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"A medida que los médicos me decían lo que implicaba la vasectomía, también me buscaban algún gesto de duda. En un momento sentí que estaban haciéndome exámenes solo para esperar los resultados y ver si me arrepentía", cuenta Lucas Oliveira, escritor y editor, de 39 años.
La decisión de operarse la tomó junto con su mujer, luego del nacimiento del segundo hijo, cuando sintieron que ya no tenían intención de agrandar la familia. "No quiero tomar pastillas ni ponerme un DIU", le dijo ella. "Entonces ahora me toca poner el cuerpo a mí", respondió él. A Lucas lo alentó la experiencia de un amigo, quien se había operado unos meses antes y estaba conforme con los resultados.
Según datos del Ministerio de Salud de la Nación, a través del Programa de Salud Sexual y Reproductiva, en 2016 se hicieron en todo el país 97 vasectomías. Si bien las cifras muestran que hay una enorme diferencia con relación con las intervenciones realizadas a mujeres –12.976 ligaduras de trompas–, en estos últimos dos años se registró una pequeña suba tanto en los pedidos de información como en las operaciones.
La responsable del programa, Silvia Oizerovich, señala el leve incremento en los llamados al 0800-222-3444. "Por primera vez en los ocho años que tiene la línea, se llegó al 12% respecto de las consultas sobre ligaduras de trompas. En 2016 no llegaba al 5%. Si bien falta mucho por cambiar e históricamente la responsabilidad de la anticoncepción recae sobre las mujeres, esto es un dato interesante para ver la posición activa de los varones", afirma.
Los profesionales de la salud relatan que los mitos y la información falsa respecto de la vasectomía son muchos y atentan contra la práctica: impotencia, alteración de los niveles de testosterona, pérdida de la virilidad. Pero la realidad es otra y poco a poco se está instalando. Se trata de una cirugía segura y simple –en general sin bisturí, donde se ligan o cortan los conductos por donde circulan los espermatozoides–, que se puede hacer con anestesia local y sin internación.
Entre las ventajas, destacan que el semen conserva su aspecto habitual, que no afecta a los testículos ni a la producción de hormonas, por lo que tampoco dificulta la capacidad de erección, ni interfiere en las relaciones sexuales. La única desventaja es que como no es efectiva inmediatamente, hay que usar preservativos, u otros métodos anticonceptivos, por lo menos durante los primeros tres meses. "Además –aclara Osvaldo Mazza, jefe de la División Urología del Hospital de Clínicas– si el operado desea recuperar la capacidad fértil, la cirugía es costosa, requiere infraestructura y es exitosa en un bajo porcentaje de casos. Todo depende de la técnica empleada, el potencial de fertilidad previo y el tiempo transcurrido desde la operación. Esto siempre debe ser comunicado al paciente".
"Le dije a mi pareja de ese entonces que yo también quería decidir, que no deseaba tener más hijos. Como aún no existía la ley, los médicos la pasaron como una operación de varicoceles para que me la pagara la obra social", recuerda Néstor Gea.
Los dos métodos anticonceptivos permanentes para varones y mujeres están enmarcados desde 2006 en la Ley Nacional 26.130, que establece el derecho de todas las personas, mayores de 18 años, a acceder a estas prácticas quirúrgicas e indica que deben realizarse en hospitales y clínicas del país, sean públicos o privados. Además, señala que no hace falta autorización de terceros ni haber tenido hijos/as.
Antes de 2006, la vasectomía era casi desconocida para la mayoría de los hombres. Néstor Gea, docente cordobés de 57 años y padre de cinco hijos, lo confirma: "Pertenezco a una generación donde era tabú. En 1987 escuché hablar de ella por primera vez: un tío militante comunista me la mencionó entre las recomendaciones que les daban a los varones afiliados al partido", explica. En 1994, Néstor quiso operarse en una clínica privada de Salta, pero los médicos le dijeron que no la realizaban y lo alentaron a olvidarse del tema. Seis años después, luego de tener a su quinta hija, volvió a intentarlo en Córdoba. "Le dije a mi pareja de ese entonces que yo también quería decidir, que no deseaba tener más hijos. Como aún no existía la ley, los médicos la pasaron como una operación de varicoceles para que me la pagara la obra social", recuerda Gea y agrega: "Hasta el momento de concretar mi decisión, tanto mi entorno como los profesionales intentaron convencerme de que no lo hiciera. En el quirófano, los doctores me contaron que en toda su carrera solo habían visto 10 casos de varones operados. Tres de ellos eran médicos".

