
En una antigua casa de San Telmo, Monte les ofrece a pintores, cineastas, fotógrafos y escultores estudios donde desplegar su magia, lugar para intercambiar experiencias y un refugio privilegiado para vivir en la gran ciudad
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Una delgada escalera desemboca en este hall de distribución que da la bienvenida a los espacios de los artistas. En el centro, gran araña realizada por Tomás con maderas recicladas. El ventanal de vidrio repartido de colores divide este sector del patio compartido.


Arriba, el taller de la fotógrafa Guadalupe Miles y, abajo, el de la artista Lorena Guillén Vaschetti. En ambos casos, se trabajó por poner en evidencia el encanto y la calidad de la construcción: los pisos de madera conservados, los techos con molduras originales y ventanales. Se equiparon con muebles de madera reciclados, dejando mucho lugar libre para trabajar.

Abajo, el taller de Tomás Cochello, con carpintería interior e iluminación de su autoría.

En la primera foto al pie de estas líneas, esculturas y banco de trabajo realizados por Tomás Cochello. Más abajo, la sala de estar con una alfombra de lana traída del norte argentino, sillón con estructura de madera reciclada y lámpara de hierro (ambos, Tomás Cochello). Los complementos, encontrados en mercados de pulgas o cedidos por familiares que ya no les daban uso.


"Recompusimos a partir de lo que existía o se iba encontrando, con la nobleza y la versatilidad de la madera como guía. Los colores, en cambio, llegaron por azar"

La cocina-comedor de la residencia, con mesa clásica ovalada y sillas vintage.

El dormitorio con cama antigua, una banqueta transformada por Tomás en mesa de luz y lámpara de brazo móvil. "Dentro de la casa hay una vivienda para cuatro personas –con cocina, comedor, patio, cuartos y baño– donde recibimos residentes que trabajan en las artes y la cultura"

"Al compartir espacios con los demás artistas, los residentes extranjeros pueden encontrar el ritmo local y tener siempre referencias a mano"






