
Vivió hasta los 117 años y reveló cuántos huevos comía por día como clave para su longevidad
Emma Morano, la mujer más longeva del siglo XIX, mantuvo una dieta estricta durante nueve décadas; combinó la ingesta de huevos con una receta alcohólica propia
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Emma Morano, nacida en la región de Piamonte, Italia, se ganó un lugar en la historia universal al alcanzar la edad de 117 años. La mujer, última persona viviente del siglo XIX hasta su fallecimiento el 15 de abril de 2017, atribuyó gran parte de su longevidad a un régimen alimentario constante que sostuvo tras la Primera Guerra Mundial.
Su dieta, basada en huevos y una preparación de grappa artesanal, despertó la curiosidad de científicos y medios de comunicación en todo el mundo. El menú diario de Emma integró tres huevos desde temprana edad, dos de ellos crudos, una rutina recomendada originalmente para tratar su anemia.

Con el paso de las décadas, adaptó esta ingesta y redujo el consumo a dos unidades diarias en su etapa final. No obstante, el componente más particular de su longevidad residió en la grappa que ella misma producía.
“Como tres huevos al día y, para hacer la digestión, bebo la grappa que preparo yo misma: la meto en un frasco con siete hojas de salvia, un racimo de ruda y unas uvas. Luego la bebo con una cuchara”, explicó a diversos medios durante sus últimos años.
Esta bebida digestiva funcionó como un pilar fundamental de su alimentación diaria durante cerca de noventa años, marcando un contraste con los hábitos modernos de nutrición.

La vida de Emma estuvo marcada por cambios profundos en la humanidad. Nació el 29 de noviembre de 1899, atravesó conflictos bélicos, transformaciones tecnológicas y vio pasar más de 90 gobiernos italianos. Sin embargo, su historia personal estuvo atravesada por dificultades.
Morano padeció la pérdida de su único hijo y vivió una relación matrimonial abusiva que ella misma denunció años después. “Era alguien de aquí, del lago. No quería casarme con él, pero él me obligó. Vivíamos en el mismo patio y un día envió a su madre a llamarme”, recordó en diálogo con La Stampa en el 2011. Ante la amenaza de muerte que recibió, aceptó el matrimonio a los 26 años.
El vínculo finalizó en 1938, poco después del fallecimiento de su bebé. Desde entonces, Emma eligió la soltería para evitar el dominio ajeno. “No quería ser dominada por nadie”, sostuvo como una de las claves de su salud física y emocional.

Su decisión de mantenerse sola también influyó en su longevidad, al superar por mucho la expectativa de vida italiana de 84 años. Emma Morano, además, resaltó la carga genética familiar. Su madre alcanzó los 91 años y varias de sus hermanas llegaron al siglo de vida.
La combinación de su herencia biológica, la soltería como elección de vida y su menú constante de huevos y grappa casera configuraron el estilo de vida que la convirtió en una figura centenaria. Su relato perdura como un testimonio singular sobre la supervivencia y los hábitos de una era pasada.
Este contenido fue producido por un equipo de LA NACION con la asistencia de la IA



