura pop.
-¿Por qué se define como "un magnífico fracaso"?
-Cuando estudiaba arte, en la primera clase aprendí algo para toda la vida. Un profesor entró en el aula y nos dijo: "Y bien, supongo que todos piensan que van a tener éxito: pintores, escultores, artistas gráficos, diseñadores de moda", y por supuesto todos asentimos; era algo que uno deseaba escuchar. Y luego dijo: "Bueno, no es así. Ninguno de ustedes lo tendrá". De golpe, nos quedamos duros. "No, ninguno. Lo que van a hacer, todos ustedes, es fracasar. Si alguno piensa que va a tener éxito, ahí está la puerta." Pasó otro minuto de prolongado, pesado silencio. "Verán, el fracaso no es algo tan malo. Es sólo una larga lucha. Ser artista es emprender un viaje que nunca termina. Entiendan eso. Y tan pronto como hayan arribado, estarán muertos. E insisto, el fracaso es algo que vendrá para ayudarlos, los hará desafiar la vida. Encontrarán una manera de quebrantar las reglas, y al hacerlo así, desafiar la cultura, espero, porque es mejor ser un magnífico, brillante, extravagante fracaso que cualquier tipo de éxito benigno." En ese momento, a mis 18 años, aprendí más de la vida, del camino recorrido y los compromisos asumidos ,de lo que sabía hasta entonces.
-Fue una gran impresión.
-Claro, me preguntaba cómo iba a hacer para explicar este mundo desde mi limitada visión de clase media y de pronto comprendí que lo que este hombre sugería era un modo muy diferente de ver el mundo. Cuando me fui de la escuela, ocho años después, seguía debatiendo cómo diablos iba a ingresar en el mundo real como un magnífico, brillante, extravagante fracaso; cómo crearía soberbios desastres. Y quizá con eso me acercaba a lo que él entendía era el rol de un artista. Creo que los Sex Pistols eran arquitectos de brillantes desastres: los creamos y manipulamos porque pensamos que eso era creíble. Que tenía integridad. El éxito jamás la tiene. Si alguien es responsable del punk rock y de mi papel en este movimiento, es probablemente aquel viejo profesor.
-Bueno, estoy impresionado.
-¡Ese era el punto! (risas)
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