
En el pico de su carrera volvió al club que lo vio crecer para consagrarlo campeón. Se retiró y llegó a la presidencia de Estudiantes buscando reproducir el modelo europeo de gestión sin perder el espíritu amateur. Obra e ideas de un hombre moderno que quiere renovar el fútbol argentino.
1 minuto de lectura'

Por Gonzalo Bustos / Fotos de Sebastián Pani
La voz que se entrecorta, las palabras que no salen. Los ojos parpadean pesados y buscan “¿dónde está mi viejo?”. Juan Sebastián Verón, de 41 años, está asumiendo la presidencia de Estudiantes de La Plata. Cuando encuentra a quien busca, al hombre del gol más importante en la historia del club, que viene a ser también su padre, le dice que gracias por el ADN. Y remata: “Quédense tranquilos, están en buenas manos”.
Dos años después de aquella escena, Juan Sebastián Verón se muestra serio y cordial. El hombre que en 2006 –en la cúspide de su carrera– regresó al club que lo formó como persona y futbolista, el que lo llevó a gritar campeón del fútbol argentino dos veces (Apertura 2006 en la épica final contra el Boca de La Volpe y Apertura 2010 con Alejandro Sabella como DT), el que revivió la mística copera ganando de nuevo la Libertadores (2009 en el Mineirão de Belo Horizonte, contra Cruzeiro), el que no pudo ser el mejor del mundo porque enfrente estaba el Barcelona de Messi y Guardiola (2 a 1 en el tiempo extra de la final del Mundial de clubes de 2009), ese hombre es un tipo amable que sonríe al saludar, pero que a la vez parece inmutable.
Es una mañana fría y soleada en el Country Club, el predio que Estudiantes tiene en City Bell, una zona de quintas en las afueras de La Plata. Por las ventanas del edificio de la concentración se ve cómo el plantel de Primera se entrena en la cancha principal. La Brujita, el apodo que heredó de su padre, posa para el fotógrafo con la experiencia de quien ya ha hecho esto muchas veces. Cambia de posición y gesticula de acuerdo con lo que se le solicita. Responde corto, justo y necesario. A veces, sonríe. Este hombre, que es el presidente del Pincha desde octubre de 2014 tras imponerse con más del 70 % de los votos contra el oficialismo (encabezado por Enrique Lombardi y Carlos Salvador Bilardo), está trabajando.
“Para mí la parte profesional, la gestión, tranquilamente puede convivir con lo social y amateur del club. Ambas cosas se pueden conjugar”, dice. Con esa lógica gestiona el club: trabajo y sentimiento. La misma lógica que le hizo cosechar elogios –tan poco comunes en el rubro– a base de hechos concretos. A los 60 días de haber asumido el cargo, hizo pública la deuda del club ($ 266 millones, 86 de los cuales debían pagarse en poco más de seis meses) y hoy dice que han logrado “tener un pasivo manejable”. Armó un manual de procedimientos y gestión para organizar la institución; reactivó, reconfiguró y refinanció la construcción del estadio propio; hizo que Estudiantes fuera el único club de fútbol local con un bachillerato para sus juveniles –acá el que no estudia no juega–; creó la Fundación Estudiantes de La Plata, que se encarga del accionar social, y armó un departamento de neurociencias cerrando un acuerdo con la Fundación Ineco, de Facundo Manes.
Juan Sebastián es además una de las caras visibles que encabezan la renovación dirigencial del fútbol argentino. La que tiene en Marcelo Tinelli la figura principal. Una camada de hombres jóvenes que apuestan a cambios estructurales, que tienen en el trabajo en equipo, en la gestión empresarial, en el marketing y en la modernización, las bases de sus ideas. Hombres que, dicen, tienen en el proyecto de la Superliga la llave del cambio. “El fútbol en sí es una búsqueda constante de campo, tecnología, nutrición, medicina. Eso ha avanzado muchísimo, pero muchísimo”, dice Verón ahora, sentado con un mate en la mano. “Para seguir ese avance tenés que tener estructuras modernas. Y me parece que, desde ahí, el fútbol argentino, si bien ha avanzado mucho en los clubes, en la AFA todavía no. Por eso necesita modernizarse”.

