Un nuevo pacto verde para saldar la deuda ambiental

Manuel Torino
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25 de enero de 2020  

Vivimos en este planeta como si tuviéramos otro a donde ir. Consumimos sus recursos, contaminamos sus ecosistemas y alteramos su temperatura con la tranquilidad del que tiene un as en la manga. Lo cierto es que los científicos no han descubierto todavía un planeta B. Lo que sí están encontrando son evidencias cada vez más contundentes de que, de seguir a este ritmo, nos encaminamos a un colapso climático.

La década que comienza será definitoria para el mundo tal como lo conocemos hoy. El informe especial del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC), conformado por los especialistas más prestigiosos, no deja lugar a interpretaciones: 2030 es la fecha límite de la humanidad para evitar una catástrofe ambiental.

Si no limitamos el aumento de la temperatura global a un máximo de 1,5 grados, las consecuencias climáticas serán devastadoras.

Intentemos dimensionar nuestra voracidad como especie: en 2019 la humanidad consumió recursos naturales por el equivalente a 1,75 planetas. Estamos sobregirados. "Cada año gastamos antes el capital natural de la Tierra, reduciendo al mismo tiempo su capacidad futura de regeneración", explican desde la ONG Global Footprint Network.

Para saldar esta deuda climática, muchos ya tomamos cartas en asunto. Ambientalistas imperfectos, empezamos a cambiar nuestros hábitos de consumo e intentamos vivir de forma más consciente con nuestro entorno.

Sin embargo, el reloj ambiental corre y las acciones individuales no parecen ser suficientes. La ciencia indica que hay que cambiar radicalmente el rumbo a nivel global. Por eso gana terreno entre las principales mentes que se dedican a pensar cómo salvar el planeta la idea de un gran acuerdo mundial para hacer frente a la emergencia, es decir, un nuevo pacto verde. O, como se lo empieza a llamar en todo el mundo, un Green New Deal.

La ambiciosa iniciativa se inspira en aquél plan que lanzó el presidente Franklin D. Roosevelt para sacar a Estados Unidos de la Gran Depresión del 29 y lo combina con ideas actuales relacionadas con la energía renovable, la eficiencia de los recursos y la inclusión social.

Este cambio de paradigma sustentable supone innovaciones en sectores claves como la energía, el transporte, la agricultura, la construcción y los negocios. Además de evitar un apocalipsis climático, sostienen sus defensores, la transformación de la matriz económica generaría millones de nuevos puestos de trabajo a nivel mundial.

"Hay que pensar en verde. Intentar salir de una crisis económica sin tener en cuenta los aspectos medioambientales es el peor error. Es como pagar el mínimo de la tarjeta de crédito, es seguir acumulando una deuda que en algún momento vamos a tener que pagar nosotros o las generaciones futuras", ilustra Manuel Jaramillo, ingeniero forestal y Director de la Fundación Vida Silvestre.

La principal impulsora del Green New Deal es la congresista más joven de la historia estadounidense, la demócrata de origen latino Alexandria Ocasio-Cortez, quien tiene la difícil tarea de convencer a un negacionista climático como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Pero afortunadamente Ocasio-Cortez no está sola: distintos líderes mundiales se están sumando al acuerdo. Por ejemplo, desde la Unión Europea (UE) se promovió una iniciativa para alcanzar la neutralidad climática, relegando los combustibles fósiles. En España, por citar un caso, el presidente Pedro Sánchez anunció una transición energética que movilizará 200.000 millones de euros en inversiones.

Por lo bajo, el nuevo pacto verde también resuena en estas latitudes. Por poco pasa desapercibida la mención del influyente ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, sobre "una agenda productiva sustentable" a la que denominó "nuestro Green New Deal". En tanto, fuentes de la cartera de Ambiente reconocen que "la Argentina tiene mucho que tomar de esta iniciativa". ¿Un primer paso? Se habla de un gigantesco plan de buses y trenes eléctricos, amigables con el medio ambiente.

Se tiende a pensar que la emergencia climática y la crisis económica son dos hechos aislados, pero lo cierto es que están estrechamente interrelacionados: lo que no funciona para una persona, tampoco funciona para el medio ambiente. Como enseña la Naturaleza, todo está conectado.

Por eso, a diferencia del New Deal del siglo pasado -impulsado básicamente por el Tío Sam-, este nuevo acuerdo necesita de la participación de todos. Cada bolsa reutilizable, cada tacho de reciclaje, cada auto eléctrico, cada panel solar domiciliario, cada edificio inteligente, son parte de la infraestructura de una nueva economía, mas horizontal y colaborativa.

"En cada uno de nosotros existe un pacto verde a nivel personal. Se trata de asumir el compromiso de ser ciudadanos responsables, conscientes de nuestros hábitos de consumo y del poder del voto para elegir a los representantes que demuestran un compromiso ambiental real", sostiene Jaramillo.

Aquí no hay grieta que valga: tanto a nivel local como global, si queremos salvar al planeta de una casi segura catástrofe climática, todos necesitamos llegar a un acuerdo. A un nuevo y urgente pacto verde.

*El autor es periodista especializado en sustentabilidad y fundador de www.Aconcagua.lat

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