
Undécimo mandamiento: no evadirás
Cuando los descubrieron, ellos ya se habían esfumado. Durante varios días, los sabuesos de la DGI allanaron sus propiedades, pero no encontraron ni rastros del empresario exitoso y de su plástica mujer. Sospechados de evadir impuestos al declarar menores ingresos de los que evidenciaba su ostentoso ritmo de vida, se hicieron humo en una tarde, justamente ellos, que se repetían infatigables en las revistas vernáculas. El exilio les duró poco, lo suficiente como para planear la defensa, porque esto era, sin dudas, una maniobra política para demostrar que ni a los amigos del Presidente se les perdona el fraude. Cuando reaparecieron en escena desde la tapa de un medio, entre lágrimas confesaron que todo el lujo, la ropa y la platería que mostraban las fotos eran alquilados para las notas. No explicaron cómo, pero aclararon que él es un triste jubilado del menemismo que cobra 3000 pesos mensuales y vive en un sencillo departamento de Palermo que compró gracias a los años de trabajo honrado. "Soy un hombre de bien, no le robé a nadie", asentía con gesto pétreo en la conferencia de prensa que ofreció para aclarar su situación y, de paso, anunciar que donaría unos pesitos para fomentar el progreso en su Monte Chingolo querido. Pero la filantropía no alcanza para pagar las deudas morales, y menos las fiscales.
Tal es la sofisticación del delito en este moderno e ingenioso fin de siglo que hasta hubo que redefinir las consignas bíblicas. En el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica que Juan Pablo II dio a conocer en 1992, se explica que retener un bien ajeno, aunque no esté contemplado en las leyes civiles, contradice el séptimo mandamiento (No robarás) y entre los ejemplos delictivos que atentan contra este principio, el Papa señala al fraude fiscal como uno de los más representativos. Entonces ¿es ladrón sólo el que empuña un arma y roba a domicilio?
Los diccionarios coinciden en señalar que evadir quiere decir fugarse de un peligro inminente, eludir una dificultad prevista. A su vez, la palabra impuesto significa tributo, prestación pecuniaria requerida por el Estado o sus órganos a los sujetos económicos, con el fin de atender las necesidades públicas. Delito, ya todos lo saben, es la violación de la ley, y tiene una importancia menor que el crimen. En este contexto, se define la figura del evasor, que no es ni más ni menos que un ladrón que huye de sus obligaciones impositivas al apropiarse del dinero de toda una sociedad, con el agravante de que, en el caso local, estafa a 37 millones de personas.
"Si todos nos comportáramos por milagro bien... Pero el evasor no es un pobre ser perseguido e indefenso, es jurídicamente hablando un delincuente sobre el cual debe caer el peso de la ley, y además es merecedor de la condena social por su actitud egoísta y careciente de espíritu solidario para con los que convive -explica Carlos Tacchi, ex secretario de Ingresos Públicos durante la gestión del ex ministro Domingo Cavallo-. Es la peor corrupción porque está generalizada, es la que tira abajo la confianza del ciudadano. La gente tiene que entender que le roban el valor del impuesto. Sin lugar a duda, los evasores son verdaderos ladrones."
La evasión impositiva es hoy un agujero negro en la economía y lamentablemente también en la moral argentina si se tienen en cuenta las declaraciones que hizo en la Cámara de Diputados el mismo director de la Administración Federal de Ingresos Públicos, Carlos Silvani, al reconocer que se evadieron durante los primeros 10 meses de este año, sólo en IVA, más de 17.000 millones, es decir el 39,3% del total de la recaudación en lo que va de 1997, amén de aclarar que es el impuesto sobre el que más fácilmente se puede calcular el monto del fraude.
