Laetitia Colombani: "Concibo el feminismo como una acción pacifista y humanista"

La escritora francesa, autora de la exitosa La trenza, considera que, más allá de los avances del movimiento de mujeres, la sociedad aún está lejos de haber logrado la igualdad entre los géneros
Verónica Boix
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17 de agosto de 2019  

Laetitia Colombani
Laetitia Colombani Crédito: Santiago Cichero/AFV

De paso por Buenos Aires, la cineasta, escritora y actriz francesa Laetitia Colombani (Burdeos, 1976) dice que encontró en la literatura una libertad que el cine no le daba. Es cierto que filmó su primera película a los 25 años y dirigió a actrices como Audrey Tautou y Catherine Deneuve; sin embargo, el reconocimiento mundial le llegó con La trenza (Salamandra, 2017), su primera novela, que vendió más de medio millón de ejemplares solo en Francia, fue traducida a casi treinta idiomas y tendrá su versión en el cine el año próximo. El secreto de ese éxito está seguramente en la visión esperanzadora de una historia que une tres continentes: una madre de la casta de los "intocables" en la India, una "trabajadora de cabellos" italiana y una abogada canadiense muy exitosa enfrentan los desafíos de sus culturas en busca de construir un futuro mejor.

En un ida y vuelta entre imágenes y palabras, la idea de escribir la novela nació en el cine: "Hace mucho tiempo vi la película Babel de Alejandro González Iñárritu y pensé que un día me gustaría escribir una Babel en femenino. Entrecruzar retratos de mujeres que a priori no tienen nada en común, para mostrar cuál es la condición de vida de las mujeres en el mundo de hoy. Mostrar lo que viven, lo que sufren, pero también su valentía y la aptitud que tienen para sobrepasar las pruebas que se les presentan", dice Colombani. Y a lo largo de la charla mantiene una sonrisa radiante para defender con serenidad las cuestiones centrales que en nuestros días preocupan a los feminismos de las distintas regiones.

¿Cuál fue el origen de la historia que cuenta La trenza?

El punto de partida fue mi mejor amiga, que se enfermó de cáncer. Cuando empezó a hacer quimioterapia me pidió que la acompañara a elegir una peluca. Se probó sintéticas y finalmente eligió una de cabello natural. Ese cabello venía de India. En ese momento me emocionó pensar que una mujer en India había llevado su cabello y que ese mismo cabello ayudaba a mi amiga. Inmediatamente se me ocurrió un libro en tres partes sobre mujeres en el mundo de hoy.

¿Por qué elegiste unir culturas tan diversas como las de India, Italia y Canadá?

Buscaba pintar retratos de mujeres lo más distantes posibles, que estuvieran en las situaciones más disímiles. Quería poner el retrato de una mujer pobre entre los pobres, ubicada en lo más bajo de la escala social en un país como India, en paralelo con el de una mujer poderosa que tiene éxito en todos los planos en una sociedad en apariencia igualitaria, en la que aparentemente las mujeres son libres. Quería poner el foco en estos destinos muy extremos para demostrar que en ambos casos las mujeres llevan cadenas. Sean visibles como en India o muy invisibles como en Canadá. Cada mujer tiene que romper esa coraza para ella misma y para las mujeres que la suceden.

A pesar de transitar temas relacionados con los derechos de las mujeres, la novela no pone el acento en la lucha entre los géneros, ¿Cuál es tu mirada sobre el feminismo?

Me siento profundamente feminista, en el sentido de que quiero expresar las voces de las mujeres. Para mí ser feminista es ser humanista. Y una no puede decirse humanista si olvida a la mitad de la humanidad. Creo que el combate del feminismo en la actualidad no es de las mujeres contra los hombres, sino de las mujeres con los hombres, contra las tradiciones, contra los prejuicios. Concibo el feminismo como una acción pacifista y humanista. Por eso quiero mostrar hombres que son bondadosos. Pienso en el personaje de Kamal, por ejemplo, el novio de Giulia en la parte siciliana: para mí es un hombre que ama a las mujeres y las considera sus iguales. Justamente, la religión sij que él profesa es muy interesante porque considera al hombre y a la mujer en un pie de igualdad.

¿Por qué los hombres de la historia parecen atados a las tradiciones mientras las mujeres luchan por cambiarlas?

Creo que esa es la realidad. Pienso que las mujeres deben impulsar el movimiento, el cambio. Quizás hoy sea más fácil ser hombre, porque ellos tienen cosas adquiridas desde siempre. En cambio, las mujeres tenemos todavía mucho que conquistar. No solo para nosotras, sino también para nuestras hijas y para nuestras nietas. Para el futuro. Pienso que eso nos da energía. Admiro mucho a las mujeres que me rodean, las encuentro muy fuertes y valientes. Creo que tienen recursos que ni siquiera ellas mismas saben que poseen. Son esas mujeres las que quise mostrar en el libro.

¿De alguna forma el pelo es un recurso central para Sarah, Giulia y Smita. ¿Qué simboliza para vos?

Elegí el pelo porque es el símbolo de cierta femineidad, y al mismo tiempo, descubrí que es un símbolo de solidez y resistencia. El cabello es una materia sumamente resistente. Se puede colgar un peso grande y el cuero cabelludo cede antes que se rompa el propio pelo. Es un símbolo de femineidad y de resistencia

Es también el elemento que las libera.

Quería que la emancipación pasara a través del cabello. Como sucede con Giulia, que va a encontrar el modo de salvar el taller, y su emancipación va a pasar por el pelo. Es una joven que va a convertirse en mujer y se va a imponer como tal. Desde siempre se asocia el pelo con la femineidad, y yo quería asociarlo también con una forma de libertad.

