Aportes para que el día después seamos mejores

Durante nueve jornadas, referentes de la academia y la política debatieron sobre los caminos a seguir en la pospandemia
Durante nueve jornadas, referentes de la academia y la política debatieron sobre los caminos a seguir en la pospandemia Crédito: UCA
Con el fin de mirar el largo plazo y recrear las instituciones, la UCA y otros organismos realizaron un foro de debate con miras a la pospandemia; aquí, las principales conclusiones
Jorge Arias
Pascual Albanese
Lourdes Puente
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25 de julio de 2020  • 00:00

Como evidencia de que la Argentina tiene posibilidades ciertas de dejar atrás la cultura de la confrontación y avanzar en la cultura del encuentro, más de setenta personalidades provenientes del ámbito académico y de los distintos sectores del quehacer nacional confluimos en un ciclo de debates, convocados bajo la consigna de "Para que el día después seamos mejores".

Durante nueve jornadas de debate, en el horario central de la mañana de los martes, referentes de diversos sectores políticos, económicos y sociales dedicaron dos horas a escucharse. Ninguno podía extenderse más de siete minutos. Todos y todas anotaban, escuchaban y aportaban. Sector agropecuario, industrial, académicos de las universidades más importantes de la Argentina, sindicalistas, dirigentes sociales, políticos, periodistas, gobernadores y funcionarios del gobierno nacional y de administraciones provinciales.

Nuevas ideas, distintas miradas, coincidencias sorprendentes, pero, sobre todo, vocación y demanda por encontrar juntos el camino. Mantuvimos un fecundo y respetuoso diálogo y logramos acordar una serie de lineamientos básicos que pueden constituir un punto de partida para la edificación de políticas de mediano y largo plazo para alumbrar el difícil camino de la pospandemia. Las conclusiones, que se sintetizan a continuación y que la mayoría de los participantes eligieron firmar, demuestran es muy fuerte la vocación de encontrar la unidad.

Política e instituciones. La Argentina exige recrear el sistema de instituciones para enriquecer el sistema de representación, a fin de expresar la creciente diversidad de la sociedad. Esto facilitará la búsqueda de acuerdos básicos, a través de la incorporación a las decisiones de todos actores de la sociedad civil mediante la creación de organismos como el Consejo Económico y Social, que faciliten una mayor participación ciudadana y permitan la formulación de políticas de Estado, con el consenso para sobrevivir en el tiempo a los gobiernos de turno.

La irrupción de la pandemia revalorizó el rol del Estado y plantea la cuestión de qué tipo de Estado necesitamos. La respuesta es la edificación de un Estado inteligente que, como sucedió con las medidas sanitarias para enfrentar la pandemia, incorpore de una manera sistemática la opinión de los mejores especialistas en cada materia en el proceso decisorio de políticas públicas.

Ese fortalecimiento del Estado requiere como contrapartida la creación de órganos de control independientes y de sistemas de rendición de cuentas efectivos para garantizar la trasparencia de la gestión pública y combatir a la corrupción en sus raíces estructurales, no limitándose a corregir sus consecuencias y castigar a sus responsables, sino erradicando sus causas, originadas en la indebida concentración de poder. En ese orden de cosas, resulta fundamental colocar a la Oficina Anticorrupción fuera de la órbita del Poder Ejecutivo.

Un Estado inteligente tiene que prever los acontecimientos y ser eficaz en la implementación de las decisiones. Para eso es necesaria la conformación de una Red Nacional de Pensamiento Estratégico, que integre a las universidades y los centros de investigación. Implica también y particularmente la jerarquización profesional de la función pública. Supone optimizar los mecanismos de cooperación interjurisdiccional y fortalecer las capacidades de gestión de los niveles locales.

El rediseño institucional de la Argentina demanda el afianzamiento de su carácter federal. Pero para que ese federalismo no sea meramente retórico, tiene que asentarse sobre sólidas bases económicas, lo que exige una reformulación del Pacto Fiscal. Demanda también el empoderamiento de los estados provinciales y municipales.

