
400 años de la Armada Francesa: una vocación marítima compartida con la Argentina
El año 2026 marca el 400 aniversario de la Armada Nacional Francesa, cuyas raíces se remontan muy lejos, hasta la Armada Real fundada por Luis XIII y el cardenal Richelieu. Esta extraordinaria profundidad histórica invita, más que a la nostalgia, a la reflexión sobre una herramienta que, con sus luces y sombras, se ha adaptado de forma constante y poderosa a lo largo de cuatro siglos, conservando al mismo tiempo la huella de la extraordinaria voluntad política de sus creadores: el rey y su ministro. De esta antigua ambición aún quedan vestigios en la búsqueda de una “diplomacia de los mares”, que busca establecer contacto con todo el mundo y fomentar la cooperación y los intercambios. Este legado sigue manteniendo su relevancia geoestratégica y militar. Prueba de ello es, desafortunadamente, la multiplicación actual de las crisis.
La Armada Francesa nació entonces de una visión audaz del país y, para hacerla realidad, se ha ido adaptando a los retos estratégicos, tecnológicos y humanos de cada época. Como afirmaba el general De Gaulle, empleando numerosas metáforas marítimas, el pragmatismo, la adaptación permanente y la capacidad de reacción son exigencias que marcan la historia de la Armada, hasta en los equipos ultramodernos con los que cuenta hoy en día: “Es totalmente natural sentir nostalgia (...), y extrañar la suavidad de las lámparas de aceite, el esplendor de la navegación a vela, el encanto de la época de las tripulaciones. Pero (...) ¡no hay política que valga fuera de la realidad!”
Desde hace 400 años, la Armada es un pilar de la defensa y la soberanía francesa. Protege al país y apoya a sus aliados en todos los océanos de amenazas en continua evolución. Son cuatro siglos de compromiso en el mar, de hombres y mujeres al servicio de Francia y sus socios, al servicio de los franceses y de los pueblos con los que mantiene relaciones de amistad.
Los fuertes lazos que la Armada Nacional mantiene con los franceses y con los territorios de la metrópoli y de ultramar, que confieren a Francia el segundo espacio marítimo más grande del mundo (más de 10 millones de km²), son más que nunca una fuente de inspiración. Sobre todo, porque el mar representa una nueva frontera, un nuevo horizonte para los grandes desafíos de nuestro tiempo: la seguridad internacional, por supuesto, pero también los retos del desarrollo económico, el transporte marítimo, la producción de energía, la investigación científica, la actividad turística y, desde luego, la lucha contra el cambio climático.
Ante estos desafíos fundamentales, la nación francesa sabe que puede contar con los marinos: son combatientes, forjados en la solidaridad y la perseverancia. Por eso, estos 400 años son un motivo de orgullo popular en Francia: orgullo por las técnicas industriales y los materiales innovadores, orgullo por el savoir faire y los recursos humanos únicos, volcados hacia la juventud y el futuro.
Argentina, con sus casi 5000 km de costa atlántica, también es un gran país marítimo. Desde la guerra de la independencia, que le permitió a Buenos Aires y a las provincias del Río de la Plata emanciparse del dominio colonial, las relaciones franco-argentinas en el ámbito naval están marcadas por la figura tutelar del almirante Hippolyte Bouchard, nacido en Bormes-les-Mimosas, cerca de Toulon, en 1780, y que sirvió junto al almirante Guillermo Brown, fundador de la Armada argentina. Bouchard luchó incluso en California, antes de morir en Perú, y sus restos descansan en el cementerio de la Chacarita. Llevan su nombre una calle de Buenos Aires y una plaza con su estatua, ubicada a dos pasos de la Prefectura Naval, muy cerca de los diques de Puerto Madero.
Sin embargo, el legado de la Armada francesa en la Argentina no se limita a la Guerra de la Independencia. De hecho, “la Royale” siempre ha acompañado a la sociedad argentina a través del tiempo. En la primera mitad del siglo XX, por ejemplo, contribuyó a la exploración de las costas más australes del país y la Antártida, con el comandante Charcot.
Las relaciones franco-argentinas en el ámbito naval siguen siendo hoy en día un tema central del diálogo político entre ambos países, como se puso de manifiesto durante las visitas del presidente Emmanuel Macron (en noviembre de 2024), del ministro francés de Europa y Asuntos Exteriores (en febrero de 2024) y del ministro delegado de Comercio Exterior (en junio de 2025). Estas relaciones privilegiadas se materializan, en particular, en numerosas cooperaciones navales con los ministerios argentinos de las Fuerzas Armadas, Relaciones Exteriores y Transporte, y se ven reforzadas por momentos destacados, como las visitas periódicas del grupo naval Jeanne d’Arc (la última de ellas tuvo lugar en abril de 2024). Durante estas escalas se realizan ejercicios conjuntos que contribuyen a garantizar la seguridad exterior e interior y de la lucha contra las injerencias extranjeras y el tráfico ilícito. Estas actividades se llevan a cabo en el marco de la protección de las aguas territoriales, sus recursos y la biodiversidad, así como en el de la preservación del continente antártico y las garantías que ofrece el Tratado de 1959. Estos importantes retos son desafíos comunes que las dos armadas se han propuesto afrontar juntas, en particular, sobre la base de acuerdos de cooperación ad hoc.
La cooperación franco-argentina también se extiende al ámbito de la modernización de las Fuerzas Armadas, una prioridad que las autoridades argentinas reafirman periódicamente. Por último, el apoyo a programas de investigación y proyectos medioambientales (como la expedición científica Under The Pole o la campaña oceanográfica AASTRES) también contribuye a mantener vivos los fuertes lazos que unen a estas dos armadas, que se respetan y aprecian mutuamente.
Por último, la Armada es también y sobre todo un imaginario, el de “El mar, el mar, que siempre está empezando” (La mer, la mer, toujours recommencée!). Todos los estudiantes franceses conocen estos versos del poeta Paul Valéry (1871-1945), nacido en Sète, una ciudad portuaria creada por Luis XIV a orillas del luminoso Mediterráneo. Versos que el poeta se toma el tiempo de explicar en sus Cahiers, donde el mar es “madre de la civilización”, que “no deja de mostrar lo posible”. Y son precisamente estos valores universales de civilidad, intercambio y superación los que siguen siendo hoy en día el corazón de la identidad del mundo marítimo y que celebramos hoy, con motivo del 400 aniversario de la Armada Nacional Francesa, con una exposición inédita que todos podrán descubrir, dentro de unas semanas, en la reja del Palacio Ortiz Basualdo, sede de la embajada de Francia en Buenos Aires, y en el Museo Marítimo y del Presidio en Ushuaia.
Embajador de Francia en la Argentina