¿En qué medida esa libertad se vincula con un equilibrio entre la vida personal y la vida laboral?

Es muy difícil en nuestras sociedades encontrar el equilibrio entre la vida privada y la vida laboral. La sociedad debería ayudar a las mujeres a encontrarlo. Son decisiones políticas muy importantes. Voy a citar el ejemplo de los países nórdicos. Son los más adelantados en el mundo y permiten que las mujeres trabajen en cargos con altas responsabilidades y mantengan el cuidado de los hijos. Salen del trabajo a las cuatro de la tarde, y si se quedasen en la oficina hasta las nueve de la noche se las consideraría poco eficaces. Son decisiones políticas; las mujeres tienen derecho a encontrar el equilibrio entre la vida familiar y la vida profesional.

Sin embargo, en las tres historias las protagonistas enfrentan sus desafíos como una lucha individual.

Quería mostrar que, pese a la evolución de las distintas sociedades, estamos muy lejos de la igualdad. Vivimos en sociedades que no son muy justas frente a las mujeres. Si hablo de la sociedad francesa, por ejemplo, hay casi un 40 por ciento de diferencia de salario entre un hombre y una mujer. Solo una de cada cien violaciones es castigada por la Justicia. Cada dos días una mujer muere golpeada por violencia conyugal. Una sociedad así no es en absoluto igualitaria. El camino hacia la justicia y la igualdad es largo. Como mujer y madre anhelo un mundo más justo.

La novela muestra con mucha verosimilitud la extrema desigualdad que existe en India. ¿Cómo te acercaste a esa cultura?

Viajé a India varias veces y tengo amigos indios. También vi muchos documentales, reportajes. Una realidad como la de los "intocables" en las aldeas, que por ejemplo tienen el trabajo de levantar los excrementos con las manos, es algo que no se ve en un viaje turístico. India tiene maravillas y horrores. Descubrí las maravillas a través del turismo y quise también descubrir el otro lado. Es una sociedad muy ambivalente; es el país del surgimiento del budismo, del yoga, de las curas ayurvédicas y, al mismo tiempo, es una de las sociedades más violentas del mundo. Las mujeres son consideradas inferiores a los hombres. Me parecía importante decir que esa realidad todavía existe. Tengo un muy buen amigo en India y le pregunté si la situación de los "intocables" estaba mejorando, pero me dijo que empeoraba.

¿Te identificás con alguno de las tres personajes?

Me siento cercana a las tres mujeres. Cada una de ellas se corresponde con un aspecto de mi personalidad. Smita es la mamá. Tengo una relación muy fuerte con mi hija, y pensé mucho en ella cuando escribía el personaje de Lalita. Me preguntaba qué habría pasado si hubiera nacido en India, cuál hubiera sido mi vida y la de mi hija. El nexo filial da fuerza, da valor. Giulia es mi parte enamoradiza. Se enamora de un hombre que es distinto, que no tiene la misma cultura y religión que ella, y tiene la curiosidad de ir hacia eso. Es algo que me pasó. Sarah es mi yo social, soy una persona muy voluntariosa; ascender socialmente es algo que me importa. Me apasiona mi vida profesional y le dedico mucho. Me ha pasado sentir el tironeo entre la vida profesional y la vida familiar. Tengo mucha suerte porque soy escritora, puedo trabajar en casa y estar bastante disponible para mi familia. Eso para mí es un lujo.

La fuerza de Lalita empuja a Smita a romper con la tradición y construir un futuro mejor para ambas; de modo similar, en la Argentina la fuerza de las jóvenes está impulsando un cambio social relacionado con la legalización del aborto.

Nací el año en que se legalizó el aborto en Francia, impulsado por Simone Veil. En una sociedad donde el aborto no es legal, la mujer no puede ser libre. Me sorprende mucho que todavía hoy, en 2019, haya países que bloqueen estas leyes. Poder disponer de su cuerpo es un derecho fundamental de la mujer.

Tus primeros trabajos fueron en el campo del cine, ¿qué encontraste en la literatura?

La literatura me aportó la libertad. En cine hay muchas limitaciones de lo que es realizable, de presupuesto, de dinero. Mientras escribía La trenza descubrí que el campo de la literatura es infinito. La escritura de una novela me permite estar más cerca de la intimidad de un personaje, escribir desde el interior. El cine es un ojo exterior.

¿Tus proyectos nuevos tienen que ver con la escritura o con el cine?

Escribí una segunda novela, Les victorieuses, que acaba de publicarse en Francia y el año próximo va a editarse en español. También terminé el guión de la versión cinematográfica de La trenza, que vamos a filmar el año próximo. Ya elegí los escenarios en India y en Sicilia, y estoy ocupándome del casting que todavía no está definido. No imaginé que se iba a convertir en una película. Pero mi manera de trabajar en cine influye en mi escritura. Trabajé la novela como trabajo en cine, con imágenes y música.

En particular, la música de la narración cambia de ritmo en la poesía de la tejedora que entrelaza todas las historias, ¿cómo surgió esa voz?

Mi editora me sugirió que agregara una cuarta voz. Ya había terminado el manuscrito y se me ocurrió que en el libro faltaba mi voz. Esa tejedora que trabaja en soledad es muy semejante a mí, porque la escritura es un trabajo muy artesanal. Uno hace, deshace, vuelve a empezar. Podría ser la poesía de una tejedora o de una persona de cualquier parte del mundo, porque es una metáfora de la creación.

Al mismo tiempo, parece decir que nuestras acciones pueden tener efectos en personas desconocidas.

El nexo invisible entre los seres es una idea que me emociona. Al final del libro hablo de una gran red de almas; es una imagen que me importa mucho. Nuestro comportamiento tiene un impacto en otros seres. De una u otra forma, estamos todos ligados.

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