En 2001, Verón pasó de la Lazio al Manchester United por 42 millones y medio de euros, en lo que fue la transferencia más cara del fútbol inglés hasta ese momento. En esa experiencia británica, que luego se extendió cuando fue comprado por el Chelsea, encontró estructuras que años más tarde definirían su perfil como dirigente. En el United, por ejemplo, tenían una oficina dedicada exclusivamente al jugador. “En Inglaterra se pone al servicio del jugador todo un sistema para que piense solo en jugar –cuenta–. La atención era desde asistirte para que pudieras hacer un viaje hasta informarte sobre los hospitales. Era un soporte sobre todo. Gente que le daba una mano a tu mujer, por ejemplo. Es algo muy bien pensado que acá…”.
–¿Acá es posible?
–Está claro que te encontrás, por nuestra idiosincrasia, por cómo somos, con cuestiones que son difíciles de poder implementar. Pero de a poco, me parece que como se fue modernizando el fútbol, se fueron modernizando las dirigencias. Hoy en todo club encontrás un gerente de marketing, o gente de redes y comunicación. Eso que es y era muy común en Europa, hoy está tomando un valor preponderante en el fútbol argentino.
Tras los años en la isla, Verón volvió a Italia para jugar en el Inter. Si había quedado impactado por los niveles de gestión británicos, del club presidido por Massimo Moratti tomó la cuestión social. “Hay asociaciones que tienen ese vínculo fútbol-social, digamos. Que el fútbol sea un motor para todo lo otro”, cuenta mientras pasan por el salón los jugadores de Primera que saludan, uno por uno, con un buen día. “Me parece algo interesante, sobre todo en un país muy futbolero. Un país en el cual los chicos lo primero que hacen es jugar al fútbol. Entonces desde ahí el programa Inter Campus, que tiene desarrollo en África y después se fue expandiendo, siempre me pareció muy interesante”.
<b>EL ADN DEL REGRESO</b>
Juan Ramón Verón hizo el gol con el que Estudiantes se consagró campeón del mundo en Manchester en 1968. La Bruja es, quizás, el máximo ídolo Pincha, después de su hijo, claro. “Cuando Sebastián vuelve ya tiene todos sus pergaminos de lo que había ganado en Europa”, dice el padre del hijo. “Además, se sabía lo que venía haciendo por el club a distancia, su preocupación. Y el hecho de volver a jugar en una buena forma física hizo que la gente se adhiriera a todo lo que hacía. Eso fue muy bueno para nosotros”.
Juan –así lo llaman acá–, de 72 años, está en la institución desde que tiene 11 (sí, justo el número más emblemático en la historia del León). “Estudiantes nos dio mucho a nosotros”, larga JR, que pasa todas las mañanas en el predio de City Bell. Llega temprano, saluda y se sienta frente a las canchas con el mate a mirar los entrenamientos de juveniles y profesionales. “Nosotros estamos muy identificados con el club y el club está muy identificado con la familia”.
Cuando el hijo decidió volver, en 2006, era una de las figuras del Inter. Pasaba por uno de sus mejores momentos como profesional: tenía 31 años, estaba en óptimas condiciones físicas, con el fútbol de una década en Europa en los pies y, sobre todo, en la cabeza. A finales de ese año, tras una remontada épica en la que el equipo dirigido por Diego “El Cholo” Simeone ganó 12 de los últimos 13 partidos (10 de forma consecutiva), forzó una final de torneo con Boca. El partido, que se jugó en cancha de Vélez, arrancó con un gol de los xeneizes. Lo hizo Martín Palermo, un ex Pincha. Pero en el segundo tiempo, con goles de José Sosa y Mariano Pavone, la cosa se dio vuelta. Estudiantes era el campeón del fútbol argentino después de 23 años y su máximo ídolo se encargaba de levantar el trofeo.