Los varones eligen
Ángeles Capresi, del Equipo de Coordinación del área de Salud Sexual del Ministerio de Salud de la Ciudad de Buenos Aires, explica que el servicio trabaja en lo que llaman "anticoncepción inmediata post evento obstétrico". El objetivo es asesorar y acompañar a los padres que acaban de tener un hijo sobre las opciones disponibles, reversibles e irreversibles. "La idea es que la pareja deje la internación con un método seguro y efectivo; entre ellos se ofrece la vasectomía, pero son pocos los que se interesan o se acercan a aclarar sus dudas", asegura.
Mariano es un enfermero del conurbano que sí quiso saber de qué se trataba y se acercó a la Maternidad Estela de Carlotto en Moreno, Buenos Aires. Tiene 24 años y desde la adolescencia supo que no quería tener hijos. "A fines de 2016, con 23 años, encontré en Facebook un post de la Maternidad donde contaban que comenzaban a realizar vasectomías. Consulté y decidí hacérmela. No pienso en que podría arrepentirme; no tengo tiempo ni ganas de criar un hijo", explica uno de los primeros pacientes que atendió el servicio de urología de la institución. Mariano no le contó a nadie sobre su operación ni quiere hacerlo.
A Lucas Oliveira relatar su decisión le implicó enfrentarse con opiniones y prejuicios ajenos. "En el tiempo previo a la vasectomía sentí cómo el sistema –o el patriarcado– presionaba para que no pusiera el cuerpo. Amigos y familiares operaban al respecto: desde la indignación hasta pequeños chistes, que intentaban un bullying. Personas a quienes no les pedía su opinión condenaban o cuestionaban la decisión que habíamos tomado con mi mujer", explica quien relató en sus redes sociales la previa a la vasectomía y está escribiendo un libro para compartir su experiencia. Para él circula poca información y nadie confía en ella salvo que sea "de primera mano": "Me incluyo en ese grupo, no tomé en serio esta opción hasta que hablé con alguien que ya se la había practicado".
¿Empieza a cambiar el paradigma?
Eduardo Fernández es ginecólogo y director ejecutivo de la Maternidad Estela de Carlotto. En 2016, la institución adhirió al Programa de Salud Reproductiva del Ministerio de Salud de la Nación y comenzó a realizar vasectomías. Fernández afirma que, a pesar de que creyeron que sería una práctica sin aceptación, tuvo buena repercusión. Cuando debieron interrumpir el servicio, en 2017, por falta de urólogos, quedaron 40 varones en lista de espera. "De haber hecho todas –70– en un año, en un solo hospital de la provincia de Buenos Aires, hubiera sido inédito. Creo que se debe a que es una práctica segura, ambulatoria, que no tiene contraindicaciones y que permite retomar rápidamente la actividad habitual", destaca.
Fernández comparte con optimismo el exitoso caso mexicano en el que con una campaña publicitaria se lograron 150.000 intervenciones: un coronel del ejército se operó y protagonizó un spot afirmando que es una práctica muy sencilla que no afecta la virilidad.
Desde el ámbito privado, Alejandro Silva Garretón, de la sección de Andrología y Reproducción del Servicio de Urología del Hospital Italiano, cuenta que, a partir de 2006 hasta hoy, realizaron 240 vasectomías. El médico remarca cómo, año tras año, el número de operaciones fue aumentando –de 7 en 2006 a 44 en 2017– lo que podría obedecer, según su opinión, "a una mayor toma de conciencia por parte de los pacientes de la existencia de este derecho".




