
Una cuestión de actitud
Ser feliz es una emoción básica y más que una suma de chispazos de alegría tiene que entenderse como la construcción de un camino que depende de uno. ¿Qué deseamos, entonces, cuando decimos felicidades?
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Estamos todos de acuerdo con que si hay algo que queremos es ser felices. Buscamos, deseamos, brindamos por esa felicidad. Y cada quien sabe qué es lo que tanto ansía. ¿Lo sabe? Ante todo deberíamos tratar de responder qué entiende cada uno por felicidad. Porque a todos no nos hacen felices las mismas cuestiones. ¿Sabemos qué cosas nos hacen verdaderamente felices?
En el último de los estudios sobre bienestar y salud emocional realizado por Coca-Cola se asegura que el gran secreto está escondido en la promoción de vínculos saludables y en los efectos positivos del círculo virtuoso. Ocho de cada diez argentinos creen que las actitudes y pensamientos positivos atraen a gente con actitud y los pensamientos positivos, y en igual proporción manifiestan que a las personas con actitud positiva les va mejor en la vida. Sin embargo, sólo 4 de cada 10 declaran aplicar siempre esto en su vida cotidiana y a la mitad le gustaría hacerlo más seguido. Para más sorpresas, otra reciente investigación, en este caso realizada por TNS Gallup y la Universidad de Palermo (UP), revela que "los aspectos de la vida que generan menos satisfacción son los relativos a las condiciones laborales y a la situación económica personal".
Entonces, dónde se esconde la verdadera felicidad es la cuestión. Hoy existe una nueva idea que derriba conceptos que se promueven desde los tiempos de la antigua Grecia. Aristóteles había llegado a la conclusión de que lo que buscan las personas, más que cualquier otra cosa es la felicidad, y que para lograrla hay que recorrer el camino de las virtudes: de la templanza (sobriedad), la prudencia (cautela), la fortaleza (capacidades, virtudes, fuerza física y moral para afrontar adversidades) y la justicia (el orden, lo equitativo, lo que le corresponde a cada uno), teniendo siempre una disposición o tendencia hacia el bien (lo favorable, lo conveniente, lo que produce bienestar). Dos mil seiscientos años después podríamos reconocer a la felicidad como una virtud en sí misma, siempre que se la entienda como la construcción de una vida plena de sentido. En principio es interesante pensarla más que como un momento (o una suma de chispazos de alegría) como un proceso, un camino con verdadero sentido y auténtico proyecto personal.
"Cada uno elige, cada día, entre ser verdaderamente optimista o pesimista, fuerte o débil", dice el psicólogo español Rafael Santandreu, autor de El arte de no amargarse la vida, best seller en su país y en la Argentina. "Todos tenemos la capacidad de adoptar el hábito de dejar de quejarnos de todo, todo el tiempo", asegura quien cree que "por estos tiempos padecemos de terrebilitis" (ver aparte).
Corren tiempos en los que debería vincularse el concepto de felicidad con el de espiritualidad, entendida ésta como el arte de encontrarle la razón de ser a nuestra vida. Tan interesados están todos en dar con líderes, gurúes, técnicas, libros que ayuden en el camino espiritual…, como si se estuviera cada vez más lejos de la posibilidad de ser felices. Y hay otras dos cuestiones en las que hay que reparar para tomar en serio esta invitación a ser lo más sinceramente felices. Por un lado, lo que resulta en tiempos modernos de tanta exigencia (y autoexigencia), de sobrados deseos de ser, tener, pertenecer, de ponernos objetivos tan poco personales y sentidos, tan lejanos e inaccesibles que nos frustramos en el camino por llegar a la meta. Por otro, la imperiosa necesidad de buscar y consensuar un concepto más flexible y tangible de lo que implica ser felices.
