Alicia Genovese, la poeta que mira lejos para encontrarse

Portada de la obra poética reunida de Alicia Genovese
Portada de la obra poética reunida de Alicia Genovese Crédito: Gentileza editorial
La reciente publicación de su poesía completa actualiza a una escritora para la que el viaje es una fuente creativa
Daniel Gigena
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16 de septiembre de 2018  

Siguiendo la huella de aquello que captura su mirada, desde un souvenir turístico hasta el follaje ribereño, Alicia Genovese (Lomas de Zamora, 1953) trama una obra donde conviven la suntuosidad, el vestigio y la manifestación del misterio. Se presenta como un mapa, para utilizar una metáfora adecuada a la dirección que asumió su escritura en los libros de madurez; un mapa que, finalmente, "tenga algún sentido", como se lee en el primer poema de La línea del desierto (Gog y Magog), volumen que reúne su poesía completa hasta el presente. Los sentidos se enlazan con figuras de la natación, el viaje y la danza. Giros, bifurcaciones, pasadizos, saltos y transiciones consolidan una poesía que une la experiencia a la exploración. El lema, si hiciera falta uno para describir la aventura poética de la autora, se puede tomar de los dos primeros versos del poema "Diario de viaje": "Irse lejos/ para encontrar lo propio".

"Hay una búsqueda de espacios que implica también buscar lo diferente, como un modo de ponerse a prueba en esa condición ajena de los lugares que no nos son familiares -dice Genovese, premio Sor Juana Inés de la Cruz 2014 por La contingencia?. Más que nada ha sido un impulso hacia el afuera. Esa experiencia de los viajeros, como exploradores o caminantes sin demasiado trayecto previsto". Con El borde es un río, de 1997, había dado el primer paso en un proceso de desplazamiento que convertía el poema en cámara y a la poeta en una extranjera. "Poema/ máquina negra de mirar// Perspectivas, captaciones/ que reacomodan el entorno", escribió. En Puentes, de 2000, se encarna la idea del viaje como partida. "Me fui de mi casa muy joven y ese fue el inicio del viaje para mí. La imagen de esos puentes que cruzan desde la capital hasta el conurbano abre distintos tiempos, los de mis cruces de uno a otro lado de la ciudad", recuerda Genovese, que empezó a escribir poesía de muy chica, en el jardín de la casa de su madre.

En La línea del desierto se encuentran los diez libros publicados por Genovese desde 1977 hasta hoy. Es evidente desde el comienzo de su escritura poética la preocupación por las cuestiones de género; ese aspecto se destaca en especial en Anónima, de 1992, y en La hybris, de 2007. Y es también el centro de uno de los ensayos de la autora, La doble voz. Poetas argentinas contemporáneas, de 1998, que fue reeditado en 2015. En ese conjunto de ensayos, asociaba la producción de poetas como Diana Bellessi, Irene Gruss y María del Carmen Colombo con el resurgimiento de una corriente de emancipación femenina que podía fecharse en 1983, año de la restauración democrática. "Ahora estamos en presencia de un gran cambio discursivo a partir de que Ni Una Menos se instaló en las calles. Las poetas más jóvenes ya no tienen resistencias a la palabra feminismo y valoro que haya dejado de ser un tabú. Hay un nuevo lugar de enunciación que vienen gestando las nuevas poetas, ya no hay falsa ingenuidad ni aniñamiento para poder decir", señala sobre la poesía escrita por jóvenes poetas argentinas en la actualidad.

El desierto y el agua son dos figuras complementarias en su obra. En dos versos de Aguas, de 2013, crecía la semilla del nuevo libro de la autora: "el desierto no es la nada,/ es lo dejado por el agua". Una geografía poética, entonces, nutrida por viajes y descubrimientos, que indaga en los espacios de manera distinta, se despliega en La línea del desierto. "El agua se relaciona más con el paisaje del Delta y con el de Florida, en Estados Unidos, donde viví varios años. Todos esos ríos, esos manantiales me dieron un mundo sensible que, sin que me lo proponga, aparece. Luego atesoré muchas imágenes del desierto: el de Mojave, el de la meseta patagónica, el de Lavalle en Mendoza y el último que conocí, el de Talampaya, en La Rioja. Cuando comencé a escribir esos poemas, necesité trabajar con algún elemento narrativo, centrarme en una pequeña anécdota, algún accidente de ruta para decir. A pesar de todo ese despliegue de paisaje creo que de lo único que hablo es de la fragilidad", confiesa la escritora.

Como sucede con otras poetas de su generación, para Genovese el reconocimiento llega asociado con la transmisión del rastro vivo de la belleza que representa la poesía en cualquier cultura. En la Universidad Nacional de las Artes, está a cargo del Taller de Poesía I junto con un equipo de poetas-docentes. "Lo que sucede es hermoso -cuenta-. Veo cómo los estudiantes se van abriendo cada vez con más confianza a la escritura y, más allá del género que luego elijan para escribir, la experiencia que hacen con la poesía los transforma. Si se replicasen estas experiencias, quizás en un futuro ya no haya escritores que puedan decir que no leen poesía o que la poesía no les interesa". Quizás el título del último texto de su obra reunida podría funcionar como divisa de la poeta del viaje y los espacios: "El mundo rematerializado en el poema".

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