Paolo Giordano: "Lo que más me interesa es la complejidad del ser humano"

Uno de los más celebrados autores italianos, que estará esta semana en la Feria del Libro, descree de la escritura "comprometida": "No necesito ser explícito en mi literatura", dice
Alejandro Patat
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24 de abril de 2016  

ROMA.- Paolo Giordano, ex investigador de física teórica y uno de los más jóvenes escritores italianos, ganador en 2008 del Premio Strega con La soledad de los números primos, fue invitado por el Instituto Italiano de Cultura de Buenos Aires para participar de la Feria del Libro que abrió sus puertas el jueves pasado.

Se impuso con esta primera novela, en que se narra la historia de dos adolescentes enajenados, incapaces de comunicarse con el mundo. En 2012, publicó El cuerpo humano, un libro sobre la guerra en Afganistán, que cuenta las vicisitudes íntimas de un pelotón italiano durante el conflicto bélico en el que entró Italia apoyando las misiones de los norteamericanos e ingleses. Dos años más tarde, apareció su última novela, Como de la familia, en la que se describe la vida tempestuosa de una pareja joven en la sociedad actual, que sobrevive gracias a la acción benéfica de una mucama. Desde hace años, publica artículos de actualidad en el Corriere della Sera, muchos de los cuales están firmados en París, donde pasa una buena parte del año.

En la Feria del Libro de Buenos Aires, Giordano dará una entrevista pública el próximo miércoles, a las 19, en el stand de LA NACION, y volverá a presentarse el sábado, a las 18, en la sala Leopoldo Lugones.

Giordano me propuso encontrarnos en un hotel romano a pocos pasos de Piazza del Popolo. Es la primera vez que un escritor me da cita a las ocho de la mañana. Los dos acabábamos de regresar de París. Y, mientras me dirigía al hotel, caminando bajo una llovizna todavía invernal, observaba el espectáculo de una Roma casi desierta, tan desierta como París después de los atentados. Entonces, pensé que la entrevista debía comenzar por ahí, por esa sensación de desasosiego, temor y desesperanza que afecta a los europeos, que parecen haber renunciado incluso a los pequeños placeres que ofrecen sus ciudades.

Se presentó puntualísimo e impecablemente vestido en el hall del hotel, como si su jornada comenzara de verdad muy temprano. No obstante la llovizna y el frío, prefirió que nos sentáramos afuera, cobijados bajo una sombrilla: con dos cafés fuertes de por medio, charlamos de la situación europea, de sus libros y de su pasado como físico teórico.

Como seguramente sabe, Alessandro Baricco lanzó recientemente una provocación a los escritores e intelectuales europeos, al afirmar que hoy ninguno de ellos está en condiciones de afrontar la realidad en sus ficciones. Es decir, asistimos al propagarse de una escritura autobiográfica, exhibicionista y narcisista, y falta una verdadera epopeya de nuestros tiempos. ¿Europa ya no es capaz de representarse a sí misma?

Yo creo que hay una gran confusión acerca de lo que significa ser "político" en literatura. Al menos en Italia, a menudo el compromiso frente a la realidad se entiende como toma de conciencia frontal y directa. A mí esa idea de compromiso "a la italiana" no me interesa. Yo prefiero leer o escribir una novela que filtra el espíritu de su tiempo. Yo no siento la necesidad de ser explícito en mi literatura, y que ésta se transforme en una declaración ideológica.

Sin embargo, usted es uno de los pocos que no ha escrito sobre sí mismo y, en cambio, ha escrito sobre las guerras de los últimos años. En particular, en El cuerpo humano, que narra la trágica experiencia de un pelotón italiano en Afganistán, ha compuesto una lúcida representación de ese conflicto sangriento.

El cuerpo humano es una reflexión sobre el hoy y sobre nuestros tiempos. La guerra me permitió acercarme a los problemas que aquejan a nuestra sociedad con una intensidad mayor. Es una metáfora generacional. Es decir, la historia de una generación abandonada a sí misma y que tiene enormes dificultades para insertarse en la dinámica social de hoy.

La novela quiere contar la historia de una nueva juventud "sacrificada", como reza el bellísimo epígrafe de Remarque: "Y si incluso nos devolvieran estos años de nuestra juventud, ya no sabríamos qué hacer con ellos".¿Pero por qué decidió tomar a esos chicos enviados a las guerras de hoy como metáfora de una generación europea sacrificada?

Para mí ese pelotón representa la realidad. Y esos soldados son equivalentes a chicos universitarios, a jóvenes que trabajan, a los millones de jóvenes desempleados y sin futuro en Europa.

Usted ha sido enviado por el Corriere della Sera a París y a Bruselas después de los atentados terroristas. ¿Qué impresiones le dejaron esos viajes y cuál es su visión del futuro?

La pregunta es demasiado amplia y, quizá, yo no tengo una visión clara de lo que está sucediendo. Nunca tuve una gran imaginación sobre el futuro, tan sólo me dejo invadir por la mayor cantidad de preguntas posibles acerca del presente. Seguramente, estos ataques dentro del territorio europeo suscitan una sensación nueva, desestabilizante. Es como si estuviera terminando una gran ilusión, especialmente para alguien que, como yo, creció con la promesa de una Europa sin guerras. Me inquietan las consecuencias que estos eventos pueden tener en el imaginario de quien es más joven que yo y se halla todavía en plena formación. Temo que el en futuro se puedan dar pasos hacia atrás sobre todas las conquistas de civilización e integración que requirieron decenios de trabajo y de paciencia.