Así, Verón hijo inauguró una nueva etapa en el fútbol argentino. Una era en la que los grandes ídolos contemporáneos de los clubes –como Carlos Tevez en Boca– regresan de Europa con un nivel alto de juego y experiencia. “Su vuelta fue una motivación para los jugadores, sobre todo para los más chicos. Él había aprendido mucho en Europa y se notaba. Fue un cambio grande”, reconoce Verón padre sobre el retorno. El hijo refuerza: “En una idea de club, el jugador ayuda en lo que es el fútbol, en lo que se necesita, el avance, las ideas, la atención… es fundamental que el que estuvo en un fútbol muy profesional pueda trasladar eso a la escena local”.
–Cuando te fuiste no habías sido campeón en Estudiantes, pero al volver ya eras un ídolo.
–Me parece que eso tiene que ver con la identificación. Ese sentido de pertenencia que el hincha valora mucho, incluso más que un campeonato. El acordarte de dónde saliste es un factor sumamente importante. Volver en plenitud e involucrarte en la vida de la institución es como marcar un camino.
–Te retiraste y volviste a jugar. ¿Por qué?
–El proceso se dio así. No fue pensado. Cuando tomé la decisión fue por estar saturado de lo que estaba haciendo. Posiblemente necesitaba alejarme, aunque no me alejé, porque volví al poco tiempo en otro cargo (Director Deportivo), que de algún modo fue empezar este proceso con Agustín Alayes (ex jugador y actual Secretario Técnico de Estudiantes). Era un momento difícil, un plantel con muchos chicos donde siempre se necesita la figura de un jugador con experiencia y ascendencia. Vi esa situación y decidí volver sabiendo que era por un año. Eso tenía que servir para que los chicos tomaran impulso, que fue lo que pasó.
<b>SER DIRIGENTE</b>
“Visualicé querer ser dirigente, o sea que me convencí de eso, acá. De mucho antes del retiro”, confiesa el hijo. Pero el padre se permite ir atrás en el tiempo para encontrar el germen de esa decisión: “En la última etapa en el Inter se convenció definitivamente. Ha escuchado, visto y conversado mucho”.
El estadio. La vuelta a 1 y 57. Ese fue uno de los objetivos primarios al asumir como presidente. Estudiantes había dejado su cancha ocho años antes y tenía un gigante de cemento a medio construir, parado. “El proceso del estadio fue largo”, reconoce Verón. “El club no resistía seguir un proyecto tal con recursos propios y nosotros lo reformulamos. Lo hicimos por una cuestión de avance, de lo que ofrece un estadio”. Así, lo que era un plan de construcción de una cancha de fútbol clásica se convirtió en algo más grande. Con un plazo que estima la inauguración para la segunda mitad de 2017, el nuevo estadio contará con un circuito comercial que incluirá locales gastronómicos, un museo del club, salones de convenciones y demás: un estadio multiuso.
“Tiene que haber una parte comercial para sostener el proyecto, que el club no tenga que invertir un peso, sino que tenga la posibilidad de recaudar”, dice Juan Sebastián. Por eso, Estudiantes salió a buscar financiamiento externo (en este momento, son cuatro las empresas que están invirtiendo en la obra que finalizaría a 11 años de haber comenzado). “Hoy el fútbol es un negocio. Nosotros planteamos el proyecto del estadio como un negocio”.
La imagen del club fue otro de sus objetivos. “El marketing es muy importante. Te diría que hoy, junto a la comunicación y todo lo que generan las redes, es de lo más importante”.
–¿Por qué?
–Por cómo posiciona al club, por la generación de recursos. Cuando tenés sponsors y te abren las puertas para negociar, te das cuenta de la imagen que el club tiene puertas adentro por la seriedad de la gestión y puertas afuera porque refleja.
–¿Cómo trabajás en las diferentes áreas del club?
–Para mí lo fundamental es el equipo, la confianza que les das y que tenés en la gestión. Por muchas cosas no puedo estar en el día a día y saber todo. El hecho de delegar tiene que estar y debe haber gente preparada y de confianza. Por suerte, esas dos cosas conjugaron muy bien e hicieron que de a poco el deporte del club, la parte financiera y las demás áreas pudieran trabajar bien.
–¿Cuánto te demandan los otros deportes?
–Tenemos un equipo. Se habla de manera regular de lo que pasa en los otros deportes, en el desarrollo. Está claro que hay que profundizar mucho más y ampliarlo. Hay que debatir, ver la función social del club y la contención para sostenerlo. Es muy difícil sostenerlo desde lo económico. Pero está claro que el club nació desde el amateurismo y tiene que continuar con eso.