En el proyecto de presupuesto nacional para el año próximo, el Ministerio de Economía planea recaudar cerca de 22.000 millones en el IVA, es decir, casi la misma cantidad que hoy se evade. Una friolera si se piensa en términos de las necesidades tangibles que atraviesa el país, si se tiene en cuenta que con esos dineros se podría solucionar parte de las indiscutibles carencias en salud, desempleo y salarios, que son consecuencia, entre otros factores, de esa escasa conciencia tributaria de los ciudadanos.
Pese al optimismo de Silvani, que asegura que la evasión está disminuyendo, los economistas más renombrados sostienen que, por el contrario, desde 1994 la recaudación está cayendo en relación con el PBI, lo que constituye un problema aún más serio porque pone en evidencia el engaño: si crece la producción ¿cómo es que no se pagan más impuestos?
Tacchi: "Todavía queda una cuota de ineficiencia en el gasto público. El público percibe lo que paga. Sólo cuando vea en qué se está gastando el dinero que aporta, tendrá la voluntad de abonar sus impuestos"
"Por ese motivo se ha hecho la culturización tributaria -agrega Tacchi-, para que la sociedad tome conciencia de que ella es la verdadera y única dueña de los tributos, y en consecuencia la principal interesada en la lucha contra la evasión, por lo que es necesaria su participación activa en el pedido de facturas. Esa es la legítima defensa de su interés como destinataria final de los recursos." La magnitud de este concepto puede ilustrarse concretamente en el exponente más difundido del marketing contra la evasión: si el denunciado empresario de la carne José Alberto Samid abonara como cualquier hijo de vecino los 88 millones de pesos en concepto de impuestos que se supone no pagó, el Estado podría mantener holgadamente durante un año la asistencia gratuita de la mitad de los 10.000 enfermos de SIDA declarados en Argentina, que invierten en su recuperación cerca de 1400 pesos mensuales, y a los que el Estado les ha destinado 65 millones para 1998.
No es el único ejemplo: la deuda del amigo del Presidente, admirador de Saddam Hussein y alguna vez diputado del PJ constituye sólo el 0,48% de la evasión del IVA, suponiendo que la cifra sea de 18.000 millones.
Seguramente no le quita el sueño saber cuál es la dimensión social de su delito, pero si las intensas campañas intimidatorias de la DGI sirvieran para persuadir a alguien, aunque sea con lo que no se paga de IVA, al Gobierno le alcanzaría para sanear los costos directos de su revolución productiva.
Sin ir más lejos, con esa cantidad se puede aumentar unos 750 pesos el subsidio mínimo de 200 que actualmente cobran los dos millones de desocupados que esperan reinsertarse en el circuito económico del que fueron expulsados sin contención alguna; y en vez de burlar a los jubilados con alfajores y sándwiches de mortadela antes de avisarles que pocos percibirán los benditos cincuenta pesos, se podría incrementar casi en un 570% los 200 magros pesos que cobran un millón trescientos mil abuelos.
Los 611.000 docentes que dependen del Estado y que ganan un básico inicial de 203 pesos en Corrientes se verían favorecidos con un aumento del 1200%, lo que elevaría el salario a un mínimo de 2.500 pesos.
Si ese monto se destinara exclusivamente para pagar la deuda externa, en cinco años y medio ya estaría saldada. Se podrían construir 900.000 viviendas económicas por año, teniendo en cuenta que una casa tipo se puede levantar con 20.000 pesos, y comprar 818 aviones hidrantes turbohélice para combatir incendios forestales o plagas agrícolas, que cuestan 22 millones de pesos.
La recuperación de la evasión del IVA serviría para poder cumplir más de tres veces con el déficit anual del país, que es de 4000 millones. Y si de saldos pendientes locales se tratara, con unos pocos pesitos se podría limpiar veinte veces el Riachuelo, hasta dejarlo tan cristalino como una playa caribeña.
Pero lo del IVA no es todo: hay otros tributos. En el impuesto a las ganancias se evaden cerca de 8000 millones, y en el que grava a los bienes personales ya perdieron la cuenta, porque apenas ingresan unos 670 millones, el 30% del potencial calculado.
