
Una científica de corazón
La física argentina Paula Villar, de 31 años, recibió una beca de 20 dólares anuales para trabajar en Barcelona con un simulador computacional de la actividad cardíaca, que equivale a 10 mil procesadores y ayudará a conocer más sobre salud cardiovascular
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De chica, recuerda, le gustaba mucho mirar las estrellas. Por eso pasó buena parte de su infancia y su adolescencia soñando con ser astrónoma. Pero una charla con un acreditado científico, cuando tenía 15 años, le hizo cambiar de planes. La astronomía, esa astronomía romántica de los viejos telescopios y la observación directa, ya no existía. Entonces se orientó hacia la física teórica. Y, en el camino, descubrió nuevas pasiones, las mismas que la condujeron a una carrera científica intensa y exitosa: a los 31 años, la doctora Paula Villar es una de las ganadoras de la Beca UNESCO-L´Oreal for Women in Science (ver recuadro).
Ahora, desde Barcelona, está acostumbrándose a mirar un nuevo cielo. Aunque le espera mucho trabajo (y lo sabe) en el Centro Nacional de Computación de la Universidad de Cataluña, desde donde opera, junto a un grupo de colegas científicos y dirigida por otro argentino, el también físico Mariano Vázquez, la supercomputadora más grande de Europa, el equivalente a 10.000 procesadores trabajando todos juntos.
-El proyecto es desarrollar un modelo computacional del corazón en tres dimensiones -explica Paula Villar, que de esta manera concreta un nuevo proyecto postdoctoral de investigación-. Ya se diseñó la malla del corazón como una estructura básica en la pantalla, pero habrá que agregarle las tres dimensiones: un sistema eléctrico, un sistema mecánico y un sistema de fluidos, que es lo que ocurre con el corazón real. El objetivo es un modelo que simule el funcionamiento de un corazón normal para después ir probando situaciones anormales: agregarle peso, hacerlo más chico o más grande, aumentar su frecuencia, hacer que su actividad sea insuficiente...
-¿La idea es que permita detectar enfermedades y realizar diagnósticos?
-Claro. Cada una de esas condiciones simularán una enfermedad. Y eso es lo interesante: no es sólo un modelo, sino también un simulador que permitirá lograr resultados en tiempos muy cortos, por la cantidad de procesadores que trabajan al unísono. La idea es que el día de mañana, este modelo se convierta en un software que permita a los especialistas, en el consultorio, trabajar con los valores de cada paciente y simular qué ocurre con su corazón y sistema cardiovascular.
Paula se crió en Belgrano y estudió siempre en escuela y universidad públicas. Por eso dice que participar de un proyecto como éste, con alto impacto en la vida cotidiana de la gente, le produce una especial emoción.
La idea de pasar un tiempo afuera, formándose (la beca es por un año pero puede renovarse) la tuvo bastante inquieta, porque se reconoce "familiera" (es muy apegada a sus padres, a su hermano y a Dante, un labrador que adora), y muy afectuosa también con sus amigos.
Pero no viajó sola: en Barcelona está junto a su marido, Augusto Roncaglia, que también es científico y de su misma edad, aunque "mucho más grande", explica la menudísima física, que mide 1,50, contra el metro ochenta de él, que además tiene un físico bien desarrollado, porque fue jugador de rugby y "está todo inflado, tres veces más que yo", bromea. "Augusto trabaja en computación cuántica y consiguió una beca sobre su especialidad en el Instituto de Ciencias Fotónicas de Barcelona -explica Paula-. Cuando yo decidí presentarme para la beca de UNESCO-L´’Oreal él también empezó a buscar la posibilidad de una formación fuera del país. Los físicos argentinos somos bien vistos afuera, es una buena carta de presentación."
Paula y Augusto llevaban dos años de convivencia cuando a fines del año pasado resolvieron casarse, poco después de enterarse que Paula había ganado la beca. "Pasamos la luna de miel en París -recuerda ella ahora-, cuando fui a recibir el premio. No... chicos no por ahora. Más adelante."
La joven científica dice que cree en el amor para toda la vida y que los mejores exponentes de eso son sus propios padres, María Inés Picollo y Jorge Villar, ella científica y él ingeniero. "Y también el de mis suegros, así que tanto Augusto como yo crecimos con el mismo modelo. La vida dirá..."
A pesar de su formación (tan ligada al campo de lo abstracto y el pensamiento complejo), los sueños de Paula Villar no son muy distintos de los de cualquier chica de su edad. Quiere formar una familia sin dejar de lado su carrera. "Tengo el ejemplo de mi mamá, que dirige un laboratorio y es madre y esposa -dice-. Pero sé que no es fácil. Más que una ambición, es un desafío. Pero estoy dispuesta a asumirlo."
Ciencia con cara de mujer
La UNESCO y L´Oreal se asociaron en 1998 para crear For Women in Science con el objetivo de concretar proyectos conjuntos que beneficien a la mujer en el trabajo científico.
En estos 11 años el programa reconoció los logros de casi 400 mujeres científicas de 76 países del mundo.
El programa se compone de tres etapas: los Premios L´oreal-Unesco reconocen cada año a cinco mujeres investigadoras destacadas, una por continente, que hayan contribuido de manera significativa al avance científico. Recibieron este premio dos argentinas: en 2003 la física Mariana Weissman y en marzo de 2008 la doctora Ana Belén Elogyhen, bioquímica.
Además, cuenta con las becas internacionales L´Oreal-Unesco, que se otorgan desde el año 2000 y se basan en la capacidad científica de la candidata, la relevancia de su proyecto y sus perspectivas futuras. Son entregadas a 15 estudiantes de posgrado para trabajar en el exterior. Este premio es el que ganó este año la doctora Paula Villar.
Finalmente, el programa promueve también iniciativas locales creadas por las filiales de L´Oreal alrededor del mundo, que ha beneficiado a más de 200 investigadoras, varias de ellas argentinas.