Cuando se le pregunta por sus referentes en este tipo de modelo de club, nombra a Pepe Sánchez. El ex basquetbolista al frente de Bahía Basket encaró un proyecto que entrecruza la gestión desde el lado empresarial con el desarrollo del deporte y el club. Con su aporte Estudiantes realizó su manual de gestión. Agustín Pichot, ex Los Pumas, es otro de los nombres. El nuevo vicepresidente de la Word Rugby está promoviendo el deporte en el país, además de postularlo para ser sede del Mundial de 2027. “Son chicos que han sido excelentes en sus deportes, que tienen una preparación muy buena, muy distinta de lo que es el fútbol”.

<b>LA PRÓXIMA BATALLA</b>
“¡Pero la puta madre!”. El grito sale como vomitado y retumba en torno a las seis personas que están contando los votos que van a definir al nuevo presidente de la Asociación del Fútbol Argentino. Luis Segura, histórico vice de Julio Grondona, el patriarca del fútbol nacional durante 35 años, y Marcelo Tinelli, el empresario de medios más exitoso del país y vicepresidente de San Lorenzo, son los candidatos. Acaban de votar 75 asambleístas. La elección salió 38 a 38.
“¿Qué pasó?”, preguntó Verón luego de ese papelón del 3 de diciembre de 2015. “¿Qué pasó en el medio como para llegar a eso? Hay que salir de un sistema lamentablemente agotado. Un sistema que llegó a los clubes en complicidad con la dirigencia en muchos de los casos. Pero de una conducción que siempre siguió sobre una misma línea”.
Hoy, a ocho meses del escándalo de las elecciones, nadie sabe con certeza quién es el presidente de la AFA. El gobierno nacional, por medio de la Inspección General de la Justicia, suspendió una nueva elección, colocó dos veedores y analiza las finanzas de la institución. Luis Segura, que quedó a cargo tras la muerte de Grondona, renunció a su cargo. En el medio, la FIFA, de la mano de su nuevo presidente Gianni Infantino, envió un representante al país y prevé instalar una Comisión Normalizadora.
Una de las pocas certezas es que el próximo torneo de Primera División se jugará bajo la órbita de la Superliga: una nueva estructura dentro de la AFA, pero independiente, que regulará los torneos de Primera y B Nacional, y tendrá el control financiero y renegociaría los contratos por la televisación del fútbol. La AFA, por su lado, quedaría a cargo del resto de las categorías y de las selecciones nacionales. Al cierre de esta edición, los medios anunciaban que Verón sería designado CEO de la Superliga.
“Hay un montón de cosas en las cuales una estructura moderna, seria y con controles te pueda llevar a ordenar”, dice él respecto del proyecto que tuvo como principales impulsores a River, Boca, Racing, San Lorenzo y Estudiantes. “Una cosa va a llevar a la otra. Que la AFA también siga ese rumbo”.
–¿Qué tendría que proponer una nueva generación de dirigentes?
–El pensamiento de una nueva gestión. Muchos son empresarios exitosísimos. Esto no solo cabe a Marcelo, está Matías Lammens, y hay otros: Rodolfo D’Onofrio (de River), Lanús con un proceso de dirigentes, Godoy Cruz, Belgrano. Hay dirigencias que por ahí no son tan vistas y están haciendo un trabajo importante sin tantos recursos. Temperley puede ser un ejemplo. Gestiones que han hecho bien las cosas, han ordenado los clubes, han invertido mucho. Creo que están marcando el camino de lo que tendría que seguir en la AFA que, en realidad, debería ser al revés. Pero bueno, estamos en Argentina y es esto.
–¿Cómo tomás la normalización de la FIFA a la AFA?
–Era algo que se preveía. Por un lado, no está bueno porque habla un poco de la mala gestión. Pero por el otro, también saca del foco eso de tener el sillón o el poder del fútbol argentino. Va a hacer pensar más en cómo salir de este momento, que tiene que ser todos juntos, y en enfocarse en gestionar mejor, de otra manera.






