Bosquejo de un secreto

Sobre La tensión de un umbral, de Eugenia Almeida
Emiliano Sued
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9 de agosto de 2015  

Ante las puertas de un bar céntrico, una mujer se planta frente a un hombre y le apunta con un arma. Pero cuando él gira y se aleja tranquilamente, ella cambia de blanco y se dispara en el pecho. Un periodista gráfico preguntará por las razones que motivaron el suicidio; un comisario contestará con intención de disuadir toda curiosidad: "Porque hay gente que no aguanta". Esa respuesta carga con un vacío gramatical; la ausencia de un objeto directo –lo que la gente como esa mujer no aguanta– enciende el motor de una búsqueda, la del periodista Martín Guyot, aquel que necesita entender para ponerse a salvo del vacío existencial que día a día lo interpela: "¿Qué valor tiene estar buscando sostenerse en lugar de, finalmente, dejarse caer?". Éste es el protagonista de La tensión del umbral, la última novela de Eugenia Almeida (Córdoba, 1972), un hombre que, como muchos policías, detectives y periodistas de la literatura policial norteamericana, es más terco que lúcido.

A Guyot le ha tocado presenciar "ese cuerpo con un ojo rojo mirando todo, ciego, incapaz de ver pero convertido en todo mostrar". Pronto su investigación empieza a correr por cuenta propia: nadie le ha pedido, y hasta le han prohibido, que averigüe quién era Julia Montenegro y las razones que la llevaron a dispararse una bala en el pecho. Avanza a tientas, sin advertir que al final de la intriga que se ha propuesto descifrar una fuente de poder y violencia reacciona ante cada uno de sus pasos. A favor de su indagación, aparecen personajes muy dispuestos a colaborar, a hablar de Julia y a razonar sobre su vida y su muerte. La principal interlocutora de Guyot será la psicoanalista retirada Vera Ostots, una voz que responde al otro lado de la mesa de un bar, siempre lúcida y sentenciosa. Acaso de manera inverosímil, el poderoso criminal al que se enfrentan, al mismo tiempo que manda matar sin pensarlo dos veces, ocasionalmente se apiada o cede a la tentación de hacer el bien.

Buena parte de la prosa de La tensión del umbral tiene una sintaxis y un ritmo poéticos. Hay una perseverante búsqueda estética que deriva en una retórica audaz, por momentos demasiado visible. Los capítulos se suceden como escenas cinematográficas, con un narrador omnisciente que interviene e informa poco; que se retira y deja al lector a solas con los personajes. La novela de Almeida bosqueja el secreto mundo criminal originado en las fuerzas de seguridad de los años setenta, que luego de décadas de sangre y negocios mafiosos, aún puede hacer sonar su pólvora.

LA TENSIÓN DEL UMBRAL

Por Eugenia Almeida

Edhasa

304 páginas

$ 245

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