Y un día me convertí en ventrílocuo

El periodista y escritor Daniel Riera pasó de investigar sobre la ventriloquia a formar parte de ese mundo. Su transformación, en cinco pasos
Jose Supera
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16 de diciembre de 2012  

1 El premio. Daniel Riera llega con una enorme valija. Periodista y escritor, es uno de los directores de la revista Barcelona, escribe en varios medios y ha publicado algunos libros. ¿Cómo fue que de periodista y renombrado escritor se convirtió en ventrílocuo? Eso es lo primero que se le pregunta. "Tenía el recuerdo de haber leído en algún lado que existía un círculo de ventrílocuos. En ese momento estaba escribiendo el libro Buenos Aires Bizarro y buscaba personajes que me gustaría que existieran. Entonces investigué si existía un círculo así, busqué en Internet y lo encontré. Me invitaron a una reunión para entrevistarlos y así incluirlos en el libro. Cuando salió Buenos Aires Bizarro y vieron el espacio que les había dedicado, me invitaron a la cena de Fin de Año del Círculo de Ventrílocuos Argentinos. Hubo un sorteo y me gané el muñeco. Así fue como empezó todo." La experiencia también fue plasmada en el libro Ventrílocuos, gente grande que juega con muñecos (Tusquets).

2 La idea. Entonces, en ese ahora que no es ahora, lo tenemos a Daniel Riera en su casa. Con su nuevo muñeco pero sin saber bien qué hacer. Se lo muestra a su mujer, que se sorprende. Riera pone el muñeco en el living como adorno, pero cuando llega a su casa le choca verlo como elemento decorativo del lugar. Sin darse cuenta, estaba empezando a darle vida a Oliverio. "Tuve una idea. Lo primero que me pregunté fue qué hago si yo mismo me convierto en ventrílocuo para escribir un libro. Se lo planteé al presidente del Círculo de Ventrílocuos y me dijo que me enseñaría con todo gusto. Me dio una serie de ejercicios de respiración y de pronunciación. Hasta que me di cuenta de que podía realizar la técnica y que el aprendizaje no podía continuar si no me subía a un escenario.

3 La motivación. "Tomé a la ventriloquia como una posibilidad expresiva, me interesaba tanto como la literatura o el periodismo. Es un territorio donde queda mucho por hacer. Para que un personaje sea eficaz, tenés que adentrarte en su lógica. No crear el personaje para una rutina o espectáculo, sino crearlo para todo el tiempo, establecer una relación y cultivarla fuera del escenario. Me llevo mucho a Oliverio en los viajes, nos ponemos a charlar en cualquier lado con la gente; en los aviones nunca lo despacho con el equipaje, él siempre viaja conmigo. También me cuenta cosas de cuando yo no estoy, por ejemplo, que entra la mucama a la pieza donde él está guardado, o cuando se mete alguien por la ventana. Siempre delira. No pienso a Oli como un hijo o una parte de mí, sino como un amigo, un compinche."

4 La aparición. Lo sostiene Daniel, o mejor dicho, Paco, porque el dúo es Paco y Oliverio. Tiene remerita de bebe, jean y zapatillas diminutas. Ojitos que brillan, boca de madera preparada para hablar y entonces le preguntamos qué siente al tener todo el tiempo la mano de una persona sosteniéndolo. "Bueno, a veces, necesitamos la mano de un boludo que nos sostenga." Paco parece enojarse, desde arriba y con voz paternal le dice que no puede hablar así. El muñeco no se queda atrás y contesta: "Te estás llenando de guita gracias a mí, como te va a molestar que te diga así…"

5 La relación. "Diría que nos llevamos bien, o sea, comprendo sus limitaciones", dice Oliverio de Paco. Y a la hora de hablar de su vida privada nos cuenta: "No me gusta hablar mucho, soy reservado como el Indio Solari. Aunque arriba del escenario estoy rodeado de chicas bonitas, todas me quieren mucho", contesta con su boquita de madera. "Me parece que ya sabés quién es la estrella acá, creo que entendiste…"

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