
Zafiro y Acero, por Uniseries
Un general fantástico, en clave de thriller, y con sabor surrealista
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Es mejor que lo sepan cuanto antes y no que se enteren más tarde y en otra parte; el primer pensamiento que tuve al descubrir esta serie, Zafiro y Acero , que nos brinda Uniseries, fue: "¡Qué bodrio!".
Con el correr de los minutos no sólo me di cuenta de que estaba completamente equivocado, sino que, incluso, me iba volviendo un fan de Zafiro y Acero. ¿Por qué tal cambio repentino de opinión? Empecemos por detallar las contras: unos efectos especiales que darían pena hasta en un video hogareño, una presentación inicial que hace gala de un analfabetismo científico básico (¿acaso nunca vio una tabla periódica esta gente?) y una realización general paupérrima, digna de los peores momentos de nuestra TV vernácula.
Y, sin embargo... sin embargo..., en cuanto la historia comienza a desarrollarse todas estas verrugas se diluyen en el olvido o, incluso, hasta se convierten en un atractivo principal; el hecho de estar filmado enteramente en un estudio, con una iluminación pobre, unos decorados descoloridos y una factura de teatro televisado le da una atmósfera claustrofóbica y opresiva que les viene como anillo al dedo a unos argumentos que recuerdan las incursiones en lo fantástico de plumas nacionales como Borges o Bioy Casares y, no exagero, historias densas y complejas en las que no se cierran todos los interrogantes abiertos, con finales no muy felices y que dejan al espectador con un escalofrío amargo y paranoico.
Detectives transdimensionales
Zafiro (Joanna Lumley) y Acero (David McCallum) son dos fuerzas elementales que adoptan forma humana y son enviados a la Tierra para corregir rupturas en la continuidad del tiempo.
Se desconoce de dónde vienen, quién los envía, cuál es su aspecto real y qué relación los une (hay un aparente lazo romántico entre ellos, pero está tan diluido y es tan no-humano que uno no sabe si es real o es parte de su caracterización). Todo lo referente a los personajes y a la historia está envuelto en una atmósfera de misterio e indeterminación que obliga al espectador a conjeturar sus propias interpretaciones.
Y qué decir de la dimensión fetichista que adquieren los objetos cotidianos: una almohada se transforma en una criatura vengativa, un grupo de fotografías antiguas cobra vida, una canción infantil es la manifestación de una fuerza maligna o un juego de ajedrez resulta ser un portal a otras dimensiones. Nada es lo que parece ser.
Lo cierto (quizá la única certeza que tenemos) es que las aventuras de esta pareja de detectives temporales atrapan, fascinan y sorprenden, además de enseñar cómo transformar los defectos en virtudes y hacer buena televisión aun en las peores condiciones presupuestarias.
Zafiro y Acero (1979-1982). Viernes, a las 12.30, y sábados, a la 0.30, por Uniseries.






