
En Garín como en la Polinesia, la casa de la interiorista Florencia Pichon Rivière se inspira en paisajes paradisíacos para definir una estética que describe todo un estilo de vida
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La larga trayectoria que Florencia Pichon Rivière tiene en ambientaciones y decoración la ha llevado a la certeza de que trabajar embelleciendo espacios ajenos requiere pasar muchas horas en ellos y muy pocas en los propios. Así que cuando tuvo a su hija, se dio cuenta de que algo debía cambiar para poder disfrutar de su crianza. Decidió entonces convocar al arquitecto Enrique Cordeyro y le encargó una casa con un local comercial para su nuevo proyecto: Tiki House, la marca a través de la cual vende muebles, objetos y blanquería de inspiración playera. Las necesidades que le planteó a Cordeyro fueron tres: que la vida diaria no se viera alterada por el funcionamiento de la tienda; que la casa tuviera un aspecto que la representara y que se acotara el presupuesto al máximo. Para lo primero, el arquitecto diagramó una planta eficiente que se administra en cintas paralelas dejando al frente, de Este a Oeste, el cuarto de la hija de Flor, el patio de recepción y el showroom. El resto de los ambientes miran al deck trasero que sea abre al jardín con la pileta. El segundo y el tercer requerimiento tuvieron la misma solución: una onda bohemia chic que se vale de materiales nobles y fibras naturales para lograr espacios frescos, veraniegos y descontracturados, a tono con el nuevo modo de vida de Flor.
Materias primas
- Los objetos de fibras naturales, como mimbre o bambú, son prácticos y livianos y se adaptan a cualquier estilo. Se pueden pintar y combinan bien con metales y vidrio.
- "Para fundas, lo ideal es usar bull, especialmente si optamos por colores claros. Es un género con buena caída, que se adhiere bien y se puede llevar al lavarropas".
- Las cortinas de texturas ligeras, como voiles, sedas y linos rescatan la luz natural y amplían los espacios. Para acentuar el efecto, conviene que sean lisas y en tonos crudos.
Producción: Magdalena Szaszak | Texto: Lucrecia Álvarez.






