
Arte y ciencia: el verdadero código Da Vinci
Durante siglos, los expertos han diseccionado la obra del gran artista del Renacimiento. Ahora, gracias a las nuevas tecnologías, un grupo de investigadores ha revolucionado todo ese legado para develar los secretos escondidos en la obra del genio florentino
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En el invierno de 1964-1965, en una estantería de la Biblioteca Nacional de Madrid, el hispanista norteamericano Jules Piccus descubrió por casualidad dos volúmenes autógrafos de Leonardo da Vinci. Con más de 700 páginas de diseños inéditos y notas del genio toscano, ambos manuscritos, bautizados como Códex Madrid I y II, llegaron a España en el siglo XVII, pero permanecieron extraviados durante más de 150 años por un error de inventario. "En el Códex Madrid I encontramos la base de todas las máquinas actuales, incluidas las electrónicas -asegura Mario Taddei, un milanés entregado al estudio de los manuscritos de Leonardo desde hace 15 años-. Hay de todo. Por ejemplo, cómo construir un robot o un vehículo autopropulsado."
Las investigaciones de Taddei tienen cierto aire detectivesco, si bien su historia no guarda relación alguna con la célebre y multimillonaria novela armada en torno a supuestos enigmas ocultos en los cuadros de Leonardo. Aquí, de hecho, dejamos a un lado al pintor para centrarnos en el científico. Desde joven, Leonardo entendía que su misión en la vida era comprender la naturaleza, por eso intentó penetrar en sus secretos y deducir sus leyes. En 1482, Lorenzo de Médici, príncipe de Florencia, lo envió a Milán para asegurar la paz con ese ducado. Con apenas 30 años, al igual que muchos artistas jóvenes en busca de un salario, Leonardo, en su carta de presentación al duque Ludovico Sforza, conservada en el Códex Atlanticus (la más extensa recopilación de manuscritos de Leonardo, preservada en la Biblioteca Ambrosiana, en la capital lombarda), se centraba en sus proyectos de aparatos militares, obras hidráulicas, arquitectura y, sólo al final, restándoles importancia, en los de pintura y escultura.
En 1513, seis años antes de su muerte, tras culminar obras como "La Gioconda", "San Juan Bautista" o "La Virgen, Santa Ana y el Niño", el pintor quedaba definitivamente enterrado, mientras el científico era una realidad consciente de su propia importancia. Es esa combinación de artista y científico genial lo que hizo de Leonardo una personalidad única; un hombre hiperactivo del que nos han llegado más de seis mil folios manuscritos con estudios matemáticos, de ingeniería, mecánica, arquitectura, medicina e, incluso, arqueología, de los cuales los Códex encontrados en Madrid, los últimos en aparecer, son, aunque fascinantes, apenas una pequeña parte.
El legado
Cuando ambos volúmenes fueron publicados, en 1974, Mario Taddei era un bebé de un año, ajeno por completo a la excitación generada entre los expertos. Hoy tiene 35 y es su hijo Leonardo, de uno, quien permanece indiferente al revuelo causado por las publicaciones de su padre, cofundador de Leonardo3 (L3), una revolucionaria institución entregada al estudio del legado de Leonardo, especialmente de esos más de seis manuscritos atribuidos al genio nacido en Anchiano, cerca de Florencia, el 15 de abril de 1452. Para Taddei, todo ese acervo leonardiano es una especie de lectura de cabecera, en cuya restauración y revisión, con la ayuda de modernas técnicas de digitalización, lleva inmerso cinco años. Una tarea que le ha permitido encontrar las claves de algunos enigmas y códigos de Da Vinci.
"Cada vez que Leonardo escribía algo nunca señalaba el propósito ni el nombre de sus diseños, y nunca lo hacía una sola vez; más tarde repasaba todo lo que escribía y redibujaba buscando perfeccionar sus ideas -explica el investigador italiano-. Cuando encuentras algo importante, un indicio de un diseño o una máquina, siempre hay una copia en otro documento, otra copia en otro y así... Para entender el mecanismo del que está hablando tienes que cruzar todas esas copias, contrastar los diseños y, más tarde, buscar en otros documentos elementos que puedan tener relación. Es un gran error estudiar un manuscrito de Leonardo sin tener en cuenta los demás. Todos sus documentos, en su mente, estaban relacionados entre sí. Es un trabajo muy duro, pero muy divertido, porque es real y encuentras relaciones fascinantes. Descubres cosas que nadie había visto hasta ahora."
Ilustrémoslo con el ejemplo del león mecánico, una de las tres grandes revelaciones, junto a un grupo de soldados robot y un carro automotriz, incluidas en Leonardo da Vinci s Robots, el último libro de Taddei. En el Códex Madrid I, el investigador halló la pista definitiva del felino que numerosas fuentes -entre ellas, un texto de Miguel Ángel Buonarroti- adjudicaban a Da Vinci. Al parecer, el 12 de julio de 1515 Francisco I, recién coronado rey de Francia y último de los grandes mecenas vincinianos, hizo una entrada triunfante en Lyon, donde vivían numerosos banqueros y comerciantes toscanos. Florencia estaba gobernada por un Médici, y el papa León X, otro Médici, quiso honrar al monarca y encargaron a Leonardo el diseño y la construcción de un león, símbolo tanto de la ciudad del Arno como de la del Ródano, para agasajar al nuevo rey, a cuyo paso dejaría caer una alfombra de lilas.
