
Un mudo testigo de la vida
Por Eduardo Tarnassi Para LA NACION
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"¡Oiga, madre! ¿Me escucha? °Pero, por favor, no se haga la sorda! Necesito hablarle."
Las campanas del reloj habían dado las 12, y no del mediodía. La mujer, vieja como el tiempo, dale que dale al pedal de la Singer con sus pies acalambrados.
Los ojitos entrecerrados tras los gruesos vidrios, que ya no abastecían su miopía, intentaban seguir una línea imaginaria como el horizonte dibujada en puntadas iguales y consecutivas que, a la postre, servirían para sostener el cuello de una camisa que no vestiría hombre alguno de esa casa sin hombres. Ambas habían llegado juntas de Galicia y vaya a saber uno por qué las acompañó Manolo, un perro tan flaco como ellas. La mujer, que atrás había dejado sus chivas y parte de su prole, seguía con la imaginación los millones de puntadas que la habían alejado de España y regresaba con el pensamiento a su pueblo que en nada olía igual a Nueva Pompeya.
"¡Madre, necesito que me escuche!... -clamó primero-. Madre, ¿es que no va usted a oírme?", suplicó después.
La Singer seguía cosiendo infatigable centavos que comprarían pasajes al precio del hambre cotidiana.
Manolo, con la cara encanecida y los ojos turbios por las cataratas, se apagaba junto ellas, con las que había emprendido la aventura del Nuevo Mundo. La aguja de la máquina se detuvo justo antes del ojal.
La mujer que estaba encorvada, se calzó las sandalias, acarició la cabeza del animal que no se había movido de su lado y dijo: "¿Me hablabas, hija?"
Habían pasado tres horas antes de que formulara la pregunta. Juntas bebieron un caldo raquítico de proteínas y se fueron a dormir. Una, con la angustia de no tener respuestas; la otra, sin saber qué contestar.
Por la mañana el perro orinaría los sarmientos del patio, la costurera alimentaría al jilguero, la hija plegaría las camisas paridas el día anterior y los tres comenzarían otra jornada con un objetivo tan lejano que, como la vida, valía la pena perseguir para que ésta tuviera algún sentido. Manolo era el mudo testigo de esta historia del siglo pasado cuando los argentinos no emigraban.