Algunos economistas creen que el problema no es lo que se deja de pagar sino la cantidad de promociones y exenciones con que beneficia el régimen. Pero de todos modos ¿quiénes son los responsables de semejante volumen de evasión? "Si uno supiera quiénes son, va y lo inspecciona. Lo que pasa es que es un comportamiento generalizado -explica José María Peña, ex director de la Auditoría Fiscal y jefe del famoso equipo de Los Intocables de la DGI-; los grandes evasores son los grandes contribuyentes, las grandes empresas nacionales y multinacionales. Es fácil de entender: el 85% de los contribuyentes que pagan aporta el 15% de la recaudación, pero el restante 15% evade el 85% de lo que debería recaudarse.
"Lo que ocurre, y hay que decirlo, es que los grandes traen problemas. Cuando las automotrices utilizaban en forma irregular el sistema de importación del usuario particular falsificando los despachos costó mucho descubrirlos, pero finalmente Macri fue procesado y pagó los ocho millones que debía. Lo mismo ocurrió con los reintegros del oro, o los 37 millones de IBM. Ese caso lo denunciamos luego de comprobar el fraude hecho a través de su intermediaria CCR, reunimos todas las pruebas. Yo ya era vicegobernador electo de Santiago del Estero, así que me tomé unos días. Cuando regresé, fui a ver a Cossio, que era el titular de la DGI: no estaba más. Fui a ver a Angel Giannettasio, mi segundo. No estaba más... Habían borrado de un plumazo toda la Auditoria Fiscal que desbarató el caso IBM-Banco Nación... Es decir que cuando se ataca a los grandes defraudadores siempre hay problemas", recuerda hoy Peña, con una sonrisa amarga, porque su salida del organismo no fue la que creía merecer después de haber trabajado durante cuarenta años supervisando inspecciones en todo el territorio nacional.
Sin duda, la recaudación de impuestos está íntimamente ligada con la política. Si no hay voluntad política de aplicar el rigor de la ley a todos por igual, cualquier intención administrativa naufraga, porque atrapar a los poderosos no sólo es económicamente interesante, sino que cumple una función ejemplarizadora, que en algún momento impacta en los más pequeños.
Peña sostiene que hay voluntad, pero que todavía fallan los controles en ciertos organismos, como el caso de la Aduana, y algunos vinculados con el sector de la carne, donde se registran múltiples irregularidades. "En esa época recibí más de 200 denuncias sobre frigoríficos donde se pergeñaba todo tipo de maniobras fraudulentas, desde retenciones hasta matrículas truchas. El Senasa le daba matrículas a todo el mundo, a impudientes, a pobres de solemnidad. Hubo un caso insólito de un vagabundo que vivía en una casa de chapas. Le dieron 20 pesos, le pusieron un traje usado y lo llevaron a sacar una matrícula. Con eso acrecentó retenciones. Cuando fuimos a cobrarle ¿qué le íbamos a cobrar? Era un indigente, ni sabía de qué se trataba. ¡Sólo recordaba que había ido al centro, a la calle San Martín! Esos son los descontroles que dificultan la recaudación. Pero hay que empezar por ahí, no se puede atomizar el trabajo persiguiendo sólo a los pequeños comercios."
El evasor puede circular oculto en un elegante traje de corte italiano, o enfundado en jeans y zapatillas. No hay distancias sustanciales. Ambos son delincuentes que llegan a esa situación por diferentes motivos, ya sean culturales, sociales, políticos, económicos, educacionales.
Según Carlos Tacchi, una sociedad tiene tendencia a la evasión cuando en ella está arraigada una tolerancia generalizada a la violación de las normas: cruzar con semáforos en rojo, sobornar, ensuciar lugares públicos, como los hospitales, contaminar el medio ambiente.
