Aportes del clan Moyano a la lingüística
El idioma suele ser curioso, esquivo e ingrato. Nada más difícil que buscar la palabra justa o encontrar un buen sinónimo. Borges aconsejaba eludirlos. Por imprecisos. Decía que “el ambiente de cada sinónimo es distinto” y, también, que “tienen la desventaja de sugerir diferencias imaginarias”.
Pero a veces la realidad simplifica las cosas. Hechos que nos hacen prescindir de lingüistas, gramáticos y diccionarios. Imágenes que nos revelan una increíble cantidad de expresiones para definirlas y calificarlas. Y se vuelven sinónimos. No lo hubiera imaginado, pero es lo que acaba de proveer el clan Moyano.
Mientras la Justicia avanza sobre negocios y negociados del patriarca y sus hijos, la tele aporta una superposición de imágenes y palabras sorprendentemente instructivas. Hugo , lejos de amilanarse, desafía hasta al Presidente y Facundo , la cara depurada de la familia, no deja de mostrarse ostentoso y feliz con modelitos en restós caros y boliches de moda.
Audacia, impunidad, frivolidad y prepotencia pueden ser sinónimos. Perdón, Borges.







