
Una mordida, una fractura y 6.800 km sin calzado: la increíble hazaña de Eamonn Keaveney para volver al Guinness
El recorrido comenzó en Turquía y terminó en Irlanda después de atravesar diez países y soportar temperaturas extremas durante más de un año
5 minutos de lectura'

Eamonn Keaveney volvió a establecer el Récord Guinness de la caminata descalza más larga después de completar un recorrido de 6.805,83 kilómetros entre Turquía e Irlanda. El irlandés, de 34 años, necesitó 369 días para finalizar el desafío y llegó a Claremorris, su ciudad natal, el 7 de marzo de 2026.
La distancia alcanzada representa un salto considerable frente a las marcas que habían antecedido su nuevo registro. Keaveney había conseguido anteriormente este mismo récord en 2016, con una caminata de 2.080,14 km dentro de Irlanda. En 2024, Pawel Durakiewicz, de Polonia, elevó la referencia hasta los 3.409,75 km.
El nuevo resultado de Keaveney supera en más de 3.396 km aquella última marca. Su expedición comenzó en Estambul el 4 de marzo de 2025 y terminó después de atravesar Turquía, Bulgaria, Rumania, Hungría, Austria, Alemania, Francia, Inglaterra, Gales e Irlanda.

Más que mantener una ruta idéntica durante todo el trayecto, el caminante tuvo que adaptar las etapas a las circunstancias que encontraba. El clima, las características de las vías y la logística determinaron buena parte de sus decisiones diarias. Su previsión inicial era rebasar los 6.000 km, pero terminó sumando más de 800 km adicionales.
Completar esa distancia sin zapatos convirtió las condiciones del terreno en uno de los principales desafíos. Las superficies cambiaron constantemente entre carreteras asfaltadas y caminos rurales, mientras que las temperaturas también obligaron a modificar el ritmo. Hungría fue uno de los puntos más exigentes por el calor. Allí tuvo que interrumpir temporalmente la marcha en algunos momentos para afrontar las altas temperaturas.
La preparación había comenzado antes de salir de Estambul. Keaveney acostumbró sus pies a caminar y correr sin protección, aunque ese acondicionamiento no impidió que aparecieran lesiones durante los meses siguientes. El desgaste de las plantas llegó a producir sangrado y el contacto con objetos presentes en el camino provocó heridas adicionales. Una espina de endrino terminó ocasionándole una infección que lo mantuvo una semana sin caminar.

El último tramo tampoco estuvo libre de problemas. Aproximadamente una semana antes de completar la expedición, sufrió un golpe en uno de los dedos del pie que terminó en una pequeña fractura. La lesión requirió más de un mes para recuperarse completamente. “Mis pies recibieron un castigo muy fuerte”, afirmó Keaveney en declaraciones recopiladas por la organización Guinness World Records al describir las consecuencias de recorrer miles de kilómetros sin calzado.
Uno de los episodios más particulares ocurrió cuando apenas había comenzado su recorrido europeo. En la localidad turca de Süloğlu, un perro lo mordió y el incidente hizo necesario que buscara atención médica para recibir una vacuna contra la rabia. “Un encuentro que me viene a la mente fue casi al principio, en un pueblo llamado Süloğlu, en el noroeste de Turquía. Justo el día anterior, un perro me mordió en las nalgas, así que necesitaba una vacuna contra la rabia, y por suerte había un pequeño hospital en el pueblo”, contó.
La ayuda no terminó en la atención médica. Un residente lo recibió para desayunar y tomar café, mientras que la nieta de esa familia le preparó un mapa para orientarlo hacia el hospital. Este tipo de encuentros formó parte de una experiencia en la que su particular forma de viajar generó reacciones constantes. Keaveney contó que las personas solían sorprenderse al verlo caminar sin zapatos, aunque describió la mayoría de esos contactos como positivos.

La distancia no fue la única variable con la que tuvo que lidiar. Durante la expedición llevó una mochila con provisiones y otros elementos necesarios para sostenerse durante las distintas jornadas. El peso se convirtió en una molestia constante, especialmente porque la caminata se extendió durante más de un año. En la primera parte del trayecto estuvo acompañado por su novia, Ellie, aunque ella realizó el recorrido utilizando zapatos.
El irlandés había decidido asumir el desafío después de su primera experiencia con el récord. Aquella marca de 2016 le sirvió como punto de partida para pensar en una prueba de dimensiones mucho mayores. “Desde que rompí por primera vez el récord de viaje descalzo, quería hacer otra gran caminata”, explicó.
Su siguiente objetivo fue llevar la idea fuera de Irlanda y convertirla en un recorrido internacional. El resultado fue una expedición que terminó triplicando la distancia de su primer récord. La caminata entre Estambul y Claremorris se incorpora a una trayectoria que ya incluía otra marca de Guinness World Records.

En 2023, Keaveney consiguió completar el cruce más rápido de Irlanda en monociclo en la categoría masculina. Lo hizo en 5 días, 5 horas y 23 minutos.
Después de finalizar su recorrido más reciente, el irlandés quedó en proceso de recuperación por el desgaste acumulado durante los 369 días de la expedición. Por ahora no ha establecido cuál será su siguiente desafío.
Lo que sí consiguió fue elevar nuevamente el límite de una marca que ya había obtenido diez años antes: pasó de los 2.080,14 kilómetros de 2016 a 6.805,83 km descalzo, convirtiendo su segundo intento en un recorrido de escala continental.
Por Pablo Pachón Ramírez
1
2Rafael Hidalgo, personal trainer: “Si una persona de más de 70 años camina 20 minutos al día, ya se obtienen beneficios”
3Álvaro Puche, entrenador: “Si a los 50 podés mantener los talones arriba durante 30 segundos, hay fuerza y estabilidad”
4Efemérides del 12 de septiembre: ¿qué pasó un día como hoy?
