Urbanismo. Vivir en ciudades pequeñas en tiempos de home office

Ciudades de cercanía para una calidad de vida más amable.
Ciudades de cercanía para una calidad de vida más amable. Fuente: Archivo
Pablo Montiel
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29 de junio de 2020  

Cuando volvamos: ¿Adónde y cómo volveremos? ¿Cómo será la ciudad? ¿La vida urbana tendrá la misma forma? La pandemia modifica nuestros hábitos afectivos, emocionales, de vida, de trabajo, de salud, de estudios, de consumo. Todo al mismo tiempo. Es un tiempo de incertidumbre y de empezar a leer la palma de la mano de la realidad e intentar descifrar que nos dicen algunas de sus líneas.

Procurando armar mi propio manual de navegante, estos meses participé de varios encuentros internacionales de urbanistas. En estos foros la discusión sobre la vida urbana tendía a concentrarse en dos modelos: las "ciudades de 15 minutos" y su policentrismo, y las ciudades intermedias o ciudades de cercanías. De las primeras hablamos el mes pasado, así que nos vamos a centrar en aquellas ciudades cuya relación con las grandes urbes se puede sintetizar en el titulo de una película de Win Wenders: ¡Tan lejos, tan cerca!

Hablamos de las ciudades que están cerca de las grandes metrópolis y permiten cierta interacción con ellas, pero cuya distancia opera también de barrera para algunos de los problemas de su escala. Pensemos en lo siguiente: si tu trabajo lo permitiese, ¿cuánto tiempo viajarías para llegar a la gran ciudad? ¿Una hora? ¿Te irías a vivir a 80 kilómetros de tu ciudad? ¿Tu calidad de vida mejoraría viviendo en un lugar así?

Redimensionar las ciudades intermedias que ofrezcan otras formas de relación entre el espacio intimo, el espacio público y el espacio privado, otras formas de circulación, otros ritmos de vida.

Estos tiempos de confinamiento trajeron la popularización del home office. Muchísimos profesionales tomaron nota de la posibilidad de mejorar su calidad de vida rompiendo con lo absurdo de la escala de las grandes ciudades y cómo eso nos afecta directamente en las formas en que vivimos. Quizá haya llegado la hora de redimensionar a esas ciudades intermedias que nos ofrezcan otras formas de relación entre el espacio intimo, el espacio público y el espacio privado, otras formas de circulación, otros ritmos de vida. Pasando en limpio, hablamos de ciudades con una cadencia más de pueblo pero con algunos de los servicios y/o beneficios de las metrópolis.

El teletrabajo puede llegar a ser también el aleteo de la mariposa que nos permite pensar en un cambio en la matriz productiva de la sociedad. Imaginemos un país con dos o tres ciudades fuertes por provincia orbitando en torno a las capitales. Un cambio profundo que modificaría muchos paradigmas comerciales basados en la economía de escala.

Ahora, el trabajo es una parte de la vida. Para tomar una decisión así uno se fija también en los afectos, la salud, la educación y la administración familiar. Supongamos que entramos en una etapa de gobierno electrónico pleno, donde todos los trámites se puedan realizar por internet. ¿Que necesitamos para ello? Un acceso a internet equitativo, con igualdad de ancho de banda en todo el territorio. Para que ello ocurra es necesario que internet sea reconocido como un servicio público. Que lo es, pero que sin esa declaración el ciudadano queda a la merced de los juegos del mercado.

Es necesario que internet sea reconocido como un servicio público. Sin esa declaración, el ciudadano queda a la merced de los juegos del mercado.

Por otro lado hablamos de salud y educación. Una ciudad de cercanía debería contar con una oferta diversa en estos temas. Cuando hablamos de trabajos a distancia, hoy en día estamos pensando también en profesionales de clase media con necesidad de ofertas diversas y atractivas en estos servicios básicos para poder emprender un cambio de ciudad. Analizar los procesos de gentrificación de algunos barrios nos puede dar una idea cierta de a qué tipos de servicios nos referimos.

Por último, la conectividad con respecto a la movilidad hacia los grandes centros urbanos. No solo buenas rutas o autopistas de acceso relativamente rápido a la gran ciudad, sino también una oferta rica en transportes públicos que puedan facilitar las posibilidades sin tener que recurrir al transporte propio.

Muchos especialistas advierten sobre el alto costo emocional de la cuarentena. Quienes tenemos un sueldo, un techo y necesidades básicas satisfechas, terminamos sufriendo el no poder abrazar a los que queremos. Una ciudad de cercanías debería posibilitarnos poder resolver rápidamente esos momentos donde necesitamos aquello que Caetano Veloso describió con maestría: un abraçaço.

*Asesor urbano. Gestor de ciudades y agitador cultural. Trabajó en 109 ciudades y flaneurió otras 80 en 20 países. Le gusta más descubrir lo que las iguala que lo que las diferencia.

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