Volvamos a nuestra primera cuestión. ¿Por qué, más allá de su intento, realmente loable, en Italia es tan poco frecuente ocuparse del hoy, mientras que en Francia, el hoy es materia viva, pan cotidiano de pensadores, intelectuales y artistas?

Entre Francia e Italia hay una gran diferencia. Y como vivo entre los dos países, puedo intentar explicársela. En Francia, la idea de que una novela despierte un debate intelectual es una bandera que ellos defienden desde hace ya mucho tiempo. En Italia, esto no sucede. Pero, en realidad, no hay una distinción entre las novelas que ellos escriben y las que nosotros escribimos. Lo distinto es el sistema cultural. En Italia, temo que se haya perdido el tejido que unía las partes. Es como si todos trabajaran por cuenta propia: los editores publican libros y basta, los escritores componen sus libros en soledad y no son tenidos en cuenta, y la política desconoce por completo el debate cultural, que prácticamente no existe. Esta situación es en extremo dañina para nosotros, porque la ausencia de una "masa crítica" compacta nos impide ir al exterior y ser captados como un conjunto o como un sistema. Los franceses, en cambio, construyen permanentemente un nuevo caso para abrir una nueva discusión. Los políticos citan novelas y ensayos en sus discursos. En Italia, salvo la obra de Saviano, no conozco otro caso de resonancia similar. Es como si en Italia no tomáramos conciencia de que nuestra cultura sigue atrayendo muchísimo fuera de nuestras fronteras. Si yo mismo tuviera que explicar, estando en París, cuál es el actual movimiento cultural italiano, tendría dificultades para hacerlo.

Usted es piamontés, la tierra de uno de los escritores más amados en la Argentina, Cesare Pavese. ¿Cuál es su relación con el autor de La luna y las fogatas?

Me sorprende lo que me dice. Hoy en día son pocos los que leen a Pavese. Y por más que sea un escritor de mi lugar de origen, yo mismo, confieso, lo descubrí tarde, a los veintiséis años. Hoy se ha transformado en mi escritor italiano preferido. Comencé por El bello verano, que sigue siendo el libro al que estoy más ligado. Sobre todo al segundo cuento, "El diablo en las colinas", que tiene ese inicio extraordinario: "Éramos muy jóvenes".

Le hago la pregunta que ya le han hecho todos. ¿Cómo decidió abandonar su carrera de físico para abrazar el destino incierto del escritor? O más bien, ¿por qué abandonar una ciencia prestigiosa, como lo es hoy la física teórica, a favor de la literatura, su hermanastra maltratada?

Mientras estudiaba física, me apasionaba explorar los misterios de la materia. Ésa fue una experiencia maravillosa. Pero, cuando comencé a trabajar como investigador, sentí que la disciplina se había restringido a un ámbito de especialización tan estrecho que ya me interesaba menos. La escritura, en cambio, me ofrece, tocar todos los ámbitos de la realidad.

Por otro lado, la física y las letras han estado muchas veces de la mano en el mundo universitario. Me refiero al rol que ejercieron los estudiantes de ambas disciplinas en los reclamos políticos.

Sí, de todas las ciencias, la física y la matemática son las que más se sumaron a los núcleos contestatarios de las universidades en toda Europa. Y la razón es una: en ambos mundos, el de las ciencias y el de las letras, todavía circulan ideas en vez de doctrinas.

Pero esta doble formación, ¿no le ha dado la posibilidad de ver algunos fenómenos desde su más intrínseca materialidad?

Cuando fui a Afganistán para escribir El cuerpo humano, sentí el renacer potentísimo del cuerpo, de mi mismo cuerpo. Y allí, aprovechando esa sensación benéfica, en que la actividad mental, prioritaria en nuestras vidas intelectuales, estaba como adormecida o suspendida, me agarré de esta "conciencia del cuerpo". En ese estado comencé a escribir mi libro. El cuerpo tiene una conciencia autónoma, que a veces es mucho más reactiva y sagaz que la mente.

Es una de las últimas tendencias del psicoanálisis. En lugar de sumergirse, como Freud, en la memoria psíquica, habría que detenerse más en la memoria del cuerpo.

No lo sabía, pero seguramente mi libro se detiene en la memoria del cuerpo.

Ahora bien, aun habiéndose formado en el rigor del teorema, dos de sus libros, La soledad de los números primos o Como de la familia, se adentran en el terreno resbaloso de las emociones y los sentimientos, en la relación entre emoción y materia.

Es lo que me interesa más: la complejidad del ser humano.

Tengo la impresión de que su formación en física sigue imprimiendo un carácter particular a su tarea de escritor.

En estos días, en Turín, se está representando en el teatro una obra que escribí hace algunos años, un monólogo de Évariste Galois, un matemático francés rebelde, muerto en un duelo a los veintiún años. Retomar ese texto me devolvió las ganas de ocuparme otra vez de la relación entre matemática y escritura. Querría encontrar el tiempo y las energías para hacerlo de manera más orgánica. Y dar clases. Yo entendí que me gusta dar clases, lo poco que soy capaz de enseñar, y hallar en ese oficio las cosas para contar. Lo hice en los últimos meses y quiero seguir haciéndolo.

Biografía

Paolo Giordano nació en Turín en 1982. Es doctor en física y trabajó como investigador en física teórica. En 2008 su primera novela, La soledad de los números primos, le valió el Premio Strega. Es autor de El cuerpo humano y Como de la familia, y escribe regularmente en el Corriere della Sera.

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