Vargas Llosa y América Latina. La novela sin fin de una región siempre convulsionada

José María Brindisi
José María Brindisi PARA LA NACION
Dos décadas después de La fiesta del Chivo, Mario Vargas Llosa le da una vuelta de tuerca a las ficciones latinoamericanas de dictadores con Tiempos recios, que se centra en la CIA y en un derrocamiento clave
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9 de noviembre de 2019  

Casi un siglo atrás, el guatemalteco Miguel Ángel Asturias comenzaba a escribir una novela que le llevaría más de una década, se publicaría unos cuantos años más tarde -en 1946- y cambiaría para siempre el mapa literario latinoamericano. El señor Presidente no solo se iba a transformar en un volcán cuya lava se derramaría en innumerables obras de todo el continente -desde sus procedimientos formales hasta su relación ambigua y onírica con lo real-, sino que también inauguraría, en su recreación libre y sin precisiones -que de todos modos no lograron evitar la censura- del gobierno de más de veinte años en su país de Manuel Estrada Cabrera (de 1898 a 1920), una frondosa serie de relatos sobre dictaduras que, lamentablemente, la realidad de los países latinoamericanos no hizo más que alimentar.

Aunque distintos, los convulsionados tiempos actuales en la región -con el epicentro actual en la crisis social y política que se vive en Chile, las disputas electorales en Bolivia, los recientes desmanes en Ecuador y las tensiones en Venezuela- obligan una vez más a poner el foco en aquella serie de novelas -que entre otras incluye El otoño del patriarca (1975), de Gabriel García Márquez- e invitan a leer desde otra perspectiva una historia como la que el peruano Mario Vargas Llosa narra en Tiempos recios, su nueva novela.

Vargas Llosa, Premio Nobel como García Márquez y Asturias, desembarca esta vez en la tierra de este último, Guatemala, un país que para la mayoría, al margen del latiguillo cruel con el que suele estigmatizárselo y que a lo sumo dialoga con su sempiterna pobreza ("de Guatemala a Guatepeor"), significa poco más que una abstracción. El autor de Conversación en La Catedral elige como núcleo de Tiempos recios el golpe de Estado de 1954, que situó en el poder al militar Carlos Castillo Armas y acabó con esa suerte de primavera de justicia social y democratización de los recursos que habían encabezado Juan José Arévalo, primero, y luego Jacobo Árbenz. Desde una perspectiva múltiple, yendo hacia atrás y hacia delante en el tiempo, Vargas Llosa se remonta a la genealogía del golpe pero asimismo proyecta el relato no solo hasta el asesinato del propio Castillo Armas, en 1957, sino que sigue los pasos de algunos de sus protagonistas hasta instancias bien posteriores.

Acorde a su época -aunque la actualidad se esfuerce a cada rato por recordarnos que no se trata de tiempos tan remotos-, el golpe que encabeza Castillo Armas es hijo del furioso macartismo de entonces pero también de su alocada paranoia. Aunque de sesgo innegablemente izquierdista, los gobiernos de Arévalo y Árbenz se situaban lejos de la extraviada amenaza comunista que la CIA y Eisenhower creyeron o quisieron ver en Guatemala, un supuesto potencial satélite soviético a solo dos horas de avión de Estados Unidos. De poco le sirvió a Árbenz gritar a los cuatro vientos que su modelo era, justa o paradójicamente, el gran hermano del norte, una democracia plena -en su visión al menos- en la que todos los ciudadanos podían vivir con dignidad.

Tiempos recios establece un nexo inevitable con La fiesta del Chivo, la extraordinaria novela que Vargas Llosa le dedicó hace ya dos décadas al régimen y al asesinato de Rafael Leónidas Trujillo, el todopoderoso dictador que manejó a su antojo República Dominicana durante treinta años (ostentase o no el poder formal). Trujillo, el alumno más aplicado e inescrupuloso de la CIA hasta que dejó de resultar útil, es determinante para la entronización de Castillo Armas, pero todavía más para su fin; quien lo ejecuta, de hecho, es uno de los más temibles brazos armados de aquel, el oscuro y siniestro Johnny Abbes García, director del Servicio de Inteligencia Militar pero ante todo un sicario servil y sin consciencia, un personaje fascinante -inverosímilmente verdadero- que ocupa un papel esencial en ambas novelas.

A diferencia de Asturias o García Márquez, cuyas novelas hacían pie en un imaginario ampliado y a veces fantasioso que en su momento recibió el mote algo simplista y for export de "realismo mágico", Vargas Llosa se ha manejado siempre, al menos en sus obras más políticas, con un lenguaje más concreto y un acercamiento más ajustado a lo real. Una realidad que en América Latina suele codearse con la violencia y que, en el caso de Guatemala, puede abordarse hoy con particular agudeza en la ficción de una de sus plumas activas más notables, Rodrigo Rey Rosa, de quien hace unos años se reunieron en un único volumen sus novelas breves ( Imitación de Guatemala).

Pero acaso el aspecto más fascinante de Tiempos recios se halle en la trastienda de los hechos, y en un personaje tan determinante para la historia contemporánea como desconocido para casi todo el mundo. Se trata de un tal Edward L. Bernays, nacido en Austria pero "hecho" en Estados Unidos, alguien que llevó las relaciones públicas al extremo y a quien muchos ven como el inventor de la propaganda o de las " fake news". Bernays es quien convence al directorio de una célebre y multimillonaria corporación frutera -la United Fruit, también conocida como "El pulpo"- de que el proceso de verdadera democratización que se ha iniciado en Guatemala es un peligro para su influencia, en caso de que se extienda y contagie a otros países del Caribe y América Latina, porque como consecuencia su empresa dejará de tener las facilidades y privilegios que posee. A través de la prensa y por consiguiente de la opinión pública inventa entonces un enemigo -el comunismo soviético- que en este caso estaba lejos de existir: el propósito privado justifica todos los medios.

La fábula de Tiempos recios resuena así en diversas instancias de una época, la actual, en la que la información y los medios se hallan en el centro de la discusión.

TIEMPOS RECIOS

Por Mario Vargas Llosa

Alfaguara. 353 págs./ $ 799

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