Una sensación muy particular
La felicidad es, por sobre todas las cosas, una de las emociones básicas, como el miedo, la tristeza, la ira y el asco. Si se piensa una forma efectiva de acercarse a la sensación de bienestar, basta con priorizar y poner en práctica en lo cotidiano las emociones positivas por encima de las negativas. Psicólogos, filósofos y demás científicos coinciden hoy en que "la felicidad es una sensación subjetiva de bienestar", así como señalan que hay que asumir el compromiso de entender el paso a paso de un recorrido que requiere de una búsqueda activa del bienestar en la vida cotidiana (descontados los imprevistos que puedan sorprender en el camino).

"Hasta hace unos 30 años –explica la psicóloga argentina Laura Coccia, experta en piscología positiva– se pensaba a la felicidad como una suma de momentos placenteros. Con los estudios de investigación científica de las últimas décadas, se fue ampliando el concepto estrictamente hedonista por uno más complejo y abarcativo. Martín Seligman (pionero en materia de este enfoque moderno y salugénico de la psicología) propone una definición integral: la verdadera felicidad deriva de la identificación y el cultivo de las fortalezas más importantes de las personas y su uso cotidiano en el trabajo, el amor, el ocio y la educación."
Hasta aquí, entonces, dos miradas que merecen la integración, la hedónica (ir en busca del placer y evitar el dolor) y una perspectiva eudemónica (espíritu positivo con tendencia al bien).
Así como la espiritualidad, conceptos como empatía y solidaridad se suman para cimentar el verdadero motivo de la felicidad. De hecho, según otro estudio de Coca-Cola, realizado en diferentes países de América latina, quienes ayudan a otras personas suelen ser más felices que quienes buscan el éxito individual. "Todo lo bueno, lo positivo que deseas y das a los otros, vuelve", es lo que cree la mayoría de los encuestados. De ahí la importancia del círculo virtuoso y la necesidad de promover las virtudes y fortalezas que promueven el bienestar.
Cuanto más uno aprende a relacionarse de manera auténtica y comprometida con el otro, mayores son las posibilidades de aumentar nuestro nivel de bienestar. Las relaciones positivas no garantizan la felicidad, pero promueven sentirse querido, aceptado, fortalecido. Las creencias, las motivaciones saludables, así como las palabras positivas, aparecen como un antídoto perfecto para revertir cualquier malestar o estado pesimista. También esto se refleja en la opinión de los argentinos: 7 de cada 10 creen que las palabras tienen energía, que si uno dice palabras afectuosas, otras personas harán lo mismo con uno. Tres de cada 10 personas declaran aplicar siempre esto en su vida cotidiana. A más de la mitad de los argentinos le gustaría hacerlo más seguido, según demuestran Coca-Cola y TNS.
Una cuestión de actitud
En diálogo con la Revista, la psicóloga chilena Pilar Sordo es categórica al postular que ante todo, la felicidad es una cuestión de voluntad. "Uno de los grandes errores que cometemos respecto de la posibilidad de ser felices –explica– es que solemos asociar la felicidad con algo muy fugaz como, por ejemplo, la alegría. Como es imposible sostener un estado de este tipo, reforzamos todo el tiempo la suposición de que lo bueno dura poco. Es así como, frustrados en el intento de sostener lo que no puede ser, pensamos que la felicidad, así como la alegría, es tan sólo una suma de buenos momentos."
Sergio Sinay, sociólogo argentino, experto en vínculos, propone pensar en una felicidad elegida y construida. "La felicidad – dice- es una construcción personal, una elección vital que se juega en cada una de nuestras decisiones." Y coincide en que los tiempos modernos han bastardeado el concepto y la forma de ser feliz. En su libro La felicidad como elección (Paidos, 2011), el escritor se anima a denunciar que "hay una conspiración peligrosa que usa el nombre de la felicidad para vaciarla y desvirtuarla, y lo hace con fines de lucro, de poder y de manipulación de conciencias". Crítico de los estudios que cuantifican la felicidad en relación al éxito y la economía, está convencido de que el consumo desvirtúa el sentido de esta emoción esencial.
