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Es un hueco de ascensor gigante pero sin ascensor. Una escalera marinera de 206 peldaños lleva a la cumbre. La subida es a oscuras. La estructura vibra con cada subte que pasa por debajo. Cerca de la cima comienza a atronar el ruido enfermante de unos generadores que se superponen a la vibración. El armazón de hormigón parece frágil. La sensación de algo inminente llena el hueco oscuro. No es el lugar más cómodo para ver Buenos Aires, pero sí el más emblemático. Alguien tiene la llave del Obelisco. Sólo hay que pedirla.
OBELISCO from Mariano Melamed on Vimeo.