En el trabajo Propuestas para reducir la evasión fiscal -que obtuvo el Premio Manuel Belgrano, que otorga el Consejo Profesional de Ciencias Económicas-, Daniel Schwartzman sugiere que esta sociedad le da la espalda al problema, una actitud propia del argentino, que es un transgresor por naturaleza. "El mismo Presidente dijo: Yo soy un transgresor. La evasión fiscal es, en principio, una transgresión que reporta un beneficio económico, pero que le permite al individuo manifestar su oposición o descontento con la acción del Estado. El mismo Estado transgrede mediante la acción de sus funcionarios, de las leyes y las normas. No se puede negar que la coima existe ni que los grupos sectoriales influyen en la acción de control y sanción de fraudes y contravenciones. La gente reclama conocer, y no lo obtiene, qué condenas efectivas pesan sobre quienes cometen importantes ilícitos en materia de administración pública. Existe un natural pudor por parte de los argentinos a reconocer los privilegios propios, e incluso a denunciar los ajenos. De allí que se ha desarrollado una suerte de connivencia colectiva, forma hipócrita de vivir y dejar vivir, tolerando los abusos de los demás, como forma de que los propios no sean objetados."
Para Macon, especialista en impuestos que Schwartzman cita en su trabajo, la principal causa de la evasión es la evasión misma, un proceso autoalimentado. "La historia sería así: un contribuyente cumplidor tiene contacto con otro, aproximadamente en sus mismas condiciones, que no paga o paga menos, y goza de impunidad. Como consecuencia de lo cual se siente tentado a hacer lo mismo. Luego comunicará su experiencia a un tercero, y así sucesivamente, con lo que la causa de la evasión es su difusión, y al decir esto estoy fomentándola."
Entre las particularidades culturales que nos endilgan en el resto del continente (hay otras, claro, más halagadoras) están la viveza criolla, la especulación, el ingenio popular y una fuerte predisposición hacia lo prohibido, y como consecuencia algunos sostienen que las causales de la evasión en estas pampas pueden suscribirse a ese espíritu latino y al subdesarrollo que todavía padecemos. Quizás en ese plano pueda comprenderse la ecuación mental más frecuente que hace el individuo cuando se persuade a sí mismo de no cumplir con sus obligaciones tributarias.
A Luis María Peña la experiencia le demostró que el contribuyente cree que a él no le va a tocar, y se tranquiliza convencido de que, si le toca, con alguien puede arreglar, y si llega a la Justicia, también.
Peña: "Creo que el 90 por ciento de los juicios actuales son incobrables, porque a los evasores se les ha dado mucho tiempo. Algunos desaprecieron. Hay sociedades que ya no existen. ¿A quién le vamos a cobrar entonces?
No hay justificativos para nadie, pero hay quienes incurren en el delito porque la expansión económica les juega una mala pasada. "Hace siete años- recuerda Peña- me tocó trabajar en Mendoza y descubrimos una empresa de computación que estaba trabajando con material de contrabando. Conseguimos pruebas, hicimos la denuncia. Cuando fuimos a hacer el allanamiento con la orden judicial, el dueño me dice: ¿Por qué me van a llevar, por qué voy a ir yo solo? Bueno, sos el único responsable, le expliqué. No, acá todos los comercios trabajan así; si no traigo de esta manera la mercadería, tengo que cerrar. ¿Ah sí?, le dije. ¡Ya mismo me das la dirección de todos esos! Como era la siesta y en el interior duermen, hicimos tiempo, conseguimos las órdenes y los metimos a todos adentro. El hombre se vio forzado por la competencia desleal; los otros no pagaban y se ahorraban el dinero. Eso genera la evasión, el que no paga tiene mayor rentabilidad y el que paga termina quebrado o evadiendo. Luego, aumentan los impuestos: el IVA, en 1989, empezó en un 13% y subió a 21%, y de ahí no puede bajar."