"Había muy poco rastro de este león. No hay dibujos, excepto uno en el Códex Madrid I, en el folio 90v, que es, sin duda, la pata de un animal. Ahí, Leonardo describe el mecanismo como un ´pie que se mueve de una determinada manera. Todo el mundo pensaba que esta palabra, ´pie , era algo referido a un robot humano, no a un león -comenta Taddei con entusiasmo-. Comencé a revisar otros documentos de Da Vinci, el Códex Atlanticus y demás. Comprobé que Leonardo usaba la palabra ´pie también en sus dibujos y estudios anatómicos de leones -un animal por el que sentía una verdadera fascinación-. Todo esto me hizo pensar que la máquina podría ser un león.»
A partir de aquí, otros elementos fueron encajando. En el Códex Madrid I, Taddei también encontró dibujos de la estructura interna de algún tipo de animal gigante e incluso del mecanismo autopropulsor del felino. Así, siguiendo las indicaciones del genio toscano, Taddei se encerró en el laboratorio con su equipo de L3, donde han conseguido reconstruir un león mecánico capaz de lanzar cientos de lilas, a semejanza del que asombró a Francisco I.
Las nuevas tecnologías han sido una ayuda inestimable en todo el proceso. En el caso del león, cuando Taddei estaba cerca de rematar el robot, encontró algo extraño en el folio 90v del Códex Madrid I. "En el centro de ese documento está el dibujo del ´pie , el diseño es tan evidente que el resto de la página solía considerarse vacío, pero, como suele ocurrir con Leonardo, hay rastros de cosas dibujadas en el envés -recuerda Taddei-. Después de muchísimo trabajo con el ordenador, extraje un misterioso dibujo escondido en este documento, una nueva pata, lo que demostraba que la idea inicial constaba de dos extremidades delanteras. Fue muy emocionante, porque lo hallé casi después de haber acabado el trabajo, y esta pista confirmó toda mi tesis."
Como se ve, el caso del león requirió un gran esfuerzo por lo disperso de las diferentes evidencias y el escaso número de ellas. Taddei, sin embargo, se muestra especialmente emocionado cuando recuerda el proceso que le permitió construir un ejército de autómatas, una especie de arma secreta defensiva, cuyo diseño había ocultado Leonardo entre sus manuscritos. Un hecho, para el que Taddei ofrece dos posibles explicaciones: "Puede que existiera un diseño definitivo extraviado o bien, como ocurrió con su submarino, Leonardo lo consideraba un trabajo tan delicado que decidió protegerlo esparciendo sus componentes por distintos manuscritos".
El interés de Leonardo por las armas fue un signo del tiempo que le tocó vivir. Como cualquier ser humano mínimamente racional, aborrecía la guerra -la llamaba "repugnante locura"-, pero ante los conflictos constantes que entre 1494 y 1559 -las llamadas Grandes Guerras de Italia- implicaron a Francia, España, el Sacro Imperio, Inglaterra, Venecia, los Estados Pontificios, el Imperio otomano y las ciudades Estado italianas, no dudó en tomar partido en una época en la que los ejércitos buscaban la superioridad estratégica con nuevas armas con las que atacar a distancia y evitar el combate cuerpo a cuerpo. Cuando Leonardo se ofreció como ingeniero militar a sus mecenas florentinos y milaneses, es indudable que fue bien recibido. A cambio, recibía generosas compensaciones y la satisfacción de ayudar a su país. Sin embargo, prefirió proteger algunos de sus diseños, como el submarino o el grupo de soldados robots recién descubierto por Mario Taddei, alegando que los hombres podrían utilizarlo para "hacer el mal en tiempos de guerra".
La primera referencia al arma descubierta por Taddei la encontró el experto Carlo Pedretti en 1957, al identificar un soldado mecánico entre los dibujos del genio toscano. "Desde entonces -cuenta Taddei-, investigadores y comisarios de diferentes exposiciones sobre las máquinas de Leonardo han intentado reconstruirlo, pero nadie había conseguido crear un modelo que funcionase ni identificar cuál era el objetivo preciso."
Para esta investigación, los expertos de L3 hicieron tábula rasa de los hallazgos previos sobre el asunto, basados todos en cuatro páginas del Códex Atlanticus en las que Leonardo ocultó el proyecto de su ´robot . "Partiendo de cero -relata Taddei-, estudiamos otra vez los folios 579r, 1.077r, 1.021r y 1.021v, donde hay 174 diseños, y los relacionamos con otros documentos como el Códex Madrid I o el Códex Windsor. Para el ojo profano, parecen un conjunto confuso de dibujos y anotaciones. Pero si observamos cada detalle (el busto de una armadura, articulaciones del hombro, cuerdas y poleas con forma de torso humano...), distinguimos vínculos lógicos entre los diferentes diseños y documentos. Así, distinguimos cuáles eran dibujos del ´robot y cuáles engranajes genéricos."
