¿Alberto es Alberto?
“Gobierno con los que puedo gobernar. Voy a seguir gobernando. No importa” (De Alberto Fernández)
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Escuchar a Alberto Fernández decir que gobierna con lo que puede y que eso no le importa lleva a pensar en si Vargas Llosa no la pifió de país con la pregunta célebre de su libro Conversación en La Catedral: ¿en qué momento se había jodido el Perú?
Escuchar a nuestro presi-profesor hablar de sí mismo en tercera persona diciendo “mi mayor problema no es que Alberto Fernández vuelva a ser presidente, sino que algunos de los canallas que presidieron la Argentina vuelvan a presidirla” se siente como una reivindicación al Maradona que se refería a sí mismo como si se tratase de otro ser humano. Con la diferencia de que Maradona manejaba genialmente una pelota y alegraba a millones de personas, mientras que Alberto maneja un país como si fuera una Renoleta de los 60, sin mantenimiento, sin frenos, en medio de una tormenta y barranca abajo.
No vamos a insistir acá, querido lector, en cosas que todos sabemos, como que antes de que Cristina lo eligiera candidato Alberto decía de ella que era una delincuente encubridora y que sus gobiernos fueron deplorables. No. Vayamos al aquí y al ahora, que, como dicen los repetidores de frases hechas, nos convoca y nos interpela.
¿Que un presidente hable en tercera persona es bueno o malo? Como en todo debate que se precie de tal, la biblioteca está dividida. Hay especialistas que dicen que es bueno para la psiquis porque desvincula la emoción de la experiencia del relato (en este caso Alberto se parece mucho a Cristina) y porque es un recurso para no comprometerse con lo que se dice, ocultar algunos asuntos y, en lugar de aceptar una mentira, alejarse de ella (en este otro ejemplo, también).
Y están los más tremendistas. Los que aseguran que quienes hablan en tercera persona tienen un trastorno disociativo, una subdivisión de la realidad, una personalidad doble. A veces, múltiple. Preferimos quedarnos con la interpretación anterior, porque si un Alberto ya es mucho pensar en varios es descomunal.
Por fuera de esas interpretaciones, están los optimistas extremos, los que hablan de sí mismos en tercera persona para darse ánimo. Por ejemplo, que el Presidente se mire en el espejo y se diga: “Vamos Alberto que vos podés”. Eso, en tanto y en cuanto se reconozca, porque a muchos ya nos cuesta saber cuál Alberto es de verdad.