Para Peña existen tres tipos de evasores: uno es el que no puede cumplir, porque no le alcanza para la luz ni los sueldos (común denominador de las pequeñas empresas); otro, el que por razones adversas llegó un momento en que se vio forzado por la competencia, y el último, el peor, es el que planea la estrategia evasiva para beneficiarse. Nada disparatado. Sólo basta recordar quiénes fueron los protagonistas de los episodios más resonantes de los últimos años.
Pero la conclusión a la que los conocedores del fenómeno arriban es que mientras el Estado no le devuelva a la sociedad una justa distribución de su aporte, seguirá otorgándole un fundamento para persistir en la infracción. "Lo que más estimula es la falta de transparencia de los administradores públicos. Aunque en la Argentina ha habido un cambio trascendente en la erradicación de la corrupción, al eliminarse las estructuras públicas, todavía queda una ineficiencia en el gasto, en lo que yo llamo el camino de la doble vía. Por un lado van los ingresos al Estado para que los administre. Este los manda de vuelta por otro camino, donde ayuda a la salud, los jubilados, la educación, al agua potable y a obras de infraestructura básica. Aquí es donde el pueblo percibe lo que paga. Entonces, si ve en qué se gasta su dinero, tiene voluntad de abonar sus impuestos", explica Tacchi.
Mientras tanto, este año en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires se marcó un récord histórico: por primera vez el presupuesto para el año próximo dio un superávit de 1.300.000 pesos. Según el secretario de Hacienda y Finanzas, Adalberto Rodríguez Giavarini, el control de la recaudación fue un éxito porque se apuntó exclusivamente a transparentar el gasto por medio de licitaciones nacionales e internacionales y "gracias a eso nos encontramos con reducciones de hasta un 40% en servicios importantes que produjeron una baja del gasto sin afectar la calidad. Cuando asumí había una moratoria y nosotros decidimos no tenerla, porque la moratoria premia al evasor y castiga de alguna manera al que siempre cumple. Yo creo que el argentino tiene una conciencia tributaria muy influida por lo que fueron los años de cultura inflacionaria. Pero junto con la estabilidad, y si el Gobierno demuestra vocación de servicio y devuelve en obras lo que cobra, la conciencia aumenta. Nosotros para dar mayor transparencia a la gestión creamos un registro público de proveedores de bienes, local o internacional, acompañado de redacciones de pliegos de licitación comprobables, de características universales y consenso del mercado, y en las compras de la ciudad, hasta que no funcione la nueva Legislatura, le pedimos a la Sindicatura General de la Nación -que depende del Ejecutivo, de otro color político- que nos dé un servicio de precios máximos. Es decir, nos dan un techo en el gasto. Yo creo que es posible trasladar esto a la Nación. Particularmente, creo que acá se trata también de un estilo de gobierno".
Durante este año, la DGI detuvo a 18 personas. Sólo a 12 le comprobó el dolo, por lo que se les dictó sentencia firme, y los últimos dos empresarios que permanecían presos -dueños de la fábrica de pinturas Cintoplom, que se acogieron a los beneficios de una promoción industrial que no les correspondía- salieron en libertad hace un mes. Entre febrero y junio de este año, se subastaron cien bienes pertenecientes a 95 deudores, todos del interior, y se calcula que quedan por cobrar cerca de 6000 millones de pesos en juicios, aunque mediante la inminente privatización de los mismos, la DGI estima recuperar apenas 750 millones.
"Yo creo que el 90% de los juicios actuales son incobrables porque se les ha dado mucho tiempo, los evasores se han insolventado , han comunicado cambios de domicilio. Otros han desaparecido, hay sociedades que ya no existen. ¿A quién le van a cobrar? La gestión de Cavallo fue la mejor época de la Dirección, pero no pudimos contar con que la Justicia fuera más rápida. Entonces -agrega Peña- los detenidos de hoy son de causas viejas. Lo importante ahora es que la Justicia actúe a tiempo, porque si usted comete una defraudación tiene que saber que a más tardar en cinco meses le va a llegar la sentencia."
