
Una cuestión de actitud
Con Las mantenidas sin sueños, historia que ella misma escribió, la actriz dirigirá su primera película. Una apuesta a sus más íntimas convicciones
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La herida profunda y la mirada sin piedad que Carlos Alonso supo traducir en Manos anónimas , una de sus más bellas y también más dolorosas obras, fueron devoradas una y otra vez por Vera Fogwill. "Sus mujeres, su Paloma (hija de Alonso, secuestrada en la última dictadura militar), me inspiraron, me emocionaron", repite apasionadamente mientras su cuerpo acompaña una eterna danza. Los trazos del artista mendocino la siguieron en la construcción del guión del que será su primer film como realizadora, Las mantenidas sin sueños . "Una película casi coral y muy vincular", se anima a anticipar la historia que codirigirá junto a Martín Desalvo y por la que ya consiguió el premio Opera Prima del Instituto de Cine y el reconocimiento al desarrollo de la Hubert Bals Fund, del Festival de Rotterdam.
"Nadie es independiente, todos estamos aferrados por el miedo a algo", dispara. Así somos todos y también los personajes de Las mantenidas... , la primera parte de la trilogía que Fogwill escribió a lo largo de cuatro años y en la que pondrán voz y cuerpo Mirtha Busnelli, Mia Maestro, Rodrigo De la Serna y Gastón Pauls. "Hablo de la gente que depende de otro, de gente de clase media (una clase que nunca existió, nos mintieron) que se vino abajo", dice . Como en su vida (estudió guitarra por varios años) la música jugará en la película un papel fundamental. "La van a hacer los Babasónicos -cuenta como si tuviera un ataque de taquicardia-. Ellos compusieron hace dos años la música del unipersonal Chica fría, que nunca subió a escena. Espero poder hacerla subir pronto, es una ópera rock que habla del genocidio en nuestro país."
Cuando de escribir se trata, Vera reconoce ser absorbida por completo. "Cuando era chica hacía dibujos donde ubicaba a gente en grandes casas y las conectaba, contaba sus historias a través de los dibujos -confiesa para develar una pasión que la acompaña desde los primeros años de su vida-. Tengo pilas de obras de teatro, de investigaciones y de guiones. Todo lo que hago lo hago porque lo siento."
Y en ese sentir, la joven idealista e ingenua que supo ser en Buenos Aires viceversa (1996, de Alejandro Agresti) mantiene una relación de desapego con lo material. "Soy feliz por no ser parte de los que se llenaron de plata en un país en el que a la verdadera gente se la robaron."
Consciente de vivir en una sociedad en la que lo primero que se cortan son las emociones ("de chico lo primero que te dicen es que no llores en público"), Vera se permite ver y escuchar la realidad, esa que la entristece y le despierta las más furiosas contradicciones. "Me parece siniestro lo que nos han hecho -dice enérgicamente-. A veces me siento muy pelot... preocupándome por mi película, pero es el lugar desde el que yo puedo aportar."
Lejos de las definiciones y de los dictámenes, Fogwill se desenvuelve en el marco de su ética y su moral. "Quizá sea una visión amoral y antiética, pero es mía y la trato de respetar. Para mí, el súmmun está en el todos los días, en la búsqueda por ser lo que soy y lo que seré."
Ese hacer día tras día fue clave durante su infancia. "Me crié entre armar puestas de teatro en casa y las eternas preguntas de adónde nos escondemos y adónde vamos", recuerda. Hija del escritor Rodolfo Fogwill ("cuando empecé a escribir se sacó el Rodolfo y dejó sólo el apellido, como para que todo lo que hagamos sus hijos sea una especie de extensión suya") y del vanguardista y polémico director de teatro Alberto Ure y de Juana (no se trata de realismo mágico, es que Rodolfo se separó de Juana durante el embarazo. Cuando ella nació, Ure vivía con su mamá), Vera encontró en ellos los referentes que la marcarían de por vida: escritura, teatro y disciplina.
De formación integral, Fogwill escapa a considerarse como una actriz, escritora y futura directora. "Estoy convencida de que se puede hablar de lo que uno es recién al final de la vida, una vida que puede ser larga o corta. Definirme me sienta poco libre", asegura la mujer que recorrió la frontera entre la locura y el arte de la poeta uruguaya Delmira Agustini en La pecadora (Habanera para piano) , en la recordada actuación que le valió un premio ACE.
"Mi concepto de la actuación tiene que ver no sólo con lo que uno hace, sino cómo lo hace -analiza-. Si ser actor es estar lleno de plata y ser una fija en la revista Caras, yo no soy actriz. Pero si el actor es el que está produciendo una búsqueda para expresar algo que pueda aportar una reflexión, entonces, puedo llegar a ser actriz."
Fogwill estira el cuello como le enseñaron en sus clases de ballet y admite que le divierte haber heredado el título de condesa. "Papá me mandó por e-mail el escudo de la familia (irlandeses) y el título. Eso sí, me aclaró, Felicitaciones condesa, pero no hay un mango. "
Vera Fogwill
- Hija del escritor Rodolfo Fogwill y criada en el teatro por el que considera su segundo padre, Alberto Ure, la joven actriz reconoce que Juana, su mamá, es a quien más admira: "Ella me enseñó la disciplina".
- Renuente a definirse como actriz, Vera ve la actuación como un arte puro, un trabajo artesanal. A los 16 años presentó en Babilonia su primera obra, Abre el ataúd que yo me encierro . Trabajó en televisión (Zona de riesgo y Vulnerables) y fue la actriz fetiche de Alejandro Agresti en Buenos Aires viceversa y El viento se llevó lo que.






