Arte ruso hoy, tras los pasos de Malevich
Días antes del cierre de la muestra dedicada al maestro del suprematismo en Fundación Proa, presentamos una selección de los principales artistas rusos contemporáneos
1 minuto de lectura'


DMITRI VRUBEL (1960)
Un ícono de la caída del Muro
Residente en Berlín desde los años ochenta, Vrubel es mucho menos conocido por su nombre que por haber estampado en el Muro de Berlín el beso entre Leonid Brézhnev y Erich Honecker durante la celebración de los treinta años de la República Democrática Alemana. La fotografía original había sido tomada por un fotógrafo de la revista Paris Match y Vrubel la convirtió en una sonora pintura mural con la leyenda “Mi Dios, ayúdame a sobrellevar este amor moribundo”, escrita en alemán. Popularmente conocida como El beso de la muerte o Beso de hermanos, la obra de Vrubel fue pintada en 1990 y rápidamente devino ícono del hito cultural que significó la caída de la Cortina de Hierro. En 2009, después de que fuera borrada por la policía, Vrubel repintó su obra a orillas del río Spree. Su segundo hit fue el calendario ilustrado 12 Moods of Putin (2001), donde criticaba el enamoramiento de la sociedad moscovita con el nuevo líder.

ALEXANDER KOSOLAPOV (1943)
Revolución, religión y branding
Residente en Nueva York desde 1975, Kosolapov reinterpretó el arte pop como campo de batalla semiótico de la Guerra Fría. En sus obras, íconos soviéticos (Lenin, Malevich) y cristianos se cruzan con los de la sociedad de consumo (Coca-Cola, Marlboro) para crear una nueva instancia donde revolución, religión y branding se muerden la cola. La obra de Kosolapov, que integra las colecciones del Guggenheim, el MoMA y el Pompidou, conoció los rigores del poder político y religioso. En 2003, el director del Museo Andrei Shakarov de Moscú fue expulsado por exhibir una obra suya que mostraba a Cristo en un anuncio de Coca-Cola con el eslogan “ésta es mi sangre”. La muestra, llamada Beware, Religion! (¡Cuidado, religión!) fue atacada por militantes ortodoxos. Entre 1979 y 1986, Kosolapov tuvo un rol determinante en la difusión del arte contemporáneo ruso al distribuir en Nueva York la publicación clandestina A-Ya, escrita en Moscú e impresa en París.

VLADIMIR DUBOSSARSKY & ALEXANDER VINOGRADOV (1964/ 1963)
La lectura pop de la historia
Parte de la escudería internacional de la galería Saatchi de Londres, con obra en las colecciones permanentes del Pompidou y del Museo de Houston, entre otras instituciones rusas y europeas, Dubossarsky & Vinogradov pintan juntos desde 1994. En los años noventa se apropiaron del realismo socialista de las décadas de 1940 y 1950 para imaginar hipotéticos afiches de thrillers y películas de porno soft. Como otros artistas rusos de su generación, se inclinaron por el uso irónico del pop como lenguaje internacional para terminar trabajando los bordes de la ucronía (reconstrucción histórica basada en hechos posibles pero no reales): grandes retratos al óleo de Pablo Picasso o Andy Warhol posando en paisajes de Moscú. Clásicos y posmodernos, suelen entreverar figuras del show business (Arnold Schwarzenegger) en paisajes bucólicos de apariencia preimpresionista. Representaron a Rusia en la 50a Bienal de Venecia.
ILYA & EMILIA KABAKOV (1933/1945)
Utopía soviética versus realidad
Con presencia destacada en ediciones de la Bienal de Venecia y de la Documenta de Kassel, los Kabakov, pareja en el arte y en la vida, son considerados los artistas rusos más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Quienes hayan visto este año en Fundación Proa la instalación ¿Dónde está nuestro lugar? (emplazada originalmente en Venecia 2003 como muestra independiente) tuvieron la experiencia de recorrer un simulacro de salón donde los siglos XIX y XXI se debatían ante la mirada de gigantes imaginarios. Llegados a Estados Unidos en diferentes oleadas migratorias, los Kabakov trabajan juntos desde 1989 y echaron raíces en Long Island, aunque en sus ambientaciones siempre late la tensión entre las promesas de la utopía soviética y la vida diaria del posestalinismo. Los Kabakov tienen incluso un documental: Enter Here (Amei Wallach, 2014) muestra su regreso a Moscú después de veinte años para mostrar instalaciones en lugares que antes les habían sido negados.

PASHA 183 (1983-2013)
El graffiti, de la calle al museo
Desde que The Guardian lo llamó en 2012 el “Banksy de Moscú”, a Pavel Pukhov le quedó muy poco tiempo para proyectar su nombre (mejor dicho, su sobrenombre) en la escena internacional. Se hacía llamar Pasha 183 y a tal punto cimentó una leyenda con sus osados grafitis y murales que el Museo de Arte Moderno de Moscú le dedicó una retrospectiva después de su muerte, a los 29 años. Fue la primera vez que una institución del país abría sus puertas al street art. Pasha 183 había utilizado a toda Moscú como soporte desde 2002, y sus obras quedaron grabadas en el ojo contemporáneo de la ciudad. Para marcar el aniversario del golpe de Estado de 1991, por ejemplo, convirtió las puertas vidriadas de una estación de subte en siluetas de policías antimotines; en Spaghetti, un tenedor descomunal se dejaba ver al pie de una maraña de desperdicios. Banksy, su referente occidental, le dedicó un homenaje post mortem: el mural P183. RIP.
VOINÁ (COLECTIVO, 2007)
Activismo, absurdo y protesta 2.0
Entre el escándalo del activismo vienés, el absurdo del happening y los métodos de choque de la protesta 2.0, el colectivo Voiná (“guerra”, en ruso) se convirtió en el enemigo público número uno del régimen del neo-zar Vladimir Putin y alumbró nada menos que al grupo de performance Pussy Riot, que pagó con la cárcel su “oración punk” en la catedral Cristo Salvador de Moscú. El mundo supo entonces de Nadezhda Tolokónnikova (1989), Yekaterina Samutsévich (1982) y María Aliójina (1988), condenadas a dos años de prisión. Pero fuera del radar internacional quedarán para el registro del arte ruso del siglo XXI las osadas irrupciones de Voiná. Hora mordoviana, celebrada el 1 de mayo de 2007, consistió en el lanzamiento de gatos vivos contra las cajas registradoras de McDonald’s. Fue la primera acción de una lista que incluyó sexo en público, ahorcamientos ficticios, robos en supermercados y un miniconcierto punk en un tribunal.
IRINA NAKHOVA (1955)
Experiencias en un paisaje mental
Considerada una pionera del conceptualismo moscovita, junto con Ilya Kabakov y el teórico Boris Groys, Nakhova se convirtió en 2015 en la primera mujer que representó a Rusia (y la ex Unión Soviética) en la Bienal de Venecia. Mientras la galería Nailya Alexander vende sus obras en Nueva York, Nakhova alterna entre Nueva Jersey y Moscú. En la capital rusa mantiene el pequeño departamento donde realizó la legendaria instalación Rooms, en 1984. Egresada de la escuela soviética de diseño gráfico, Nakhova puede combinar pintura, escultura y video para conformar ámbitos que comprometen al espectador como co-autor de su obra. Verdaderos paisajes mentales. “Uno de mis mayores objetivos ha sido el de crear espacios para diferentes experiencias, físicas e intelectuales, que de otro modo no existirían como espacios”, ha dicho. Lleva realizadas más de treinta muestras en todo el mundo.







