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Leyendo un blog en el que aparecían muy lindas imágenes de San Antonio de Areco me volvieron las ganas de hacer viajes express y visitar esa ciudad. Mandé mail a mis amigos y en un segundo hubo quórum: ¡nos vamos de paseo!

Salimos el domingo pasado a las 11 y llegamos justo para el almuerzo. Sin perder tiempo, encontramos mesa para ocho en Guida, a media cuadra de la plaza Ruiz Arellano (la principal de este pintoresco pueblo).

Esta casa alberga de un lado un café pequeño pero adorable y, del otro, un gran salón comedor, conformado por mesas de madera recuperadas, cuadros de fotos en blanco y negro en las paredes y una linda ambientación, cálida. El gran descubrimiento fue la panera, un tachito de zinc lleno de panes (nunca se me hubiera ocurrido, me pareció genial).

Después de comer muy rico y disfrutar una buena sobremesa, nos abrigamos bien y salimos a caminar. Las calles, las casas y los negocios de San Antonio inspiran a cada cuadra. Junto al río, en el parque, una feria hippie no aporta mucho para la casa más que tablas de madera para picadas. Si te gusta esta onda, acá hay en varios tamaños para llevar.

Nuestros pasos nos llevaron hasta Segundo Sombra 411, donde se encuentra la casa de antigüedades El Tramway, también taller de refacción. Por suerte estaba abierto (no encontramos otro negocio del rubro abierto, aunque sé que hay muchos más), y pudimos ver su graciosa oferta de recuerdos.

El paseo nos volvió a llevar a la plaza principal, donde descubrimos el Pasaje El Tokio, un hermoso espacio que congrega tiendas de diseño y decoración muy bien puestas con objetos tentadores.

En el pasaje están las hermanas Helen y Heather con Garrett, un negocio que reúne ropa, mantas, jabones de varias marcas presentados en lindas cajas, portarretratos con imágenes estampadas, dulces caseros y cerámicos de Los Naranjos, entre muchas otras cosas (el mail es heather_garrett@hotmail.com). También se encuentra Ocurrencias Regalos con una sustancial oferta para niñas, objetos de hierro (paneras, centros de mesa, porta salero y pimentero, servilletero, etc.), y artesanías religiosas; y dos tiendas más dedicadas a las artesanías regionales y al hogar.


Como el plan fue básicamente venir a comer, terminamos la tarde en el café El Tokio tomando helados y cortados. El lugar es tan lindo que invita a proyectar grandes ventanales de vidrio compartimentado, paredes llenas de carteles vintage de marcas y espacios intervenidos por otros objetos antiguos que reavivan el pasado en casa.

Fuimos y volvimos en el día, contentos de saber que podemos hacernos una escapada fugaz, cambiar el escenario, renovar el aire, hacer buenos hallazgos para casa (¡no saben qué linda la panera de hierro que me compre!) y comer como si fuera el fin del mundo. ¿A dónde viajarían ustedes?






