Cómo es hilar lana en el agua
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Un torno y la fuerza del agua del río San Isidro permiten conseguir un hilado de lana único, promovido por firmas de moda
Las mujeres de la comunidad colla Finca El Potrero del pueblo de San Isidro, en el departamento de Iruya, Salta, hilan la lana de forma única. Lo logran a partir de un torno y la fuerza del agua del río San Isidro. En los últimos años, el número de artesanas dedicadas a este hilado disminuyó considerablemente pero no se dan por vencidas. Aprovechan cuanta oportunidad se les presentan para sostenerse y seguir adelante. Un concurso de Manto Abrigos, firma para la que tejen, las ayudó a reorganizarse, potenciarse y a aprovechar aún más este oficio tan unido a sus tradiciones y a la herencia de sus antepasados.
A orillas del río, a 7 kilómetros serpenteantes del pueblo de Iruya, estas artesanas se encuentran a diario para su labor habitual, esa que aprendieron de sus mamás, de sus abuelas, de sus ancestros; esa que solo ellas supieron sostener, para no perder su tradición. Su herramienta es el torno que colocan entre las piedras que se acumulan a pasos del río. Hasta allí, no muy lejos de sus casas, cada hilandera baja y arma una pirca para resguardar su torno. El hilado se hace durante marzo, abril, mayo, también en septiembre, octubre y hasta en este mes de noviembre; es que evitan los meses de mucho frío o excesivo calor. En cada bajada al río se hilan entre 300 y 400 gramos de fibra y la textura de cada ovillo es única, ya que varía según quién la hace; puede ser más gruesa, más fina o más suave, simplemente responde a la mano de la hilandera. La tarea no es sencilla, tienen que lograr la tensión justa con el torno para que el hilo no se corte.

"La experiencia es muy linda y, a la vez, trabajosa. Lo que más nos gusta de hilar en el río es que el torno gira solo con el correr del agua y solo debemos estirar la lana y envolverla en el girador. La vista de los cerros y de los árboles alrededor es hermosa y lograr algo natural, propio del lugar, con nuestras manos, tiene mucho valor", dice María Mamani, hilandera que aprendió el oficio de su madre Erminia.
Si bien lo suyo es ancestral , desde hace 15 años, lo hacen para Manto Abrigos, la firma de Clara De la Torre y Diana Dai Chee Chaug. Las hilanderas de San Isidro de Iruya proveen los tejidos de fibras naturales de llama y de oveja con los que se confeccionan los abrigos: sacos, tapados, ponchos, ruanas y hasta mantas.
La materia prima única que consiguen estas creativas se convierte en abrigos de lujo
"Las mujeres hilan cantando o charlando –relata De la Torre, que da cuenta de este singular trabajo artesanal, al viajar con frecuencia a este pueblo montañoso–. Por la mañana bajan a la vera del río, en general, en grupo. De sus diálogos, se desprenden anécdotas, experiencias, recuerdos, sueños, temores, diferencias, risas y no menos esperanzas, que fluyen como el río mismo". La comunidad de San Isidro se dedica mayormente a la agricultura y al tejido que realizan casi con exclusividad los hombres, mientras que las mujeres son las expertas en hilar con la fuerza del agua del río.
Concurso de hilado
Bajo este título de Hilanderas del agua, De la Torre y Chee Chaug convocaron a un concurso para incentivar a las artesanas a continuar con esta tradición. Esta iniciativa tuvo lugar en septiembre último, época del año en que el río aumenta su caudal; asistieron 16 hilanderas de distintas edades, cada una eligió una categoría: hilado fino, medio o grueso; además, de una especial, la de innovación, en la que podían probar nuevas mezclas o aplicarlas en otros usos.
Todos trabajos interesantes y originales que fueron analizados por Ruth Corcuera, historiadora egresada de la Universidad de Buenos Aires y doctora en Historia por la Universidad Católica de Lima; Miguel Ángel Gardetti, experto en estudios ambientales y desarrollo de lujo sustentable; Vera Kors, coordinadora del área de Artesanías del Fondo Nacional de las Artes (FNA); Lucila Pesoa, restauradora textil del FNA, y Margarita Melo de Vaquier, licenciada en Ciencias Económicas y directora de la cooperativa agraria Rincón de Corrientes. "La finalidad era alentar a las hilanderas a tomar conciencia del valor que tiene su trabajo. Hay que darle relevancia a ese hilo que se obtiene de un trabajo minucioso y artesanal, que lleva sus manos a la naturaleza", dice De la Torre.

Las hilanderas ganadoras fueron Clementina Subelza, Erminia Meneses Mamani, Ana Choque y Amalia Corbera. Los hilados fueron destacados por su presentación; por la diversidad de hilos utilizados, tanto de llama, vicuña u oveja; por la suavidad, resistencia, el logro de los rizados, y por la impecable clasificación del hilado y sus cualidades. Además, cada hilandera sugirió para qué tipo de prenda podían ser utilizados esos distintos hilados.
"Es fundamental atesorar esta técnica y garantizar su supervivencia. Es preciso y hasta imprescindible cuidar que no se interrumpa su diálogo con sus ancestros. Hay que guardar la tradición frente a un futuro cambiante –sostiene Ruth Corcuera–. En algunos trabajos se destacó la innovación, la uniformidad, el refinamiento y que hayan logrado una torsión tan suave que mantiene la rusticidad. Son tesoros vivientes". Todas recibieron un apoyo económico por la participación y las ganadoras un reconocimiento monetario extra.

Si bien muchas hilanderas enseñan a sus hijas la técnica, algunas se muestran interesadas en ir más allá y se van de San Isidro para estudiar ante la reticencia de otras. La valoración de su trabajo a través del concurso, la difusión que este implicó y el fortalecimiento de la trascendencia de su tradición alentó a las más pequeñas del pueblo a consideren el aprendizaje de esta técnica por elección propia. El encuentro, también, se filmó para un documental que se proyectará en marzo o abril próximo, a propósito de la apertura del nuevo Espacio Manto (en Avda. Figueroa Alcorta 3289).
El compromiso de Manto con la comunidad de San Isidro sigue adelante. "Continuamos trabajando para preservar la cultura", señala Verónica Olavide, socia de la firma, quien trabaja activamente en el encuentro con las artesanas. El proyecto busca sumar personas u organizaciones afines a colaborar para preservar el oficio.
"Queremos escucharlas y ayudar a concretar sus metas, algunas hilan siempre para su pareja o familia, otras quieren tejer y aprender nuevos puntos y formas de tejidos. Pretendemos que esto sea el inicio de otras acciones que ayuden a cada una de ellas, ya sea para conseguir materia prima, acompañarlas en el proceso de diseño, de clasificación de sus hilados y también en la confección de precios justos", señala De la Torre. Por estos días, se avanza en la organización de talleres en la escuela de San Isidro para incluir tardes de actividades, intercambios y enseñanza de nuevos tejidos y otras inquietudes de las artesanas. "Ellas están seguras de que esta tradición que heredaron de sus madres y abuelas debería cultivarse. Olvidarlo sería permitir que el tiempo seque sus raíces. Lo suyo es un lujo; más bien forma parte del nuevo lujo, ese que se valora a nivel internacional. Una oportunidad para no desaprovechar", finaliza De la Torre.




