
Aprovechar beneficios y evitar daños
La nanotecnología, que podemos pensar como un área dentro de lo que es la tecnología de materiales, es el estudio y la manipulación de materia en tamaños increíblemente pequeños. Pero estamos hablando de estructuras cuyas magnitudes oscilan entre 1 y 100 nanómetros. Para tomar dimensión, un nanómetro es imposible de ver a simple vista, incluso tampoco a través de un microscopio común de laboratorio. Se precisan instrumentos más avanzados y específicos. Pueden emplearse en física, química y biología y luego se incorporarán en productos finales, es decir, aplicaciones tecnológicas como productos de consumo masivo, como el jabón en polvo.
La nanotecnología no es un concepto nuevo: ya en 1959 se empezó a hablar del tema, y los desarrollos empezaron a surgir en la década del 80, pero el avance de los últimos años fue prolífico
La nanotecnología no es un concepto nuevo: ya en 1959 se empezó a hablar del tema, y los desarrollos empezaron a surgir en la década del 80, pero el avance de los últimos años fue prolífico. Las nanopartículas pueden ser de origen natural (como la lava volcánica) o antropogénico (producidas por el hombre para buscar un objetivo específico, como, por ejemplo, un palo de hockey que sea resistente y pegue fuerte, pero que sea liviano).
Hay una discusión en la actualidad sobre el efecto positivo o negativo de las nanotecnologías. En lo personal, no las clasificaría de esa forma porque, por ejemplo, el protector solar muy frecuentemente tiene nanopartículas en su composición y es fundamental para cuidar nuestra salud y prevenir cáncer de piel, hiperpigmentación, envejecimiento prematuro y estrés oxidativo por causa de la luz. En la industria alimentaria, se usan muchísimo, porque aumentan el tiempo de vida útil de los productos, así como la textura, el sabor y el aroma.
Otra aplicación se produce en la remediación de suelos, por ejemplo, cuando están contaminados con materia orgánica se pueden usar nanopartículas de hierro para tratarlos. La nanoplata es un bactericida que se usa en la regeneración de tejidos con gran resultado.
Lo importante es participar activamente al elegir los productos y que las empresas expresen los componentes en las etiquetas. De esta manera, el consumidor puede verlas y distinguir componentes naturales (como semillas) o no (como plásticos) para llevar a cabo una elección responsable.
Pero también es fundamental el después, la disposición final, cómo es el tratamiento de residuos y efluentes. Uno se baña y ¿a dónde van esas nanopartículas? La planta que trata los efluentes tiene que tener la capacidad de detectarlas y poder retenerlas, para que no lleguen al océano. De hecho, más que un ejemplo aislado, es una realidad inobjetable: se han encontrado nanopartículas en plantas, peces y crustáceos, entre otros seres vivos. Lo esencial es estudiar dónde y cómo están llegando al ambiente y cómo se las puede remover de la mejor manera. Cada empresa que realice tratamiento de efluentes va a tener que saber cómo manejarse para evitar afectar el ecosistema.
Además, tenemos que saber dónde es el punto de vertido y cómo van migrando las nanopartículas en un suelo o curso de agua. Es importante conocer su química para saber si pueden viajar mucho o poco, sufrir procesos de agregación con otras sustancias en el camino, degradarse al llegar a destino, oxidarse, cuáles son las interacciones con los elementos del suelo o del medio en donde se encuentren, entre otras cosas.
Las nanopartículas están presentes desde que existe el universo, pero con los avances de la ciencia y la intervención del hombre es fundamental profundizar los estudios respecto de cómo interactúan con el contexto y qué conciencia empresarial hay en la actualidad al respecto, así como prevenir que no afecten de manera dañina al ecosistema y que no ingresen en la cadena alimentaria.
Investigadora y docente de la carrera de Ingeniería Química del ITBA