La ley penal tributaria, 24.765, fija penas duras para los evasores, pero si un contribuyente se decide a pagar, puede arreglar su situación sin tener que llegar a los estrados. En esas condiciones ¿quién puede temerle a la ley? Las lecciones mediáticas fueron muy fugaces y no alcanzaron para amedrentar a nadie. Basta con ver que los personajes famosos que las protagonizaron no están entre rejas ni cumpliendo la menor condena económica. Desde ese punto de vista, la Justicia ha demostrado nuevamente las bondades de su modorra: luego del escándalo desde el 25 de septiembre, la causa de Fassi Lavalle permanece en la sede administrativa hasta tanto terminen los estudios. Luego pasará al despacho del juez Cruciani. A Samid, después de un proceso de más de un año, le trabaron un embargo de 1.250.000 pesos (una propina respecto de lo que se supone que debe). A Passarella aún lo están investigando, pero para develar la infracción esperaron el tiempo prudencial hasta la fecha del último partido de la selección, con el fin de evitar depresiones nacionales. La casa de electrodomésticos Rodó, allanada en octubre de 1991 por Los Intocables, que comprobaron la triple facturación, sigue vendiendo heladeras y licuadoras mientras el expediente amarillento duerme esperando el dictamen definitivo. En esa ocasión la DGI apeló el fallo luego de que la Justicia sobreseyó al responsable de la firma y a su hijo, por considerarlos ajenos a la maniobra.
Rodríguez Giavarini: "Si además de garantizar estabilidad, se da muestra de transparencia, la conciencia tributaria va a aumentar. Nosotros lo logramos en el gobierno porteño"
Para levantar la alicaída credibilidad de sus procedimientos, la DGI clausuró en lo que va del año 4731 comercios e invirtió algunos millones en campañas publicitarias que muestran al organismo como una amable empresa de servicios que apela a la buena voluntad del cliente.
Ya se ha visto que las políticas de seducción de este gobierno han fracasado hasta el momento. "Por más que gasten en concientización, si no se apunta a los grandes focos de evasión, si no existe el miedo a la sanción, si no se coloca la espada de Damocles arriba de cada contribuyente para que le infunda el razonable temor de que va a ser sancionado con todo el rigor, igual que al grandote, no camina", insiste Peña, que, a juzgar por la indignación que le causa el tema y el aspecto intimidatorio de su robusta figura, parece un incondicional del garrote.
Pero entre las ventajas que le reconocen a la gestión de Silvani (que goza de prestigio internacional), está la creación del monotributo, que permitirá a los contribuyentes menores ahorrarse los honorarios del contador, ya que en un solo formulario podrá hacer sus declaraciones, y a la entidad le sobrará tiempo para ocuparse de los grandes en vez de clausurar verdulerías y quioscos.
Como en un diálogo de sordos, el evasor aprovecha la rentabilidad de su infracción hasta que el Gobierno transparente su gestión, y el Estado, a su vez, le reclama al contribuyente que no caiga en el delito de evadir.
Las mejoras prometen llegar, pero a largo plazo. En ese largo plazo, cabe preguntarse qué pasará con los docentes, los jubilados y los desocupados, si ninguna de las partes se decide a cumplir con sus obligaciones.
Según Tacchi, no se puede hacer justicia por mano propia, no se puede caer en la anarquía tributaria. "Los impuestos deben ser pagados más allá del buen uso que el administrador de turno haga de los recursos." La única herramienta del ciudadano en esta lucha es pagar sus impuestos porque es un deber. En todo caso, si no está de acuerdo con el Administrador, sólo tiene que cambiarlo.
Cautela en la Alianza
La ausencia de una propuesta económica sólida fue el comodín al que apeló el oficialismo durante la campaña electoral. Los integrantes de la Alianza no se prestaron al juego, y en materia económica se limitaron a responder mediante los técnicos habilitados por el equipo que dirige José Luis Machinea.
