
Vamos Argentina ... ¡y mi piquete!
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A mi amiga Marta Merkin
Como en todo, en la vida hay gente convencida, hay gente apasionada, hay gente desencantada, hay gente inofensiva y están los oportunistas. Entre las mujeres también hay ejemplares de este tipo. Y florecen en momentos como éstos.
Son esas con carita de "yo no fui", a las que jamás les interesó nada, y que encuentran en el Mundial la ocasión para hacerse las futboleras fanáticas porque en el fondo se quieren quedar con todos los señores disponibles, que por otra parte no son tantos.
No es mi caso. Lo mío es puro "corazón y pases cortos". Por eso, para este Mundial de fútbol decidí encarnar el personaje de "canchera gamba" y así, de a poco, fui pasando por diferentes etapas.
En la primera quise hacerme la simpática, poner en práctica esa cuota de geisha que todas tenemos, y me repetía obstinadamente: "Me va a interesar, me voy a enganchar, me va a gustar y voy a aceptar que en mi casa aparezcan pantallas enormes y que todo sea una especie de vestuario, con zapatos y zapatillas un poquito sucias, tiradas por todas partes. Comida desparramada indiscriminadamente por pisos y alfombras, así como señores depositados sobre los impecables sillones blancos del living o sobre la colcha más prolijamente colocada en el lecho matrimonial". Porque cuando la pasión los embarga, indefectiblemente, ¡todos los hombres terminan en la cama! Entonces, me argumenté a mí misma, si reúno a mis hijos, a mis nietos, a mi pareja, a mi hermano, con este tremendo sacrificio me gano el reino de los cielos.
Todo iba bien hasta que pasé a la segunda etapa, cuando, hace unos días, escuché como al pasar una charla entre mi marido y mi nieto de diez años. "¿No sería genial instalarnos los dos un mes en un hotel y pedir servicio de habitación sin movernos?", decía el supuesto adulto. El chico asentía: "¡Sí, solos! Sin tener que bañarnos ni ir al colegio".
¡Horror! Evidentemente, mi Tomy, ese a quien llevé amorosamente con su hermana menor a todos los circos existentes, ese a quien desde chiquito acompañé a ver Floricienta, El Señor de los Anillos, La Macha Mamarracha y no sé cuántos espectáculos más, estaba conspirando para dejarme fuera de su vida. Y si ese chiquito me ignoraba, qué esperar de ese hombre grande que me acompaña en la salud y en la enfermedad, en las buenas y en las malas…
Así, entonces, ofendida, pasé rápidamente a la tercera etapa, y para calmarme fui a la mercería a comprar lentejuelas, canutillos y brillitos para bordar jeans como los que usa Susana Giménez: resensuales. Durante este mes de junio lo mío iba a ser el bordado.
Pero me rondaba una nueva idea, y así fue como ingresé en la cuarta etapa y me convertí en piquetera.
Empecé este viernes y seguiré así. Voy a estar con ellos durante todos los partidos, ¡pero de espaldas a la televisión! Voy a ser un testigo mudo de esta locura que se llama Mundial de fútbol. Voy a organizar mi propio piquete. Desde el 9 de junio estaré instalada de espaldas al televisor, bordando mis jeans. Así participo, pero de espaldas al espectáculo. Porque mi espectáculo personal consiste en mirarlos sufrir, disfrutar y apasionarse. Por lo menos no me quedo afuera. Cosa que odio. De esta manera, llevaré en mi retina la más maravillosa imagen, la de mis hombres ignorándome. Moraleja: no me gustaría un señor al que no le interesara el fútbol. Lo que me molesta es que me dejen afuera.
* La autora es licenciada en sociología y periodista






