
La Purita, una cabaña de espíritu calmo construida hace dos años, propone un encuentro franco con la nobleza del Delta
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La vida me puso en este paraíso llamado Felicaria", nos cuenta Guillermina, una mujer que se afincó en el corazón del Delta por obra y magia del destino. Escondido en el cajoncito de un secrétaire que heredó de una muy querida profesora de idiomas, años después de haberlo recibido, encontró la copia de un testamento. Ese documento determinaba que 38 hectáreas de un terreno sobre el arroyo Felicaria debían ser legadas a los isleños. "El afán de saber si su voluntad se había cumplido me trajo, junto con Dori, mi compañera de vida, a este arroyo del que no nos iríamos jamás".
De una vida urbana, a la inmersión total en el lenguaje de lunas, mareas, frutas, escarchas, aromas, leña, quietud, armonía, tormentas, silencios y delicias. Eso es lo que buscaron compartir cuando construyeron dos cabañas para alquilar, "Pura Vida" y "La Purita" (de 28m2), protagonista de esta nota.
Texto: Verónica Mariani.