La propuesta tan esperada se plasmó discretamente en un documento de 32 páginas que presentó Rodolfo Terragno y que cualquier ciudadano puede consultar. En el mismo se estima que el monto total de la evasión asciende a 25.000 millones y para reducirlos proponen disminuir las tasas de IVA y darle progresividad al sistema en el impuesto a las ganancias.
Pero pasado el estruendoso 26 de octubre, los líderes de la oposición permanecen renuentes a emitir postulados que puedan sonar más precisos, y adoptaron una actitud más que moderada en temas puntuales. Cuando la Revista les consultó cual és la fórmula de la Alianza para combatir la evasión, los líderes no quisieron arriesgar posiciones, y derivaron el tema en Daniel Montamat, responsable del área económica del gabinete de oposición del radicalismo, integrado al equipo de Machinea. "La Alianza es garantía de estabilidad. Creemos que van a funcionar mejor las instituciones, vamos a tener Justicia independiente, y en consecuencia un equilibrio de poderes; en ese contexto mejora la administración tributaria y se reduce la evasión", explicó.
"Creo que la gestión actual de la DGI ha tenido avances, inclusive ha reconocido bolsones impresionantes de evasión, y no es casual, porque la eficiencia del organismo tiene que ser correspondida por un marco institucional global: en un país donde la Justicia es sospechada de parcialidad y tiene problemas de previsibilidad, no puede haber eficiencia."
No alcanza con perseguir al chiquitaje
Escribe: Luis Cortina
Calcular el nivel exacto de la evasión no es tarea fácil, por una sencilla razón: estamos hablando de la economía no registrada (en negro, según el dicho popular), lo que implica en sí su ocultamiento. Ergo, es como hablar de la racionalidad de los oráculos o de cuántas brujas había en Salem.
Más allá de algunas exageraciones recientes, hay cierta coincidencia en el que el fisco pierde por esos vericuetos, y sólo en el IVA, una cifra equivalente a la que se recauda anualmente. Esto equivale a unos 19.400 millones de pesos. Pero ése es sólo un impuesto (aunque el de mayor recaudación). Resta calcular cuánto se evade en ganancias y bienes personales, y aquí los números son más vidriosos.
Esta administración (en particular, desde la gestión de Cavallo) consiguió reducir en parte la evasión. Pero también es cierto que hasta ahora fueron casi vanos los intentos por avanzar más allá. En el cálculo presupuestario 1997/2000, Hacienda reconoce que la recaudación tributaria y previsional, medida como porcentaje del PBI, casi no tendrá variaciones (del 15,76 al 15,86 %). Esto significa que el incremento nominal (de $ 50.637,6 millones a $ 63.147,1 millones) tendrá como único motor el crecimiento de la economía, sin confiar demasiado en los logros de otrora famosos Intocables.
Sin duda, el Gobierno tiene un problema aquí. Basta señalar que el déficit fiscal rondará este año los 4500 millones. Más aún, las necesidades de financiamiento para 1988 oscilan entre 17.400 y 19.000 millones de dólares. Obviamente, los ciudadanos tienen una larga serie de reclamos que podrían ser atendidos si hubiera mayor eficiencia en la recaudación y administración tributaria.
¿Qué puede hacer el Gobierno? Hasta ahora, fueron un fracaso los llamados a la solidaridad con jubilados y docentes, con los que se pretendió convocar a grandes contribuyentes. Se estudia la idea de eliminar directamente el impuesto a los bienes personales, por la bajísima recaudación obtenida hasta ahora, y reemplazarlo por una sobrecarga en el impuesto inmobiliario. Los especialistas también descartan que rinda frutos la persecución del chiquitaje. Por más quiosqueros o plomeros que se lograra incorporar al sistema, nunca sería suficiente. Además, ya no queda mucho por exprimirles.