Descifrar esos códigos fue una tarea detectivesca que requirió 16 meses de trabajo, pero todavía faltaba verificar los resultados con la práctica. Todos los diseños fueron reproducidos en modelos digitales en 3D y posteriormente ensamblados en el ordenador basándose en los apuntes y conocimientos de Leonardo en materia de ingeniería bélica. Después, se fabricó una maqueta con la técnica del Lego y, más tarde, otro a escala real a base de madera, hierro y cuerdas, utilizando, exclusivamente, materiales y sistemas del siglo XV -"Siempre tengo que ponerme en la mente de Leonardo y la de su tiempo", subraya Taddei-. El resultado final es un grupo de soldados acorazados, dispuestos en filas paralelas o en círculo, que sujetan altas alabardas y las mueven de forma amenazante. De hecho, en el folio 579v del Códex Atlanticus hay dibujos de poleas múltiples para distribuir el movimiento en diferentes puntos; y en la página 369r, Leonardo dibujó otras poleas sobre la siguiente anotación: "Una misma cuerda puede provocar muchos movimientos con el suyo". En el siglo XVI, ni el estratega más experimentado hubiera imaginado un truco semejante.
Técnicas avanzadas
La pasión de Taddei y su equipo por el gran genio del Renacimiento es fundamental para entender su trabajo, pero la clave de todos sus descubrimientos la encontramos en el aprovechamiento de las nuevas tecnologías. "Antes de nuestro trabajo, todos los estudios y las reproducciones de diversas máquinas que hay por el mundo se basaban en fotografías de los manuscritos realizadas, como mínimo, hace 20 años -explica Taddei-. Nosotros estamos revisando esos documentos con las técnicas más avanzadas y podemos ver cosas inalcanzables para el ojo humano. Por ejemplo, Leonardo, antes de aplicar el lapicero, usaba un lápiz de hierro muy fino cuyo trazo no se puede distinguir en una fotografía común. Es algo que permite saber cosas como si utilizó un compás o, incluso, si los dibujos son realmente de Leonardo o añadidos posteriores."
Es más, Taddei asegura que teorías como la que afirma que Leonardo inventó el tanque armado, el submarino o el helicóptero no son más que "simple ilusión vendida en exposiciones y documentales superficiales". Según él, la mitad de las cosas que uno encuentra en las muestras sobre Leonardo están equivocadas o, incluso, no son suyas. "La bicicleta es un ejemplo curioso. En la colección del Códex Atlanticus, que tiene casi 1.200 páginas, unas 15 no son de Da Vinci. Es difícil reconocerlas, pero, una vez que lo haces, ves que es imposible decir que son suyas. En el Códex hay dibujos de una bicicleta, pero no son de la mano de Leonardo, sino que fueron realizados hace un siglo", aclara Taddei.
Según este experto, más de la mitad del trabajo con máquinas de Leonardo era una copia de otros libros. "Aun así -concede-, su contribución a todo ello es enorme. La parte más importante de su trabajo con mecanismos consiste en entender los documentos y la ingeniería anterior a él, copiar las máquinas y mejorarlas. Su trabajo fue en esa dirección y mejoró la funcionalidad de muchos modelos anteriores. En algunos casos fue un punto de partida, pero en otros actuó más como reimpulsor."
Sus colegas italianos, bastante mayores que él, recibieron la irrupción de Taddei con recelo y cierto menosprecio. "Tras largas explicaciones y debates dieron por buenas mis investigaciones y empezaron a tratarme como a un colega -rememora-. No les gustó mucho que alguien de mi edad dijera que algunas de sus explicaciones o diseños estaban equivocados.»
El trabajo de Taddei y L3, que revisa los manuscritos de Leonardo -entre sus publicaciones figuran títulos como Las máquinas de Leonardo. Secretos e inventos en los códices de Da Vinci, Los puentes de Leonardo o El códice del vuelo-, no ha hecho más que empezar. Por de pronto ya trabajan en un concienzudo repaso al Manuscrito B, el primer Códex encuadernado atribuido al toscano. Custodiado por la Biblioteca del Instituto de Francia, en París, en sus cien páginas hay más de 200 artilugios, incluidas máquinas voladoras y el famoso submarino. "Es todavía más sorprendente que los Códex Madrid", afirma Taddei, entusiasmado. Es lo que ocurre con Leonardo, cada paso es más fascinante que el anterior. "Aún hay cientos de páginas deterioradas, casi desconocidas, que nadie ha conseguido interpretar. Son las más importantes, porque guardan los verdaderos secretos de Leonardo." Taddei, por supuesto, espera descubrirlos muy pronto.
LA NACION y ABC





