
Animales al poder: de los caniches de Perón a Balcarce, el perrito de Macri

"Balcarce es el primer perro en llegar a ese lugar".
(De Mauricio Macri, al compartir una foto de su mascota sentada en el sillón presidencial.)
Estaba cantado. Los foristas de redes sociales se agolparon para comentar la foto de Balcarce, el perro de Mauricio Macri, sentado en el sillón presidencial, que el mismo jefe del Estado se encargó de difundir en su cuenta de Facebook. "Si fuera el único animal que ocupó ese lugar...", fue una de las frases más ácidas y reiteradas que pudieron leerse.
Sin embargo, lo que se dice un bicho poderoso no es Balcarce y ni siquiera lo son el séquito de mascotas que por Twitter y cadena nacional presentó en su momento Cristina Kirchner: Lolita (caniche toy), Marita y Rosita (dos boxer), Kala (una golden), Vito (un pug) y Simón, el perro de la raza mucuchíes, que le regaló el hermano de Hugo Chávez.
Decíamos que, de todos los animales que adoptaron los presidentes en nuestro país, ni Balcarce, ni las mascotas de Cristina, ni los caniches de Perón (Canela, Tinola y Puchi) pasarán a la historia como las anécdotas protagonizadas por la mascota preferida de Carlos Menem al arrancar su primera presidencia: un pájaro de la India que le había regalado Julio Bárbaro y apodado El Negro. Era un gran parlanchín -el pájaro, no Bárbaro- y fenomenal imitador de la voz humana.
"River campeón", gritaba El Negro desde su jaula en la quinta de Olivos cada vez que alguien le pasaba cerca. El problema para Menem y sus invitados era que también decía "charlatán" y "bicho feo", con una ¿dicción? impecable, al tiempo que tarareaba la marcha peronista. Cada vez que a Olivos llegaban visitantes extranjeros -del exterior y de otras fuerzas políticas-, El Negro terminaba tapado por un trapo para evitar momentos incómodos.
Quienes tuvimos oportunidad de conocerlo, podemos dar cuenta del enorme poder que ese pájaro había logrado. Un funcionario lo padeció en carne propia. Un día fue a visitar a Menem, que se estaba bañando en la residencia. Golpeó a la puerta y, desde adentro, le preguntaron varias veces ¿quién es?, ¿quién es? "Carlos, soy yo", insistía el funcionario. Pero le estaba respondiendo al pájaro, que había aprendido a copiar la voz de su amo.
Durante una entrevista que LA NACION realizó a Menem, en Olivos, en 1992, el entonces presidente quería forzar a El Negro a decir "Viva Perón". Nada. "Viva Perón", le repetía Menem. Nada. Es que el pájaro ya era uno de los primeros de la larga lista que, con otros "ismos", empezaban a abjurar del viejo líder.