Claudio Ibañez, miembro del Instituto de la Felicidad con sede en Chile, encuentra a esta emoción como un agente causal de que las personas funcionemos bien. "Tendemos a pensar –explica el chileno– que si a uno le va bien, si las cosas le resultan, si alcanza lo que sueña, va a ser feliz. Pero esta es una verdad a medias y no la más relevante, porque lo que las investigaciones muestran es que hay una muy importante relación inversa: la felicidad es clave para lograr y hacer realidad nuestros sueños. La máxima sería: ocúpate primero de ser feliz y todo lo demás vendrá por añadidura.
La terapeuta Laura Coccia, directora asociada de Gympsi –programa especializado en entrenamiento emocional– define a las personas felices como aquellas que "no sólo viven sintiendo emociones positivas, sino que ponen en marcha sus habilidades y fortalezas para ir superándose a sí mismas, a través del logro de metas y desafíos que le otorgan un sentido a su vida. Y esto incluye paradójicamente el sufrimiento y el esfuerzo".
Aunque en situaciones de extremo dolor puede resultar complejo entender que ser felices es una elección. "Es cierto que sufrimos, que nos suceden cosas desagradables –reconoce Sordo–. Y debemos aceptar que el dolor es inevitable, lo que podemos evitar es el sufrimiento. Definitivamente queda en evidencia que la felicidad es una decisión asociada con el optimismo."
Feliz es, entonces, quien se dispone a experimentar placer, más allá de las limitaciones y pocas oportunidades.
"Una persona que no puede experimentar placeres pierde una posibilidad de felicidad. Pero la persona que sólo busca experimentar placeres y no una mayor trascendencia, también vive en la parte más oscura", subraya, inteligente y sensible, el licenciado Ibáñez.
En otro de los recientes informes sobre salud y felicidad desarrollado conjuntamente por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Coca-Cola se llegó a la conclusión de que "las personas que se sienten felices y son más positivas tienden a percibir que su estado de salud es mejor que aquellas que se declaran menos felices". En este estudio dirigido por Carmelo Vázquez, profesor titular de Psicología de la UCM, se destaca, entre otras cuestiones, que "estar bien se vuelve una consigna de renovado valor, ampliamente resignificada. La nueva constelación de valores advierte y aprecia el peso de lo emocional en un número creciente de esferas de la vida, incluyendo como aspecto novedoso el mundo de la salud".
Rompiendo todos los mitos de la felicidad asociada con los beneficios materiales, 9 de cada 10 latinoamericanos –según dice Coca-Cola– confirman que no se puede ser feliz sin tener una buena salud emocional. "Este tipo de bienestar aparece como un equilibrio que conjuga los controles subjetivos que evitan los excesos y las cuotas de pequeños placeres que hacen la vida disfrutable, a lo que suma un uso intensivo del tiempo en pequeños rituales cotidianos: compartir tiempo con amigos, con las parejas y los hijos, con los padres, comer juntos y conversar…, aprovechar ocasiones gratificantes, buscarlas y producirlas."
El español Eduard Punset es colaborador, desde los primeros tiempos, del Instituto de la Felicidad que funciona en Madrid. El prestigioso y popular científico se suma a esta línea de la felicidad como acto de voluntad y actitud. Punset cree que "para definir lo que implica la felicidad hay que reconocer la importancia de lo que los expertos llaman su elemento, aquello que le hace vibrar a uno. La felicidad requiere mucho esfuerzo individual. Ante todo, porque debemos admitir que la mayor parte de nuestras decisiones están movidas por nuestro mundo emocional y no por la razón. No se trata de controlar o superar las emociones, sino de gestionarlas", marca la diferencia (ver aparte).
El dinero no es garante
Cada vez más lejano parecería estar el ideal de satisfacción y la acumulación de bienes, poder y progreso. Ya no se habla sólo de saber administrar el dinero, sino de, tal como subraya Punset, gestionar nuestro mundo emocional y, así, vivir más y mejor.
