
"Aurora", más clara
Horacio Sanguinetti Para LA NACION
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El tema de los símbolos patrios, y hasta el de los próceres, está hoy en debate. La notoria canción "Aurora" no está exenta, porque su texto es oscuro y confuso. Veamos los antecedentes.
Para la temporada inaugural del Colón (1908) se había encomendado a Héctor Panizza (1875-1967), talentoso compositor y director argentino que venía de triunfar en Europa, la preparación de una ópera que denominó Aurora .
Musicalmente, se montó sobre la onda del verismo. No se busquen rasgos nacionales en sus notas, pero sí en su exaltado argumento. El texto fue confiado a Luigi Illica, inspirado libretista de Puccini, Giordano, Catalani, Mascagni, etcétera. El tema es muy reiterado en Illica: el tenor, un contestatario, quiere irse con la soprano, pero el barítono ejercita su poder político para impedirlo: lo mismo sucede, con variantes, en Tosca y Andrea Chénier .
El libreto original es, por cierto, italiano. La arquitectura seudohistórica corrió por cuenta de Héctor Quesada, intelectual argentino que figura como coautor.
Agudos epígrafes en su original castellano, ilustran cada acto o capitolo . Corresponden a Vicente F. López, Bartolomé Mitre y Rubén Darío.
La cita de López expresa: "La patria común se alzaba en el horizonte como en brazos de una luminosa aurora". De ahí deriva el nombre de la protagonista y el de la ópera, así como una referencia a los albores de la Nación.
Los dos epígrafes de Mitre están tomados de la Historia de Belgrano . El del capitolo primo refiere cómo "la meditación, la lectura, la voz de la naturaleza dispusieron su ánimo para llevar a cabo la empresa atrevida". La del capitolo secondo establece que "era, pues, una verdadera revolución la que se operaba entre el pueblo y el gobierno".
Por último, el epígrafe de Darío, que a la fecha del estreno aún vivía, corresponde a un fragmento de su Canto a Roosevelt .
Las incongruencias históricas abundan: a quince días de producida la revolución en Buenos Aires, el precoz tenor ya dispone de su bandera, y Güemes capitanea sus guerrillas ¡en Córdoba! Pero en ópera todo se tolera, y surgen referencias a personajes reales, como Liniers, el obispo Orellana y el agente Lavin.
En la década del 40, Panizza decidió traducir al castellano el libreto, tarea que asumieron Angel Pettita y Josué Quesada, hijo del coautor. Lo hicieron con esmero, pero según un estricto pedem literae , y su vuelo no fue de águila. El "Himno a la bandera" resultó lo más perjudicado, un galimatías agravado por el hecho justísimo de haber sido elevado, en 1945, a la condición de cántico escolar. La inspirada música salva todo, porque la letra resulta casi incomprensible para los niños... y muchos grandes.
He aquí un debate que merece abrirse: ¿habría que retocarla, alumbrando una aurora más clara? Algunos creen que no, pues ya está incorporada a nuestra sensibilidad. Pero en vista de que hasta el padrenuestro ha sido actualizado, creemos que "Aurora" ganaría mucho si su letra se aligerara. Por aquello de Cervantes: "Llaneza, muchacho, que toda afectación es vana".
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