Economía y sociedad. La recreación de las instituciones públicas y el rediseño del Estado son dos condiciones para la definición de un modelo socioeconómico que garantice la sustentabilidad macroeconómica, recree la confianza e incentive las inversiones necesarias para un desarrollo integral, que reequilibre la geografía del país y genere trabajo digno para todos. Para eso, hay que encarar una reingeniería del sistema impositivo orientada a premiar el valor agregado y las producciones regionales, impulsar la economía del conocimiento y la bioeconomía y desgravar a las empresas que reinvierten sus utilidades.

La formulación de las políticas productivas exige identificar los sectores con capacidad de exportación que no requieran importaciones sustantivas, los rubros de alta tecnología y aquellos que favorezcan una distribución federal y/o una mayor empleabilidad. El objetivo es construir una autopista de la producción y el conocimiento. Resulta necesaria la sanción de una "ley marco" para esos sectores, que establezca la reducción de las cargas laborales, el costo del capital y los impuestos y tasas provinciales y municipales.

El principio rector es la incorporación de cada vez más valor agregado en todas las actividades productivas. Esto requiere generar los incentivos necesarios para una modernización de la estructura industrial orientada a lograr una mayor competitividad, con énfasis en el mejoramiento de los niveles de productividad de la pequeña y mediana empresa.

Para cumplir el objetivo central de elevar el nivel de vida de los sectores populares, es necesario eliminar la informalidad laboral, que priva a los trabajadores de sus derechos y su cobertura social. Así se podrá modificar la impronta asistencialista para avanzar hacia la integración social a través del acceso al trabajo digno, el aliento a la economía popular, la reconversión de los planes sociales en programas de capacitación y empleo y el acceso a la propiedad de la vivienda de las poblaciones de los asentamientos y villas de emergencia.

La estrategia de desarrollo tiene que encarar una reformulación de la geografía económica argentina. Esa tarea demanda inversiones en infraestructura que faciliten la industrialización de las materias primas en la proximidad de sus lugares de producción, alienten la creación de consorcios productivos regionales e impulsen una desconcentración demográfica de la población para terminar con situaciones de hacinamiento que son focos de reproducción de la pobreza.

Educación y empleo. El modelo productivo y las políticas sociales son inescindibles de una reformulación del sistema educativo, para vincular el mundo educacional con el mundo del trabajo, cruzados ambos por el vector tecnológico. El objetivo es incorporar al conjunto de la sociedad a los beneficios de la sociedad del conocimiento. El mundo que viene, signado por los desafíos del cambio tecnológico, requiere la creación de un sistema nacional de formación continua para responder a estas nuevas necesidades.

Resulta aconsejable crear una Agencia Nacional de Empleo y Formación Profesional, con la participación de los actores involucrados. También, estudiar las modificaciones necesarias para adecuar las modalidades laborales al nuevo mundo tecnológico, ejecutada siempre bajo el principio de la concertación entre empresarios y trabajadores.

Inserción internacional. La Argentina en el mundo debe actuar con inteligencia para maximizar su potencial de desarrollo. Ninguna propuesta sobre el futuro nacional puede plantearse fuera del contexto de un mundo interdependiente. Una política exterior inteligente y realista, despojada de estereotipos ideológicos, demanda construir desde los vecinos y aprovechar los instrumentos existentes, adecuándolos a las nuevas circunstancias. Un punto central es la redefinición del Mercosur, en especial de la relación con Brasil, para actualizar su rumbo estratégico. Es fundamental impulsar la convergencia bioceánica entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico. Esa confluencia permitirá generar la masa crítica suficiente para motorizar la unidad latinoamericana.

A partir de la consolidación de esa sólida base de sustentación, será viable desarrollar una política pragmática de relaciones con países y bloques regionales, no determinada por preferencias ideológicas ni por alineamientos automáticos, sino por los intereses nacionales en juego. De esta manera, la Argentina podrá ganar prestigio y confianza en este nuevo escenario mundial.

Entendemos que este conjunto de reflexiones pueden constituir un aporte para afrontar el desafío que la realidad nos impone, cuya respuesta requerirá el concurso solidario de toda la sociedad.

Arias, consultor, es secretario de la Red NAP; Albanese, vicepresidente del Instituto de Planeamiento Estratégico, y Puente, directora de la Escuela de Política y Gobierno, UCA

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