"Cometemos el error de creer que la felicidad depende del vértigo por tener y acumular –agrega Pilar Sordo–, cuando en realidad hay que saber desprenderse, desapegarse. El confort permanente genera aislamiento e individualismo y la felicidad es dinámica social, saber compartir, generar vínculos, redes saludables. Así como hay que centrarse en lo que uno tiene y no en lo que le falta, debemos aprender a ser agradecidos."
Tanto buscar el éxito y perseguir la fama, el dinero y el poder para, al final del camino, descubrir que la clave está en otra parte.
Según TNS Gallup y la Universidad de Palermo (UP), sobre la encuesta realizada a 1012 argentinos de todo el país, "los ejes sobre los que se construye la felicidad son la familia (mencionada por el 17%), el amor (13%) y la salud (10%). El dinero –completa el informe- no aparece entre las 10 primeras palabras con que las personas definen su idea de felicidad. En la mayoría de los estudios internacionales, los encuestados no asocian al bienestar con variables económicas. Los aspectos de la vida que más satisfacen a las personas son referidos a las relaciones interpersonales, los vínculos familiares (según respondió el 90% de los encuestados), los amigos (89%) y la pareja (83%). En segundo orden –precisa el estudio– los argentinos manifiestan satisfacción con el entorno en donde transcurre su vida: la vivienda (79%) y el barrio (78%). Finalmente, los aspectos de la vida que generan menos satisfacción son los relativos a las condiciones laborales (65%) a su situación económica personal (63%)".
Se cree que quienes encuentran el equilibrio entre trabajo, familia, amistades y ocio suelen ser más felices que quienes anteponen su carrera a cualquier otra prioridad.
El estudio presentado en 2010 por la Academia Nacional de Ciencias de EE.UU. desmiente la teoría de décadas anteriores de que la felicidad de una persona depende de su personalidad y que, por lo tanto, apenas varía a lo largo de la vida. Gracias a la neuroplasticidad del cerebro, alcanzar la máxima satisfacción es también un asunto flexible. Sería saludable que, de la misma manera, podamos flexibilidar el concepto de lo que implica.
En suma, se sabe ahora que la felicidad no se hereda. Que se construye, se aprende, y por ende puede evolucionar por la predisposición a revertir emociones negativas y promover los factores que facilitan el bienestar psicológico y, entonces, físico. "La felicidad no puede conseguirse, debe seguirse como si fuese el efecto secundario no intencionado de la dedicación personal a algo más grande que uno mismo…", dice el gran Víctor Frankl, autor de El hombre en busca del sentido.
Cinco letras, cinco claves
Hay tantas ideas de felicidad como personas en el mundo. Lo que hace feliz a una persona no es lo mismo que lo que la hace a otra. A pesar de ello, desde la psicología positiva, Seligman y sus colaboradores concluyeron que hace falta poner en marcha un modelo al que llamó Perma, por sus siglas en inglés
- (Positive Emotions) Emociones Positivas: mientras mayor sea el número de emociones positivas que sentimos en el día en relación a las emociones negativas, mayor nuestro bienestar.
- (Engagement) Compromiso: se refiere a la capacidad de comprometerse de manera positiva en las situaciones cotidianas, utilizando nuestras fortalezas personales.
- (Relationship) Relaciones: vincularse estrechamente y desarrollar relaciones gratificantes, profundas y estables ayuda a mantener nuestro nivel de bienestar alto.
- (Meaning) Sentido: el pertenecer a algo más grande que uno mismo (proyecto, grupo, etcétera) y realizar aportes que nos trasciendan y nos otorguen sentido vital es uno de los pasos para el bienestar.
- (Accomplishment) Logro: sentir que uno puede proponerse metas y cumplirlas aumenta el bienestar subjetivo.
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